La Guarida de los Lemures

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 Sentimientos

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Mensajes : 12
Fecha de inscripción : 10/11/2015

MensajeTema: Sentimientos   Sáb Nov 21, 2015 3:42 pm

Siente todos lo capítulos de Aguila Roja narrados por la maravillosa pluma de nuestra forera Mari Carmen study


Última edición por Admin el Mar Dic 08, 2015 8:00 pm, editado 2 veces
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Mari carmen

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Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Lun Dic 07, 2015 8:11 pm

Sentimientos...

Hola  Very Happy Voy a ir dejando la visión de los capítulos de todas las temporadas emitidas hasta ahora... Fue una idea de Marig y se le llamó A Solas. Se comenzó en la quinta temporada, luego, en los tiempos de sequía de la serie, lo hicimos con las temporadas anteriores, en este caso, no se dejó la visión de todos ellos, sino que sólo se escogieron varios de cada una de ellas. Cada relatillo va acompañado de su ilustración, luego, los iré pasando al hilo de FanArt, para que lo veáis en tamaño real, o casi...
Comienzo con la primera temporada...



Capít.1 Muerte... desolación... El comienzo...

Con cuidado se aparta de Alonso, no quiere despertarlo. El llanto lo ha dejado extenuado y le ha traído el sueño, sin embargo a él, no le invade ese sueño para siquiera un instante, olvidar el dolor que lleva dentro. Se levanta, se inclina depositando un beso en la frente de su pequeño. Las lágrimas y la congoja salen con él de la habitación de su hijo, Cierra la puerta con sigilo. Mira a su alrededor, nunca la casa le vino tan grande como en aquel momento. Dirige sus ojos a su alcoba... a la alcoba que compartía con ella, con su esposa... con su ángel... Sus pasos los llevan hasta la puerta, su mano temblorosa pulsa la manilla abriendo la hoja de madera... Es noche fría pero no nieva, la tenue y triste luz de la luna entra por la vidriera. Se ahoga al ver la cama intacta, no es capaz de acostarse... sino está ella...

No es capaz de comprender por qué Cristina no está junto a él... No es capaz de comprender tantas cosas... Sólo se pregunta ¿Por qué? ¿Por qué ella?... Sólo da dos pasos, y toma de la silla una blusa de su querida esposa. La acaricia entre sus dedos, se la lleva al rostro aspirando el aroma de ella, los sollozos lo sacuden. Se la aparta por un momento y recorre con su mirada la estancia vacía por la falta de su amada, no quiere quedarse allí, en la alcoba... Aquella noche no... por qué no está ella...

Cierra la puerta y con pasos vacilantes va hacia la chimenea, la luz que desprende el fuego del hogar es lo único que alumbra y dar calor al frío que llena su espíritu. Se detiene ante al alfabeto, las lágrimas se deslizan por su rostro... Siente en él, la risa de su esposa, su alegría de la noche anterior... sus caricias... sus besos... todo, antes de la agonía... antes que apareciera la muerte fría... Una de sus manos acaricia el abecedario lleno de colorido... Se detiene ante la palabra “Amor”... Extrae la pieza y se deja caer en el suelo... Con ella, y la blusa apretándolos contra su pecho deja salir todo su desconsuelo...

Sólo hace unas horas que han vuelto del cementerio, sólo unas horas que depositaron en una fosa, su tan dañado cuerpo.

Los recuerdos vienen a su mente. La ve cuando sólo era una niña, tan risueña... tan amiga de sus amigos... algo, tímida ante él... No puede dejar de pensar y sentir el cariño que se tienen las dos hermanas... sus travesuras... la complicidad de las dos... Al llegar aquí, siente que se ahoga, que se asfixia... Recuerda su vuelta a la Villa y su desamparo ante lo que se encuentra. Sus cuidados, sus palabras alentándole a mirar adelante, su intento de explicarle como fueron las cosas y él, no queriendo saber. Descubre que ya dejó de ser una niña, que se ha convertido en una hermosa mujer. La echa en falta cuando no la tiene delante... cuando no escucha su voz... La ilusión se alberga dentro de su corazón... Le habla de sus sentimientos, sabe que ella siente lo mismo por él... le cuesta trabajo que lo acepte. Le envía cartas... Cuando se encuentran, ella le sonríe... “Está visto que no desistes”... Siente una inmensa felicidad cuando ella por fin, le otorga el sí.

Rompe en sollozos al recordar todo aquello. Ya no la tiene, ya no tiene a su sosiego... a quien consolaba su alma de fantasmas y miedos... ¡La había amado tanto!... pero nunca fue suficiente el tiempo para amarla libre de aquel rencor que le quema por dentro. Se siente desnudo sin ella, necesita el abrigo de sus brazos... el calor de su cuerpo... Ella paliaba el frío de su alma de tantos desasosiegos... Vuelve a verla sobre la nieve... la siente en sus brazos moribunda... ¡Cómo se han ensañado con ella!... percibe que los ojos de su esposa ya no tienen vida... Su corazón muere a la misma vez que el de su amada Cristina...

Gonzalo se hunde... Sigue en el suelo, apoya la cabeza sobre el alfabeto... Grita lleno de dolor... de desolación... ¡¿Quién es el culpable de su muerte?!... ¡¿Quién o quiénes sois, los causantes que me dejasteis huérfano de esposa y a mí hijo, huérfano de madre?!... ¡Juro por mi nombre, que os haré pagar por tanto daño y desmanes!...

Pasan los días... Por parte de la Autoridad no tiene respuestas. Una idea fija martillea su mente... Se hizo una promesa, piensa cumplirla aunque en ello le vaya la vida. Lo habla con Agustín, tiene su negativa, pero ante el odio que ve en sus ojos, le pone en las manos la justicia que tanto ansía...

Tiene el lugar y no duda en transformarlo... Días duros de trabajo, buscando el momento, llenando sus noches de continuos desvelos... Nada de lo que hace, Alonso debe apreciar... nada el niño debe notar... Días, donde hay momentos en que se viene abajo, donde su corazón se rompe de tanta aflicción... Días en que es tan grande su dolor, que se olvida del de su hijo... Días, donde las campanas de la iglesia les recuerdan que tiene que abrir una escuela... Días de desencuentro con Alonso ante las cartas que le escribe a su tía... Él no la quiere cerca, no la quiere con él... es la causante de los fantasmas y los miedos que nunca pudo vencer...

Han pasado tres meses de la muerte de Cristina... El mes de Marzo se deja ver... Después de varias semanas de ardua tarea, recorre con sus ojos toda la estancia. Todo está preparado para su venganza... Toda la enseñanza que se trajo de Oriente está ante sus ojos, ella le servirá para impartir la justicia, para no dejar impune la muerte de su esposa... de su mujer... de su amada Cristina. En aquel lugar, él dejará de ser el maestro para transformarse en el guerrero... ¡Será implacable!... Aquella noche será la primera de muchas... Sube por la escalera hasta el tejado.  Un aire frío hace revolotear su capa, no percibe en su cuerpo la gelidez ni el sonido del viento... Su corazón palpita con fuerza...

Ha llegado el momento, es el principio de su cometido... de su venganza... de su promesa... Él no lo sabe, pero algo más lleva con todo eso... es el comienzo... ¡El comienzo de la leyenda!..



Capít.10
 Perdón y olvido...

Ha subido al tejado y se sienta sobre la cubierta. Alza su mirada al firmamento, aquella noche, las estrellas esparcen su fulgor por un cielo libre de tormenta. Busca con su mirada la estrella de más resplandor, la que más destella. Ella con su centelleo le agradece lo que ha hecho, fue mucho el tiempo que su corazón anheló que él, se quedara libre de tanto pesar... de tanto odio como minaba su alma...

A los ojos de Gonzalo afloran las lágrimas... Se pasa las manos por el rostro bajando la mirada... Piensa en ella, en su cuñada... “Mi cuñada”... Le suena extraño llamarla así... siempre le sonó extraño... Sólo hace unas semanas que volvió a la Villa, recuerda en la forma que la trató, cómo la echó de la casa el primer día que llegó, no sintió compasión ninguna, no podía tenerla...

Durante casi diez años la culpó de todo... Ni siquiera, el recuerdo de su niñez juntos... Aquel primer encuentro y el regalo por parte de ella, el colgante... el cariño que fue creciendo entre ellos... su adolescencia... sus miradas... la promesa de amor... el primer beso que le robó con apenas once años... Nada de eso, tuvo fuerza suficiente para evitar que el resentimiento se albergara en su corazón olvidando todo aquel sentir...

Sin embargo aquella noche, la paz inunda su espíritu... Se ha liberado de ese peso que llevaba dentro de él al redimirla a ella de tantas culpas... Ha podido perdonar y puede olvidar...

“Fuiste igual que un castigo, inundando mi alma de aflicción... no tuve compasión de ti, ni siquiera por Alonso lo iba a consentir... No te quería en la casa... ¡no te quería junto a mí!... ni siquiera los reproches de mi hijo, me hicieron desistir... Pero el destino puede más que nosotros, es el que nos rige... Él hizo que volvieras a ella, para traerme entre tus brazos a mi hijo enfermo y a mí pesar, verte junto a su cabecera... Me rendí ante la evidencia, mi hijo te necesitaba... por Alonso lo que fuera, me tragaría mi orgullo y aguantaría lo que viniera...

Tu presencia en la casa la fui sobrellevando... No era fácil tenerte aquí, porque no es fácil entender que como embozado podía aceptar y comprender ciertas cosas, y como tu cuñado no lo podía hacer... No es nada fácil ver ante mí tanta hermosura, y no dejarme llevar para con mis ojos observarte aunque fuera de soslayo pero lleno de amargura... No es fácil, no lo es...

Lo intenté... Por más que lo intente, entre tú y yo, sólo hubo desencuentros... De ti nada quería oír, de ti nada quería saber... Ante una recriminación por mi parte, decidiste dejar la casa... Por Alonso, te pedí perdón y por él, te pedí que volvieras a ella... De alguna manera tus palabras se me clavaron en el alma... “Yo puedo perdonarte... pero... ¿Y tú, puedes perdonarme a mí?”... No, no podía hacerlo... y como me dijiste, ahí estaba el problema... No era fácil perdonar... ¡Era mucho el daño que me vino de ti!

Decidiste poner fin tu estancia en la Villa... Escuché a mi conciencia... escuché a quien tanto me aconseja... “Amo... no puede hacer que todo eso, caiga sobre ella... que una familia sin una mujer es un jardín sin flores... ¡Vaya en busca de ella!”...

Luché contra mis sentimientos... Por un lado, esos rencores que guardaba del pasado, por otro, el deseo de volver a escuchar la risa de una mujer en esta silenciosa y fría casa... Quizá, es la necesidad imperiosa de volver a escucharla de ti... de oírla salir de tus labios, ella me quitaría la desazón que tanto embarga mi alma... Algo me gritaba dentro... ¡que no te dejara marchar!... ¡que necesitaba de ti, más de lo que yo pudiera pensar!...

¡¿Quién soy yo, para ser tu juez y verdugo?!... ¡¿Quién soy yo para alejarte y mantenerte en el olvido?!... Sólo soy un hombre maltrecho y ya es tiempo de ir cerrando heridas...  más eso no podrá ser, si no te quedas junto a Alonso y también junto conmigo... Puedo perdonar y olvidar para dejar los rencores atrás... Para sin resentimientos, dejar envolverme en lo bueno que me traiga la vida... Para si un día, el tiempo mí dolor palia y las promesas quedan cumplidas... volver a sentir, anhelar... querer... amar como antaño, y recuperar ilusiones perdidas...

Sé que un día lo he de lograr... porque puedo perdonar y olvidar...



Capít.12  Desconcierto... frustración...

Ella...

Lloro mi desengaño, lloro mi desconcierto, lloro mi vergüenza ante tu no consumado beso... ¿Qué confusión me ha llevado a decirte con la mirada lo que de ti tanto deseo?

Sentí tus manos en mí, tomando mi rostro... sentí tus labios en los míos y creí de gozo volverme loca... La frialdad que me envolvía se convirtió en fuego que me encandiló toda, sentí que mi cuerpo enardecía por las caricias de tu boca en mi boca...

Esas caricias, ese beso, duró lo que no perdura en exhalar un suspiro... Con...“esto no puede ser”... aislaste tus labios de los míos...

¡¿Por qué no te negaste a esta locura desde un principio?! ¡¿Por qué te entregaste a mi mirada llena de amor y deseos?! ¡¿Por qué dejaste de nuevo mi cuerpo frío por falta de amor y tantos anhelos? ¿Por qué vino ella a tu mente para desistir y no culminar ese tan ansiado beso?

Mi corazón vuelve a llenarse de desesperanzas... Siento... quiero... deseo... ¡sentirme amada!
Ya no soy la niña, la chiquilla que dejaste atrás a tu marcha... ¡Soy una mujer!... una mujer que más que nunca de ti, ¡sigue enamorada!

¡No me confundas con tu mirada! Con ella... me turbas... me desconciertas... me inquietas...
Siente... piensas... meditas, antes de decir... “¡Haz lo que sientas!”


El...


Siento mi desespero... siento tu desconsuelo... tu frustración... Sé que nada de lo que diga podrá paliar en estos momentos tu corazón maltrecho...

Siento aún el calor de tus labios... Siento en mí, tu cálido aliento...Me envolví en una nube de desenfrenados deseos... sucumbí ante los tuyos y mis propios anhelos... Cómo hubiera querido a través de ese beso... ¡perderme dentro de tu hermoso y codiciado cuerpo!

Perderme en la profundidad de tus ojos negros... ¡Emborracharme con el aroma de tu cabello! Seguir bebiendo de tus labios para saciar la sed causada por... ¡tantos y amargos momentos!

Me aparté de ti... Sentí en mí tu desconcierto... Su imagen, su presencia siempre vendrá a mi mente para recordarme... ¡Qué aún no es tiempo! Que las promesas no están cumplidas para darme entero a ti... ¡y libre de todo tormento!

Aún no es tiempo para amarte sin reservas... ¡Aún no es tiempo para amar tu cuerpo lleno de desvelos! Aún no es tiempo para que con tu entrega, calientes mi tan frío lecho... Aún no es... aunque yo por ti... ¡me muera por dentro!

Habrá un momento para el amor... Más aún... ¡no es tiempo!




Capít.13  Fatalidad...

No han sido horas fáciles las que ha vivido... nada ha sido fácil... Para él, todo ha estado rodeado de la fatalidad... Ha vuelto a enfundarse en su ropa de guerrero, decide subir al tejado, se asfixia dentro de la casa... Se deja caer sobre las tejas como si una gran loza le oprimiera... Siente aún en su mano, la tibieza de su piel, la de su hermoso rostro, es lo único que ha podido llevarse de ella...

Su mente vuelve a unas horas atrás, tan sólo un día atrás... cuando sin saber cómo, consigue salir de las mazmorras de los setecientos pasillos con aquella herida en el hombro... No sabe cómo pudo llegar a la casa, solo recuerda que se sume en un pozo negro y sin fondo... Su cuerpo sin fuerza va cayendo en él, se siente muerto... sabe que su fin se acerca, ya nada siente...

No se resiste, se deja llevar, sin embargo hay algo que se lo impide.... Oye murmullos... voces... De todas, destaca una, una dulce voz que reconocería entre mil... Le grita, pronuncia su nombre... Su cuerpo va deteniendo su caída, ya las sombras no lo envuelve, vislumbra una luz... Sus ojos buscan ese fulgor... lo encuentra, destella en los ojos de ella... Esa hermosa luz en sus pupilas le devuelve a la vida y él, en ese momento, quiere vivir... más que nunca por ella... ¡quiere vivir!

Hace un alto en sus pensamientos para pasarse con desespero sus manos por su rostro desembozado y lleno de llanto... Suspira profundamente para de nuevo sumergirse en ellos... en sus pensamientos, evocando esa fatalidad que lo persigue...

Lo cita en la antigua iglesia de San Damián... Hace acto de presencia... Lo observa llegar y avanzar por el lúgubre templo... El silencio del lugar sólo lo interrumpe el revoleteo de una paloma... Se deja caer desde su altura y sus ojos se encuentran... No hace falta cruzar palabras, el odio que siente el uno por el otro habla por ellos... Sin apartar sus ojos de él, el Comisario desenvaina su espada a la misma vez que se despoja de sombrero y capa... La lucha a muerte no se hace esperar... Es eso... una lucha a muerte y de la cual, tan sólo puede haber un vencedor...

El ruido del acero es lo único que se escucha en aquella fría y silenciosa iglesia... Tanto uno como el otro es el atacante como el atacado... El brazo herido dificulta sus movimientos... No tarda en verse desarmado, por un momento se siente a merced de la furia del Comisario... Reacciona, y con su cuerpo lucha lo que con la katana no puede hacer... Está loco de rabia...  ¡Loco de furia!... Su puño y piernas sólo son sus armas... Ni siquiera el dolor que siente en el brazo hace que desista... No le da oportunidad de defenderse... ¡no puede dársela!... Con un fuerte impulso de su pierna derecha, le asesta un golpe logrando dejarlo fuera de combate... Se baja el embozo respirando aceleradamente... Fue donde quedó la katana, se inclina tomando entre su mano la empuñadura de ella... Se vuelve jadeante hacia el cuerpo inconsciente de quien fue el causante de tanto desatino... el asesino de su esposa... de Cristina...

Sin titubear, levanta el brazo con la katana en su mano dispuesta a hundirla en su cuerpo... Su mano está a punto de bajar... Una voz  con... “No... no lo hagas, te arrepentirás toda tu vida”... hace detenerse... Es Agustín... Se vuelve con el arma en alto... Le grita... “¡Él fue quién mató a mi mujer!”... Para su confusión y desespero escucha unas palabras que no hubiera querido oír... “Él es tu hermano”...

Imágenes que hasta ese momento desconocía viene a su mente... Todo lo ve muy lejano... confuso... Una mujer... quizá su madre, yace en un camastro manchada de sangre... Tiene que ser muy pequeño y llora... Está acompañando de otro niño algo mayor y del cual, no quiere separarse... Su mente sigue haciéndole vivir momentos que para él, no habían existido... Pero ese niño sigue ahí, y algo le dice que es su hermano... que ese niño es su hermano...

Un hermano que tiene delante de él, en aquel momento, a los pies de él, inconsciente y al cual ha estado a punto de matar... Agustín espera algo de él, quizá muchas preguntas... pero en aquel instante nada puede preguntar, sólo quiere salir de allí...

Quiere huir y así lo hace... Galopa, vaga sin sentido por el bosque... por el lago... intentando comprender lo incompresible... Intentando comprender por qué la vida, la fatalidad juega con él de aquella manera tan cruel... La tarde está cayendo cuando parte de las sombras y el sosiego lo abrazan calmado su dolor, su incredulidad ante lo acaecido...

Su venganza... su promesa queda zanjada en ese momento... No ha podido cumplirla con el asesino material de la muerte de su esposa, pero la conspiración que la ha llevado a la muerte, ha quedado descubierta y todos aquellos culpables están siendo ejecutados... de alguna manera se ha hecho justicia con la muerte de Cristina... No quiera pensar en lo que ha dejado en la iglesia... Al día siguiente será Agustín quien contestará a todas sus preguntas ante tanto desconcierto... pero en aquel instante, ya puede descansar en paz y sentirse libre de cadenas para acercarse a ella... para decirle todo lo que siente... Todo lo que dentro de él sin saberlo, guardaba para ella... Ya es tiempo para ello...

La observa tan hermosa junto a la lumbre, como en su sueño... Ella percibe su presencia, se vuelve con una sonrisa... De sus labios un... “Hola”... De los suyos, el mismo cumplido... Ella se levanta, se queda confundida mirándolo... “Qué bien que estés aquí”... es lo que él, con una sonrisa le puede decir... Se acerca más a ella... “Margarita, necesitaba hablar contigo”.... mientras de sus labios salen estas palabras, le ofrece su mano, ella cohibida se la entrega... Él, con amor, se la estrecha... Ella nada comprende pero se adelanta a él... “Yo también necesito decirte algo”... La mirada de Gonzalo pregunta... La respuesta de ella no se hace esperar... “Qué me voy a casar con Juan”...

Siente que su alma se le parte en dos, es como una puñalada... es lo último que hubiera deseado escuchar... Con suavidad, ella se desprende de su mano  y desvía su mirar... A pesar del dolor... ¡Siente la necesidad de tocarla!... Acaricia su mejilla, percibe la suavidad y la tibieza de su piel... Siente una gran congoja al rozarla... De ella, es a lo único que podrá acceder...  Sólo puede decir... “Me alegro por ti”... Se retira de la vera de ella... Su dulce voz lo retiene haciendo que se vuelva... “¡Gonzalo!... ¿Estás bien?”... La repuesta de él... “Si”... Sale de la estancia para cobijarse en su alcoba y de allí, a la guarida para buscar refugio a tanta amargura... a tanta fatalidad que no cesa de ponerle la vida...

En aquel momento, en el tejado deja escapar su desconsuelo... “Ya era tiempo... pero he llegado demasiado tarde... Ha sido mucho el tiempo de espera... sólo me queda amarla en silencio... ¡¿Por qué no luchar por ella?!... Porque ella ha escogido y no seré yo, quien la retenga a hacer lo que quiera... Vuelvo a dejar de ser libre... no por cumplir una promesa... Ahora sigo encadenado...  ¡pero por amor a ella!...

El estruendo de un disparo rompe el silencio de la noche y sus pensamientos... Se sobresalta a escucharlo, de un salto se incorpora... Su capa revolotea al viento... Su corazón late aceleradamente... Alguien está en peligro... La Villa lo necesita y no duda en correr por sus tejados...

La fatalidad se impone, no cesa... precede sus pasos... No deja, de ser su compañera.
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eagle

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Mar Dic 08, 2015 6:21 pm

Espectacular Mari Carmen! Me has traido esos momentos que me engancharon en la serie de aquella temporada tan fantástica.!!!


El momento en el que descubre que el comisario es su hermano!!
Y la puñalada trapera porque se va a casar Marga con Juan!


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chiribitas

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Miér Dic 09, 2015 11:39 am

Muy bonito, Mari Carmen, opino lo mismo que Eagle surprise mfr_omg

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Este Jamie no se mueve, pero, ¡cómo me mira...! blush-anim-cl
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Miér Dic 09, 2015 8:19 pm

Gracias Eagle, Chiribitas Very Happy Very Happy Las primera temporadas fueron maravillosas... para mí, la serie fue decayendo al final de la cuarta... No sé que nos deparará la novena, pero mucho tiene que cambiar las cosas para que nos den todo lo que se ha quedado en el camino, y es el origen de la serie y la esencia de ella... Bueno, es una opinión particular y mi punto de vista... Sigo con los relatillos

Segunda temporada.



Capítulo 15... Sentir... bailar... soñar...

Se siente azorada, no puede dormir. Se incorpora sentándose en la cama, se pasa la mano por el frondoso cabello echándoselo para atrás. Suspira profundamente. Encoge sus rodillas y se abraza a sus piernas a través de las sábanas blancas apoyando su cabeza en ellas. Al día siguiente, será su presentación ante la nobleza de la Villa de Madrid... un mundo al que no pertenece, su mundo, es aquel, el que la rodea... su casa, donde se encuentra, donde sólo hay cosas sencillas... donde no va vestida de cristales... donde no hay que guardar tantos modales... Cierra los ojos, sabe que ya no hay vuelta atrás pero no deja de pensar... no deja de sentir... no deja de bailar...

Se siente avergonzada de que con la escoba bailando, él la descubriera De nuevo escucha su dulce voz... “No es tan difícil... sólo tienes que escuchar la música y dejarte llevar”... Sin dejar de mirarla, de sus manos se la quita e inclinándose muy cortés... “¿Me concede este baile señorita?”... Le ofrece su mano con una sonrisa, ella, cohibida se la entrega... Aún siente el calor de sus manos en ella... Aún siente su mirada...

Según va recordando siente una gran opresión en su pecho... Aparta las ropas de la cama y se levanta, sólo la tenue luz de una vela la acompaña. Pasea por la pequeña habitación... No deja de pensar... no deja de sentir... no deja de bailar...

Entrelaza su mano, y ella sigue el paso que él marca con su esbelto cuerpo... Por parte de ella, la torpeza de no saber... De los labios de él... “No pasa nada”... de ellos, la sonrisa a través...

En aquel momento, en la soledad de su habitación vuelve a vivir ese momento... vuelve a sentir su mirada... vuelve a sentir su mano en su cintura... vuelve a sentir su cuerpo de hombre pegado al de ella... Cierra los ojos y balancea su cuerpo como si él la llevara por ese mundo de ensueño...

Me miras, te miro... me dejo llevar...
¿Donde aprendiste a bailar así?... no puedo dejar de preguntar...
“Hay muchas cosas que no sabes de mí”... Es tu respuesta sin dejar de sonreír...

Me llevas a tu ritmo, me siento turbada...
Bajo mi mirada al sentir tus ojos en mí.
No dudas en tomar mi barbilla...
De nuevo te miro y perdiéndome en ellos... me quisiera morir...

Los latidos de tu corazón para mis oídos son música...
La escucho, la siento... descanso mi rostro sobre tu pecho.
Cierro los ojos... la música me transporta... me lleva...
... a un mundo de magia... a un mundo de sueños...

Quiero seguir escuchando esta melodía,
¡Quiero sentirme entre tus brazos!
Quiero seguir sintiéndote tan cerca de mí...
Quiero sentir tu respiración acompasada...
y quisiera que tú, tuvieras mi mismo sentir...

Te miro, me miras... ¿qué veo en tu mirar?
¿Qué veo que no quiero volver a la realidad?
Un mundo que no es el mío, mañana me espera...
un hombre al que quiero y no amo como esposa me desea...

¡Ay cuánta pena es  la mía!... casarme con quien debo...
y no hacerlo... ¡con el que amo y quiero!

¡No quiero que termines este baile!
¡No quiero dejar de soñar!
Siento que me envuelves en tu cuerpo...
que me amas y te amo, que me tienes y te tengo...
que bebemos de nuestros labios... y calmamos la sed por tantos anhelos...

No ceses esta danza... ¡no me dejes sin sentir!
Que no se esfumen mis sueños... ¡No me dejes sin ti


La música deja de sonar, su corazón se estremece, sus pies desnudos se detiene, abre los ojos... La tenue claridad que entra por la ventana le dice que un nuevo día ha amanecido, que la magia ya no existe... la noche de ensueño quedó atrás... Recuerda sus últimas palabras... “Si mañana te comportas como tú eres... todo irá muy bien”... y la mañana ha llegado... Presente se hace la realidad,  pero ella...

... no deja de pensar, sentir... bailar... y por su mirar, nunca dejará de soñar...




Capítulo 17  Eres tú...

Ya está en casa, en su casa y descansa en su cama. Todavía siente su corazón sobrecogido y a la misma vez lleno de alegría ante el rescate de Águila... Nunca sabe, quizá nunca lo sepa, por qué el embozado siempre de ella vela.  Cobijada entre las cálidas sábanas, siente aún sus ojos puestos en ella, al enfilar la calle, su calle, su barrio... No importa el cansancio... Sus ojos mirándola con sorpresa, incrédulos pero llenos de belleza, la reconforta a seguir, a llegar junto a él, junto a los demás...

Sus ojos, al igual que en ese momento le dieron vida en su cautiverio... En ese tiempo, en su mente un solo pensamiento, él, siempre él... Su corazón se le partía de saber, que lejos la llevaban y ya no lo volvería a ver... Ya no volvería a ver el rostro amado... pero sus ojos siempre estaban presentes para darle fuerza, para con su mirada decirle que no decayera, que volvería a casa... junto a los suyos... junto a él...

Fueron sus ojos, los que le dieron fuerza para iniciar un baile al que no estaba dispuesta a complacer para quien era el enviado... Vive aquel momento angustiada... pero a la misma vez desconcertada...

"Mi cuerpo no responde, siento las miradas en mí, no sé como danzar... el miedo atenaza mi cuerpo... Su mirada profunda y oscura espera... Siento recorrer un escalofrío dentro de mí... Con éste baile se me va la libertar... ¿Cómo hacer que mi cuerpo dance?... Sé que todos esperan... Me resisto a ello... ¡No puedo hacerlo!... Mis ojos se encuentran con los suyos, la lascivia veo en ellos, aún no he comenzado a danzar y su mirada quiere a mi cuerpo desnudar... Mi corazón late aceleradamente...

Ya no son sus ojos los que veo, son los tuyos que me animan, que me dicen que puedo hacerlo... qué eres tú, y no él, quién traspasa mis vestiduras y con ellos, acaricias mi cuerpo... Sin perderme de tu rostro, inicio la danza...

Muevo mi talle al compás del laúd... Su música y tus ojos, me acompañan... Ellos me llevan acompasadamente y tu mirada no se pierde de mí... Por un momento siento que sola contigo estoy... Eres tú, y es para ti, para quién danzo, para quien con mis brazos en altos como alas de paloma al viento, volar hacia ti y decirte todo lo que te quiero, añoro... ¡y siento!

Danzo, para sentir tus delicadas manos rozar el contorno de mis caderas y hacer que enardezca de fuego abrazador mi alma entera... Sigo moviéndome al ritmo del laúd... al de tus ojos... Cadera, vientre... Mis senos oscilan con el cimbrear sintiendo que se pronuncian con tan sólo tú mirar... Eres tú, con tu mirada que enamora quien me despoja mi corazón de tanta zozobra... Eres tú por quien perdería la libertar... eres tú, por quien me entrego, a quién dejo que tus pupilas recorra en un beso mi cuerpo entero...

Veo desvanecerte, ya apenas veo tu rostro, tus ojos... ¡Ya no eres tú!... y con ello, vuelvo a sobrecogerme... Ya no hay fuego en mí, sino frío en mi alma por tanto sufrir... No tardará en terminar esta danza... Con ello, dejaré la libertar y de tu mirada lejos me llevarán,  mas nadie sabe... ¡que ya soy esclava por mí voluntad!... Esclava sólo de ti, antes de serlo de cualquier Sultán...

Eres tú, mi único amo y señor...

Cautiva de tu mirada siempre he de ser... aunque frustrado sea mi querer..."




Capítulo 26-27... La vuelta...

No hace mucho que ha llegado y no ha hecho el intento de cambiarse de ropa. Sentada en la cama, su mirada la tiene perdida. Doce toques llegan hasta ella, las doce de la noche ya... Un gran apretamiento le atenaza la garganta, los tañidos de las campanas le dicen que tocan a muerto... es noche de eso... Siente un escalofrío recorrer su cuerpo. Gonzalo acaba de salir de la habitación. Él y Sátur han regresado un poco más tarde, aunque pregunta no logra saber la causa, Gonzalo parece que evita hablarlo con un... “No tiene importancia”...

Ha subido a saber cómo se encuentra y a hacer que tome un vaso de leche... Pero ella no puede tomar nada... Es imposible hacer que por su garganta pase algo... Él no insiste pero sus ojos no los pierde de ella. Se siente turbada, él lo percibe, entonces decide marchar de la habitación no sin antes decirle...

- Ahora ya no hay nada que te impida ser feliz con Juan... – al decirlo, él mismo siente que la pena le sube a la garganta.

Se dirige a la puerta cuando escucha el eco de su voz - Gracias Gonzalo... gracias por todo...
Gonzalo se la queda mirando fijamente con emoción controlada – No me la tienes que dar... sabes que todo lo que te concierne, me importa...

Diciendo esto, sale de la habitación cerrando la puerta. El verlo salir hace que la invada una gran congoja, hubiera querido retenerlo y hablarle del pesar que en aquel momento la ahoga, pero... ¿Cómo poder soportar su mirada?... Aquella mirada que tanto la confunde... qué tanto, mucho o nada puede decirle... Se deja caer de nuevo en la cama cubriéndose el rostro entre las manos... Cuatro días han pasado desde aquella mañana que vistió de negro luto... Ya la esperanza la había perdido por completo, ya no volvería a ver vivo a Juan, tan sólo muerto si le traían su cuerpo... Dolía saber que no volvería, que el hombre que decía amarla y deseaba hacerla su esposa, ya no volvería a ella... ¡Cuánto infortunio!... Aunque no lo amaba, lo quería y ella hubiera podido ser una buena esposa... Una esposa, que quizá con el tiempo lo hubiera correspondido como él se merecía... Ella quería ser feliz... quería sentirse amada... ¿Era tanto lo que pedía?...

Cuando los primeros soldados, la mayoría maltrechos por las heridas se hacen ver por el barrio, su angustia va en aumento... Pregunta a unos y a otros con el corazón roto... Ya no hay lugar para la esperanza... No había lugar para la ilusión... Se derrumba en brazos de quien se los abre para arroparla... Siente su calor... su ánimo... siente su aflicción como la de ella misma. Apenas tiene fuerzas, pero él, con sus poderosos brazos la rodea para que no caiga y ella, refugiada en su pecho, deja escapar su llanto, su dolor, su desengaño...

No sabe cuánto tiempo está entre aquellos brazos que tan amante la aprieta contra su cuerpo, sólo cuando siente que él afloja su presión se retira... De él, nada escucha, sólo su silencio es patente... Algo le dice que debe volverse... Sin terminar de soltarse de las manos que la sujetan así lo hace... No puede creer lo que sus ojos arrasados por el llanto ven... Juan se encuentra frente a ella... ¡Está vivo!... Allí, a la altura de la iglesia lo ve caminar con dificultar hacia ella... Se desprende del calor de las manos que la sostienen y corre hacia él... ¡Vive!... el hombre que la hace sentirse amada... ¡Vive!... Se abraza a él con fuerza, con la alegría de verlo vivo, pero a la misma vez que siente el abrazo de él, algo se rompe dentro de ella... No quiere mirar hacia atrás... No quiere mirar a quien sólo hace un momento la ha tenido entre sus brazos para su consuelo... No sabe por qué, pero presiente que algo también se rompe dentro de él, de su cuñado... de Gonzalo... el hombre de sus sueños...

Margarita levanta el rostro anegado por el llanto suspirando profundamente. Su cabeza le duele de tanto pensar... de tanto recordar...

Todo resulta tan raro dentro de la alegría por la vuelta de Juan, pero se siente feliz al saber que nada le ha pasado, que ya ha vuelto de la guerra, pero la vida no deja de castigarla y sin siquiera sabe por qué... ¿Por qué la vida la castiga tan cruelmente?... Juan con su vuelta, con su regreso y sin saberlo, trae como compañero el pasado... un pasado que ya cree olvidado y de nuevo siente los golpes... los gritos... el huir de aquí para allá... El miedo se apodera de ella, todavía no se puede liberar...

Aún siente su propia angustia... la agonía de él... la suya...

“El azar, el destino te trajo de nuevo a mí cuando te creí muerto y con otro hombre me comprometí... Me decías que habías cambiado... “No me tengas miedo, no tengo nada del marido que fui”... qué amando me seguías... que era tu esposa y yo a ti me debía... ¡Cuánto desespero!... ¡Cuánto mí miedo!... Con tu vuelta, tres hombres en mi vida... Los tres me quitabais el sueño, pero sólo por uno... ¡mi vida entera yo daría!

Sabías que con Juan prometida yo estaba, pero por él, no iban tus malditos celos... ¡Esos celos que por años, hicieron de mi vida un infierno!... Por como miraba por mí, comprendiste quién era de mi corazón dueño... ¿Confiar en ti?... ¡no podía!... Tenía miedo por los dos... Por el que me ofrecía sosiego... ¡y por el causante de mis desvelos!... No quería volver al pasado... ¡Antes muerta que volver!... pero tenía temor por ellos y decidí marchar contigo... Por salvarles a ellos, mi vida junto a ti volvería a ser un eterno castigo...

¡Qué gran pesar!... Dejaba a quien amor me ofrecía y atrás quedaría el amor por quien mi alma tanto sentía... Mi sino era no ser feliz... Por ellos dos así debía ser... Me sacrificaría por quien me daba la paz y por el que me la quitaba sin saber... Por parte de los dos... ¡Cuánto lamento ante mi marcha!... Más para mí... ¡cuánta tortura amarga! dejaba mi corazón atrás del único hombre que amaba... ¡Cuánto sufrir al sentir su dulce abrazo!... Cuánto desconsuelo de saber que me iba de su vera, y en sus palabras llevaba la pena al decirme casi en un susurro... “Ojala la vida hubiera sido de otra manera”...

Más estaba que contigo no me fuera... Mal herido a mí te trajeron, te atacaron unos desalmados es lo que ellos me dijeron... Pedí que contigo me dejaran a solas, nunca hubiera deseado verte de esa forma... Llorar... sufrir, a mí alma así la sentí, a pesar de muchas cosas no quería ese final para ti... Me mirabas, tus ojos ya sin brillo buscaban los míos... Enjugué con un lienzo tu sufrimiento... Sabía que hablar tú querías... Para que no lo hicieras, te siseaba ya que tus labios el nombre de Gonzalo decías...

El llanto de mis ojos fluía... Mi mirada iba de ti a la causa de tu angustia que clavaba tu ensangrentado pecho... Pocas fuerzas es la que tenías más seguías pronunciando su nombre... Me ahogaba... ¡No quería saber!... ¡¿Para qué seguir con el tormento?!... Quizá lo que me querías decir ¡lo intuía!... Un beso puse en tu frente mientras mi mano se aferraba y apretaba... ¡el fin de tu agonía!

Entre lágrimas sólo supe decir... “No deberías haber vuelto Víctor... no deberías...”

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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Miér Dic 09, 2015 8:27 pm

Una preguntita... ¿Por qué al intentar de agrandar la fuente de letra al inicio del texto se me borra todo!!!????? Rolling Eyes Rolling Eyes Rolling Eyes
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chiribitas

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Jue Dic 10, 2015 1:53 pm

clap clap clapping clapping clapping clapping clapping Mari Carmen, y las fotos son una pasada también. Impresionante, guapa flowers2 groupwave kissing

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Este Jamie no se mueve, pero, ¡cómo me mira...! blush-anim-cl
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Vie Dic 11, 2015 9:13 pm

Gracias Chiribitas Very Happy kissing

Tercera temporada.



Capítulo 31... En ti, lo siento a él...

Es noche de frustración, noche de amarga vigilia la que envuelve su corazón... Habla con ella misma...

¡Qué ilusa he sido al creer que Gonzalo me ha besado!... Él duerme, duerme sin saber de mi desasosiego... de mi consternación... ¡Cuánto pesar el de esta noche!... Cuánto regocijo sintió mi alma ante esa carta, ante esas palabras hermosas... ante ese... “Te quiero...” Que poco duró mi alegría... mi gozo, ante lo que del hombre amado creí que me decía... Todo fue una quimera, una burla del destino... una burla cruel... Esa carta no iba escrita para mí... no era yo, a quien quería... Era para mi hermana y su amor siempre será, para su amada Cristina... ¡Cuánta desolación es la mía por creer lo que leía!... ¿Cómo enfrentar su mirada al devolverle la carta?... Ya la siento  en mí y me estremezco al pensar de mirarlo a la cara...

Es noche de infortunio... de incredulidad...

Ha vuelto a subir a tejado buscando de nuevo refugio a su inmensa soledad... a su pena, donde no hace mucho el enmascarado llorando la encontró... Vuelve a escuchar su dulce voz... Cierra los ojos... El embozado la reconforta como la desconcierta... Siente aún sobre sus labios, el calor dulce de su beso...


¿Por qué he creído que ha sido Gonzalo quien me ha besado?... ¿Qué magia es la que te rodea enmascarado que en ti, siento a mí cuñado?

Alza su profunda y triste mirada al firmamento. Aquella noche al igual que la blanca luna, las estrellas con su fulgor parece que resplandecen más que nunca... Habla con ellas... pregunta...

¿Cuál de vosotras es la que me guía, la que conduce mi vida... la que lleva mis pasos por un sendero lleno de torturas?... ¿Quién es la que no quiere dar un poco de luz a mí alma tan apagada y llena de amargura?

La angustia le sube a la garganta y a sus inmensos ojos afloran las lágrimas... Lágrimas de amor frustrado... lágrimas por lo que nunca podrá ser... lágrimas de haber sentido a Gonzalo a través del embrujo del embozado... Percibe un leve roce a su espalda... ¡Su corazón late con fuerza!... ¿Será él?... Se vuelve... Es noche de desilusión... En esta ocasión el enmascarado no se deja ver... Ha sido la brisa... una brisa que no le ha traído con su vuelo a él...

¡Daría lo que fuera porque volvieras esta misma noche al tejado!... para que de nuevo consolaras mi desesperanza y tristeza y de nuevo sentir tus labios... Esos labios que me han recordado a quien amo... pero no son sólo tus labios, eres todo tú...

¿Quién eres embozado?... ¡¿Quién eres que me recuerdas a mi amado?! ¿Quién eres?... que con un dulce beso, he sentido que él ha sido quien me lo ha robado... ¿Quién eres?... que cuando me abrazas, siento en mi alma el sosiego, el consuelo... que ya mis penas son menos y que son los que me acunan, los fuertes brazos de mi adorado maestro...

¿Quién eres embozado?... que cuando junto a ti estoy mi corazón late desbocado...
Que es un cántico el susurro de tu dulce voz, y es bálsamo para mi espíritu por desamor tan castigado... ¿Quién eres?... que siempre por mí velas, que me cuidas... me proteges...
que me escuchas, me aconsejas, como si de ti, alguien yo muy querido fuera...

¿Quién eres embozado?... que tu olor de hombre me enardeces, al pensar que es siempre Gonzalo quien me abraza, que mi alma así lo siente y mi cuerpo de gozo por él desfallece...

¿Qué magia es la que te envuelve?... ¿Qué enigma, que misterio es el que guardas embozado?... que con un beso que has puesto en mis labios, mi corazón palpita con amor desenfrenado...

¿Quién se esconde detrás de tu embozo?... ¿Quién eres que no me dejas vislumbrar tu mirada ni tu rostro?... ¿Quién eres?... que a aunque mi amor es para un solo hombre, mi esencia contigo ha volado cuando con tu beso, mi alma llena de dicha la has traspasado...

Dices que lo olvidaré enmascarado... ¡No sé si quiero olvidarlo!... más si así fuera... ¿Cómo olvidar si estás tú para recordármelo?

Quiero anhelar embozado... quiero pensar que tú, eres el hombre por quien lloro y a quién muchos suspiros llevo entregado... A quién dejo que me abraces pensando que eres mi amor soñado... Es mi alma quien lo grita... ¡y mi corazón de deseos desbordado!...

No dejes de posar tus alas en el tejado... ¡No dejes de consolar mi llanto! Siempre te esperaré con afán, aunque llena de sobresalto... para que te vuelvas a llevar de mí, algún que otro beso robado... Soñar que no has sido tú, quien con amor te lo has llevado y en mis labios, sentir el calor que en ellos has dejado...

En ti lo siento a él... ¿Quién eres embozado?





Capítulo 36 Tentación...

Se acerca a él... Comienza a abrocharle la camisa. Lo hace sin prisa... muy sutilmente. Él, se desconcierta y con cierta sorpresa... La mira... aprovecha para hacerle entender que no hay otra mujer pero ella lo interrumpe... No quiere hablar de ello... Según ella, cada uno tiene su vida y así debe ser... No la oye, sólo la observa, mira cada movimiento que hace con su hermoso rostro... con sus sensuales labios... con sus inmensos ojos... Siente el roce de sus menudos dedos que inconscientemente roza su abdomen... su pecho... su piel... Es imposible resistirse ante lo que su cuerpo siente al tenerla tan cerca... Es mucho la que la desea... Es mucho el ansia de abrazarla... el de besarla... el de acariciarla toda... Es mucho lo que en silencio la quiere... lo que la ama... Es una tentación, toda ella lo es... Se emborracha de ella al aspirar el aroma que desprende su negra y rizada cabellera...

Están solos... No puede ni lo quiere evitar, la tentación es más fuerte que él... Es como si algo muy grande lo impulsara a hacerlo, a no dejar pasar más el tiempo... Con su mano herida detiene las de la ella antes que sigan terminando de abotonar su camisa... Ni siquiera siente dolor ni malestar alguno... Busca sus ojos, los encuentra... Ella lo mira incrédula, sus labios titubean... Él toma el hermoso rostro con sus dos manos y se inclina... Sus labios rozan los de aquella preciosa mujer... La siente estremecerse pero no hace por apartarse de él... Para su sorpresa, ella le devuelve el roce con sus labios y una de sus manos, la introduce entre la abertura de la camisa acariciando su pecho desnudo... Una oleada de calor invade todo su ser de hombre... Ya no es un roce, sus labios se saborean mutuamente... poco a poco... para luego fundirse ambos en un frenético y prolongado beso... Sin dejar los labios de ella, la acerca aún más junto a la cama... Ninguno habla, los dos callan...

Por un momento deja sus labios para mirarla y preguntarle con los ojos... A través de los de ellas y brillantes como luceros, recibe el si... Ella misma, igual que comenzara a abrocharle la camisa, sin prisa, como si de un ritual se tratara y perdiéndose en su mirada le va desabotonando lo que anteriormente abrochó y liberándolo de ella, deja su torso varonil al desnudo sin ninguna prenda...

Siente en su piel las caricias de la mujer amada... Es mucho el calor que percibe su cuerpo al contacto de aquellas delicadas manos... Está ansioso de hacerla suya, de amarla como siempre lo anheló y nunca pudo ser... Con dedos ávidos le desata las cintas del corpiño dejando su cuerpo de mujer libre de ello... Bebiendo de su boca la tiende con delicadeza en aquel tálamo de amor... Le acaricia el cabello... Sus labios rozan y besa su delicado cuello... Percibe como se estremece al igual que él... Con mano temblorosa, igual que si fuera un chiquillo, le va subiendo la blusa deseoso de acariciar aquellos senos que se pronuncian bajo la prenda femenina... Se enardece más aun... el sudor va perlando toda su piel... Roza con sus dedos la fina camisita interior...

La mira... ella le sonríe pero... ¿Qué ocurre?...  Una especie de velo se pone ante sus ojos... La vista se le nubla... Los cierra por un momento, luego poco a poco los abre para desconcierto de él... La sonrisa, los ojos... el rostro de ella... su cuerpo, se van desvaneciendo... ¿Qué está pasando?... Su mano se extiende para detener su marcha... ¡No quiere que se vaya!... pero el dolor atenaza su mano derecha... ¡No puede retenerla!... Quiere llamarla y no sale el nombre de sus labios... Pasa confundido sus manos por lecho donde sólo un instante ella ha descansado su cuerpo... Sus manos encuentra tan solo la colcha... Su lecho que se preveía caliente, ahora sólo se halla lleno de frío... No sabe lo que pasa... No sabe por qué ella se ha desvanecido ante él hasta quedar solo con su desolación... Su cuerpo le quema... le quema de tanto como la desea... de tanto como la siente... ¿Por qué se ha marchado?... ¿Por qué se ha esfumado ante él?... ¿Por qué le ha dejado solo con su frustración?... Solo en aquella cama... en aquella alcoba... ¿Solo?...


“Por unos momentos soy parte de ti... No debiste penetrar en mis dominios... Es mucho el veneno que dejé dentro de tu cuerpo, ahora estás padeciendo su efecto... También la tentación es consecuencia de ello... Si recuerdas, la tentación va conmigo pero en esta ocasión sólo me he limitado a observar, aquí, enroscada en el dosel de tu cama... Es la confusión la que se ha adueñado de tu mente y te la ha puesto delante... Lo ha hecho a través de ella... Ese encanto tan especial... esa insinuante provocación sin siquiera proponérselo ha sido quien te ha tentado... En esta ocasión has dado un paso al frente... No te ha importado, que ella es fruto prohibido... Ya no es libre para darte a ti... Ya tiene dueño, aunque él, no sea quien llena su corazón y pensamiento...

Has estado a punto de sucumbir ante la belleza de esa mujer... Eres débil como cualquier hombre pero la fiebre, el malestar causado por mi mordedura ha hecho que tus anhelos no se cumplan... Si yo hubiera querido, lo hubiera prolongado hasta el final hasta conseguir que la hicieras tuya y terminar con esa ansia de amarla hasta lo infinito, sin importar las formas ni las maneras... Al fin y al cabo es mí cometido... ¡hacer caer al hombre!... y si no lo he hecho, es porque he sentido ¡rabia!.... Rabia, al ver con que sutileza la tratas... con cuánto amor la acaricias... Tienes demasiado corazón y eso... ¡me exaspera!... He sentido en mí, eso que llamáis celos... ¡Celos de ella!... ¡de ti!... En un tiempo fui el ser más hermoso... el más bello de todos como lo eres tú, como lo es ella... pero mi belleza de nada me sirvió y me condenaron a hacer maldita de por vida... a arrastrarme por la tierra segregando el veneno que llevo en las entrañas... El veneno que ahora corre por tu sangre... por tus venas... No olvides, que soy la simbología de la muerte... de  las tinieblas...

Abandono tu sueño donde te encuentras sumido... Me deslizo fuera de él, ya es tiempo que abra tus ojos...

Eres joven... fuerte... sobrevivirás a la mordedura pero me maldecirás... Me maldecirás por no haberte dejado en sueño poseerla... por no haber dejado a tu cuerpo amarla y quererla...

Para ti, ella siempre será tu tentación... y ella por ti, la espera...”





Capítulo 39 Piel de canela...

Busca el frescor y la soledad del tejado. Se deja caer sobre la cubierta, suspira profundamente... Se siente agotado... No es fácil que el agotamiento, el cansancio haga acto    de presencia en él, pero ha sido unas horas de gran tensión... de angustia... Pasa sus manos por el rostro... En aquellos momentos se siente aliviado en parte... Sátur, su fiel escudero... su postillón, descansa, la fiebre va remitiendo... se recupera...

Sus ojos como tantas veces recorren el firmamento. La luna asoma su cara plateada y con su blanca luz le abraza... le sonríe con tristeza... Ella sabe más que nunca lo que le abruma... Es tantas veces su compañera en sus alegrías como en las penas...

La mirada de él se pierde en la lejanía donde cualquiera sólo percibiría los tejados de la Villa, pero su mirada va más allá y en su mente, la vuelve a ver...


"Vuelvo a tenerte delante... Tu imagen vuelve a mí para inquietarme, para que mi cuerpo vuelva a encenderse como la misma candela... para hacer que de nuevo reviva y sienta sobre mis dedos, el calor y la dulzura de tu piel canela...

Sólo tú... puedes hacer que me sienta vivo tan sólo con mirar la noche en tu cabello... Tomarlo entre mis dedos, aspirar el aroma que desprende tus rizos y enredarme en la brisa de ellos... Tan sólo tú... puedes hacer que con rozar tu piel, llevarme a la gloria... ¡o al mismo infierno!

¡Sólo tú me encandilas!... Me haces sentir... me haces vibrar... Me haces imaginar lo que tan pudorosamente guardas... ¡lo que no me dejas ver!... tus dos palomas blancas que mis manos ansiosas quisieran acariciar y que mis labios, tan llenos de ardiente sed, anhelan besar...

Sólo tú... ¡eres mi pena y mi alivio!... ¡mi risa y mi llanto!...
Tú, con tu piel morena... atisba de sueños a mí corazón y de suspiros, mi alma se llena...
Sólo tú... puedes hacer que olvide al maestro que soy y al guerrero que llevo dentro... Ante el roce de tu piel, simplemente soy un hombre... ¡pero lleno de amor y fuego!...

Déjame abrasarme... ¡déjame que vuelva a ser candela!
... déjame de nuevo sentir... el calor y la dulzura de tu piel canela..."
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eagle

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Lun Dic 14, 2015 6:24 pm

Sin palabras... precioso clapping clapping clapping

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chiribitas

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Lun Dic 14, 2015 10:39 pm

Por fin he sacado un ratillo para leerlo con detenimiento. Precioso Mari Carmen. flowers2

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Glauka



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MensajeTema: Re: Sentimientos   Mar Dic 15, 2015 12:18 am

heart_eyes heart_eyes heart_eyes clapping clapping clapping clapping clapping blush-anim-cl blush-anim-cl blush-anim-cl blush-anim-cl Precioso Mari Carmen...increible lo que puedes sentir con lo poco que nos dan....y lo que nos haces sentir ..gracias guapa
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Dom Ene 03, 2016 3:12 pm

Hola chicas Smile  Primero desearos un Feliz Año Nuevo. He estado un poquito ausente, pero ya estoy de vuelta y con las temporadas en las manos. Deciros, que os agradezco vuestros ánimos y apoyos por esos momentos que tanto Aurora como yo hemos pasado por lo absurdo, y el pensar de algunas personas. Mil gracias a todas.

Eagle, Chiribitas, Glauka... Me satisface que os vaya gustando lo que leéis kissing kissing kissing


Cuarta temporada.



Capítulo 45... Cómo hubiera...

Sale del cuarto cerrando la puerta con sigilo, no quiere que ningún roce turbe su sueño... Le ha costado que se quede dormida, ha sido mucha tensión la que ha sufrido, él más que nadie lo sabe... Todavía su corazón lo tiene sobrecogido, creía que la perdía... creía que el resarcimiento que con él la muerte traía, con ella se ensañaba... Que la muerte se la arrebataba sin haberle confesado todo lo que la amaba... Sólo al tenerla en sus brazos, sólo al besar su tibia frente, siente el júbilo de saberla viva... Ella si ha regresado de la muerte....

Suspira profundamente y baja la escalera. El silencio reina en la casa, ya Alonso duerme tranquilo, ignorante de lo que a su alrededor pasa... ignorante que para él, una carta en secreto guarda... Piensa en su escudero, en ese fiel amigo... Cómo lo ha necesitado en ese tiempo de angustia... Al menos, espera que él haya tenido un día tranquilo, sin nada que en su día libre le entorpezca... Dirige sus pasos hacia su alcoba, empuja la puerta y sin desnudarse, deja caer su cuerpo extenuado en la cama. Cruza los brazos sobre su pecho... Quisiera dormir y olvidar por ese tiempo las horas vividas pero sabe que es imposible... La inquietud, no lo deja... Por una parte se siente feliz, inmensamente feliz... Ella, a su mujer amada, la ha traído a la casa sana y salva... por la otra, se siente mezquino...

Mezquino por callar... por hacerle ver que todo le coge de sorpresa, que siente no haber estado en la casa,  que algo urgente hizo que saliera de la Villa y no pudo estar a su lado, para velar por ella... Mezquino, por no decir la verdad, por no decirle que ha sido él quien del cosaco la ha salvado... que nunca su alma la sintió tan muerta como al verla a merced de aquel ser cruel y despiadado...  

Mezquino se siente al callar su amor por ella, de verla sufrir y no consolar con un “te amo” su pena... Cierra los ojos y a su mente le viene la desesperación de la mañana...  Allí, junto al fuego, quiso quemar su vestido de boda... quiso quemar con él, el pasado y el presente... Un vestido de novia que guarda y esconde tantos recuerdos... Donde en su fino lienzo, quedan las huellas de un tiempo en que el amor se convirtió en quimera, y en el presente, el dolor de la fidelidad que no es correspondida, el desengaño, la desilusión de lo que ya no podrá ser, de saber que ya su vida es pura frustración... ¡Cómo hubiera querido poder abrazarla!... Cómo hubiera querido decirle todo lo que por ella su alma y corazón guardan...


“Tienes una vida por delante pero para disfrutarla conmigo, sólo conmigo”... pero nada salió de mis labios... Aunque mi corazón me lo gritaba, me limité a intentar consolarte con parcas palabras... “Te casarás, lo sé... sólo hace falta un poco de tiempo”... Siempre el tiempo...

Cómo hubiera querido decirte... Te casarás, pero conmigo... Yo soy quien te amará por y para siempre, para estar juntos y unidos... Para que seas mi esposa, mi amante... ¡y madre de mis hijos!...

Cómo hubiera querido decirte... Yo haré que tus ojos no vuelvan a aflorar las lágrimas... que será la risa la que brille en ellos... que tu corazón nunca más sufrirá por tristeza y mi amor por ti, será inmensamente eterno...

Cómo hubiera querido decirte... que serán mis manos las que tu hermoso cuerpo acaricien... Las que te harán gozar... anhelar... Que nadie como yo, te hará sentir mujer... que tus labios volverán a hacer rozados... besados por el deseo incontrolable y ardientes de los míos... que te sentirás plena de felicidad y yo contigo...

Pero nada salió de mis labios, siempre la razón... el tiempo... ¡Ellos se anteponen al corazón!... ¡Maldigo la razón!... ¡maldigo el tiempo!
Mezquino soy... ¡mezquino por callar y no decirte lo que siento!

... Cómo hubiera querido..."





Capítulo 46 ... Ilusión...

Gonzalo se aparta con todo dolor del carruaje viéndolo partir con el alma rota, de ver que la mujer amada se marcha para no volver... Su corazón vuelve a pedirle... “No te vayas”... Un ahogo le sube a la garganta. No puede dejarla marchar... ¡no puede!... En un impulso, azuza a su caballo y sale raudo en pos del coche y de nuevo se pone ante su paso delante del mismo.

El cochero tira de las bridas y hace que los caballos se encabriten ante el fuerte tirón. El hombre increpa a Gonzalo - ¡¿Pero se ha vuelto loco?!

- Si, lo estoy, por la mujer morena que va dentro...

No da más explicaciones.Rodea el carruaje hasta la altura de la portezuela donde va Margarita. Lucrecia lo mira desafiante – ¿Es que no te has quedado convencido con lo que te ha dicho mi costurera?... Es un viaje largo Gonzalo y no quiero más interrupciones, si no te marchas ahora mismo, mi guardia hará que lo hagas...
- No te preocupes Lucrecia, me iré de inmediato, sólo el tiempo de sacar a Margarita del coche...

La muchacha se pone aún más nerviosa... Su corazón pareciera querer salírsele del pecho ¿Acaso no le ha dejado claro lo que le ha dicho?... ¿Para qué acrecentar más su dolor?... ¿Qué quiere decir con sus últimas palabras?...

Gonzalo se vuelve a acercar a la ventanilla. La mira fijamente a los ojos – No puedo dejarte marchar Margarita...
La joven titubea. Consigue aunque con dificultar hablar – Gon... Gonzalo creo... creo que lo hablado claro... me voy...
- Lo sé... sé que has hablado claro... Es verdad que puedas estar cansada del pasado... del presente y sólo yo, soy el único culpable de ello, pero también sé, que eso de que dices que nada te retiene aquí, no es verdad,  eso, no lo sientes...
- Gonzalo no... no quiero seguir escuchándote, lo dicho, dicho está... por favor no intentes convencerme...- Margarita apenas podía contener las lágrimas que ya afloraban a sus ojos

Lucrecia suspira – Gonzalo ya la has escuchado y...
Gonzalo vuelve el rostro hacia ella – No intentes hacer que el coche se ponga en marcha... No voy a permitirlo Lucrecia y sólo me va a llevar un momento...

La Marquesa va a decir algo pero un gesto de Gonzalo la retiene. Éste, desmontando de su corcel abre la portezuela. Su voz al dirigirse a Margarita está llena de dulzura... de amor...
- Bajas... Nos vamos a casa, a nuestra casa... En Viena nada se te ha perdido...

Margarita siente que todo su cuerpo tiembla... Se gira para mirar a una perpleja Catalina pero no por eso, ésta, deja de tener una sonrisa en sus labios. Con los ojos le dice que si, que haga lo que Gonzalo le pide. La joven tiene una lucha interna consigo misma... Por un lado quiere volar para olvidar todo lo que la vida le ha negado, por otro, sabe que si se va, sea a donde sea, su corazón se quedará en la Villa, con él... siempre con él, pero para él, ella sólo es su cuñada. No será fácil seguir viviendo junto a Gonzalo así, tan sólo siendo eso... Tiene que anteponer la razón a lo que siente su corazón... Quizá la distancia hará que lo olvide... ¿Pero acaso lo olvidará alguna vez?...

La voz de Gonzalo la saca de su abstracción - Margarita... ¿Qué pasa?... Vamos... no querrás que la Marquesa me eche a sus guardias... – al decirlo hubo un toque de ironía.
Lucrecia lo mira llena de rabia – No te equivocas... Si en un momento no te marchas será mi guardia quien lo haga y no creo que te guste su forma de hacerlo...
Margarita siente temor – Por favor Gonzalo... vete... No voy a volver contigo y... y si sigues aquí, puedes... puedes verte en un aprieto... Por favor...

Gonzalo no parece afectarle las palabras de la muchacha. Se pasa la mano por el cabello y suspirando se dirige a ella – No me voy a ir sin ti y si no quieres bajar del coche por tu voluntad, seré yo quien lo haga aunque no sea de la forma más correcta...- según va hablando toma la cesta que Margarita lleva en su regazo y se la pone a la propia Lucrecia entre las manos.

La joven costurera va a decir algo pero ya Gonzalo introduciendo parte de su cuerpo en el vehículo la toma en sus fuertes brazos sacándola del carruaje a pesar de las protestas de la muchacha - ¡Déjame Gonzalo!... ¡déjame!...

Catalina sonríe feliz – No te preocupes Gonzalo... esa rabieta se le pasa con un par de besos... Perdón señora...– Cata se ve obligada a pedir disculpa ante la mirada de la Marquesa.

Lucrecia indignada suelta la cesta en el asiento que ha ocupado Margarita sacudiendo sus dedos. Sus ojos echan chispas al ver la escena que tiene ante ella. Sólo el ver como Gonzalo mira lleno de amor a su costurera que entre sus brazos intenta zafarse, siente que la rabia se apodera de ella. Con gran coraje da la voz de marcha - ¡Cochero prosigamos el viaje!... ¡y no quiero más interrupciones!

El carruaje comienza a rodar. Catalina vuelve la cabeza para hacer un guiño a Gonzalo que intenta calmar a Margarita – Ya... ya... no te ofusques...
La joven deja de bregar en los brazos de él mirándolo a sus ojos color miel - ¿Por qué?... ¿Por qué no has dejado que me marchara?....- a la misma vez se limpia el rostro de lágrimas.
- ¿Quieres saberlo?... Simplemente porque te amo... ¿No es motivo suficiente?...
- Gonzalo... – apenas le sale la voz del cuerpo.

Gonzalo siente que tiembla entre sus brazos – Sí Margarita... te amo... ¡Te amo y lo grito a los cuatro viento!... – al decirlo sus ojos se pierden en la profundidad de la mirada de ella.
– No sabes cómo he esperado este momento... No sabes las veces que he querido decirte todo lo que por ti siento... y ha sido ahora, el saber que te ibas de mi vida,  ha hecho que perdiera el miedo a confesártelo... Lo que no sé, si tú me correspondes, es un riesgo que tengo que correr... – lo dijo con cierta burla.

Margarita toda emocionada con lágrimas de felicidad en sus ojos, levanta sus brazos y rodea el cuello de su amado – Debías saber... ya debías saber que nunca dejé de amarte... ¡Nunca dejé de hacerlo!... Mi corazón siempre latirá de amor por ti...

Gonzalo la deja en el suelo y le aparta un mechón de sus cabellos sonriendo con sus ojos... con sus labios. Traga saliva y toma las bridas de Minero con una mano, con la otra, aprieta a Margarita contra su cuerpo. Dejan el lugar de paso para buscar acomodo debajo de la arboleda... Las flores amarillas de la mimosa a aquella hora del atardecer parecen resplandecer más que nunca. Se quita la chaqueta y la echa sobre el suelo que es un manto amarillo por aquellas florecillas que se van desprendiendo de los árboles... Hace que la muchacha se siente sobre ella... Se arrodilla junto a la mujer amada. La percibe nerviosa... Lo comprende... Sus manos comienzan a acariciar su rostro. Ella cierra los ojos ante sus caricias dejando caer hacia atrás la toquilla... Cuánto ha deseado sentir las manos de él sobre su piel. Se estremece al contacto de ellas. Gonzalo se inclina, aparta su cabello, roza con sus labios el lóbulo de su oreja para después ir bajando por su cuello haciéndola estremecer... Ella no dice nada, se deja hacer. Gonzalo busca su mirada...

- ¡Qué hermosa eres!... Te amo tanto...

Toma su rostro entre sus manos. Los labios de Gonzalo es un suave roce en su rostro. Se detiene junto a la comisura. Margarita cierra los ojos... Su corazón late vertiginosamente. Siente la calidez de su aliento, el calor de sus labios muy cerca de los de ella. No puede evitar que los suyos tiemblen al sentir el contacto suave de los de él. Por un momento él se detiene, le roza con sus dedos la línea de aquellos labios sensuales... carnosos... Está deseoso de besarlos... está anhelando de hacerla suya... Por fin sus labios rozan los de Margarita... Su cuerpo de hombre siente que una corriente de infinito placer le atraviesa todo. La besa... besa aquellos labios que por tanto tiempo fueron anhelados y a la misma vez rechazados por él... Pero en aquella ocasión ya son suyos... ¡Sólo suyos!...

Tiembla de gozo cuando ella abre sus labios para acogerlos, para sentir sus caricias a través de ellos, para luego sentir ambos el calor y el apasionamiento de dos bocas que se devoran por tanto tiempo de espera... Nada existe a su alrededor... El tiempo se ha parado para ellos, ni siquiera se dan cuenta que las sombras los cobija y los arropa bajo una noche que se ha transformado cálida... ardiente... No sienten el frío bajo la desnudez de sus cuerpos... Son dos almas que se han fundido en una sola... La luna de nácar asoma su cara tímidamente dejando que su tenue luz envuelva a los amantes... sonríe... Es noche de amor... de sueños...

- ¡Amo!... ¡Amo despierte, que se nos ha pegao las sábanas!... ¡Va a abrir tarde la escuela!

Abre los ojos para volver a cerrarlos con desilusión... con la frustración en el alma...

“Perfidia eres mañana que me traes la realidad... Que su cuerpo y mi cuerpo... que sus besos y mis besos es quimera nada más...
¿Por qué Ilusión te ensañas conmigo?... ¿Por qué has hecho que viva este espejismo?... Más que nunca él vuelve a recordarme lo que no fue, y si, ¡lo que pudo haber sido!





Capítulo 48 ... Razón... Fe...

No puede creerlo, escucha de sus labios salir un suspiro. Sólo hacía unos segundos su mano se deslizó de su regazo ya sin fuerza... La había perdido para siempre y en aquel momento, ella, la mujer amada volvía a la vida... Su débil cuerpo parece querer moverse entre sus brazos... intenta querer decir algo... Sigue sin poder creerlo. Las lágrimas siguen aflorando a sus ojos, pero en esta ocasión es de felicidad... de júbilo... Aturdido, pronuncia su nombre, la llama... Toma entre su mano vendada el rostro de ella... “Margarita.... Margarita...“... No es su imaginación, no es el deseo imperioso de que no puede ni quiere perderla, ella está respondiendo, se está recobrando... Dentro de su alegría siente una gran confusión... No puede dejar de alzar la mirada hacia la cruz que se yergue en el retablo del altar... La incredulidad sigue aferrándose a su alma, a su mente... Sólo puede existir una razón para ello... tan sólo una...

La estrecha contra su cuerpo. La siente... Deposita un beso en su frente dejando que sus lágrimas bañen el rostro de ella... ¡Vive!... Ella ha vuelto a la vida... Ha vuelto a él...

---------------------        

Junto a la cama, velando su sueño y acariciando la calidez  de su piel, deja fluir sus pensamientos... Quizá si no se hubiera movido de la casa...

Allí sentado ante los muros del castillo de los Alvarados, se preguntaba que estaba haciendo en aquel lugar... Allí no se encontraba la dueña de sus suspiros... de sus deseos... de sus anhelos... Fue un arrebato lo que tuvo ante la “insistencia” de Sátur... Más que nada al llegar allí lo supo... A la misma vez que miraba pensativo el pasaje y el balcón que daba acceso a la entrada del castillo, escribía en el idioma oriental. Lo hacía sobre la tierra del abrupto suelo con una rama y de forma instintiva unas palabras... “Te quiero”... Recordó aquellos momentos donde las trazó en la espalda de aquella hermosa mujer, casi una niña entonces... Solo fue eso... algo bonito...

Nada sentía al escribirlas de nuevo, sin embargo en su corazón a sangre y fuego las llevaba grabadas pero no van dirigidas a Yan-Shun... Aquellas palabras sólo son para ella, para la mujer que llena su pensamiento y su alma entera... para la mujer de ojos inmensos como la noche y de rizos que desprenden aroma a jazmín y romero...

No le dio tiempo a levantarse para marcharse de donde no tenía por qué haber ido, cuando escuchó el desgarrador grito de Sátur llamándolo... Grito, que le heló el alma y aún resuena en sus oídos...

“Todavía escucho el grito de Sátur... Mi esencia se vio envuelta de pronto en noche fría y oscura... Nunca el  tiempo me pareció tan negro y eterno... Ahora, aquí, junto a tu cama velo tu sueño. Todavía lloro mi angustia por esos amargos momentos... La presentía, presentía que rondaba tu cabecera... ¡Que la maldita parca esperaba para llevarte con ella entre sus negras alas!... Ha sido tanto el temor, que aún todavía, pienso que impaciente aguarda... ¡Te perdía! ¡Así lo creía!... ¡Estaba desesperado! ¡Loco!... ¡Impotente!... Tus ojos y labios ya nada decían... ¿Por qué la vida cruel contigo se ensañaba? No sabes cómo la maldecía... Las lágrimas afloraban a mis ojos al ver que el tiempo pasaba y no respondías al remedio que con tanta esperanza a tomar te había dado. Mi corazón se sobrecogía... ¡La veía!... Veía que la sombra de las tinieblas extendía sus grandes alas y cada vez se hacía más dueña de tu amada persona... Quería llevarse tu juventud, tu belleza, para dejarme a mí en soledad, sin ti y sin ellas... ¡Tenía que hacer algo!... ¡No podía dejarte ir!... Si ti, yo de pena moriría... Quería encontrar ese alivio a tu lecho de dolor y consolar mi propia agonía...

Me pregunto por qué elegí ese camino... Ese lugar que es paz de muchos y donde buscan refugio a su desamparo sin necesidad de ver para creer... Yo, que sólo busco la razón de las cosas... la lógica... lo que puedo experimentar... ahora, en estos momentos... ¿qué importa si por una vez, la fe fue quien me impulsó a llevarte al templo?... Por ti, mil veces volvería a hacerlo...

¡Tú eres lo que me importa!... Tú, que has sanado... ¡Qué vives! para que tus ojos y labios sigan sonriendo... Para que yo, aunque sufriendo, de amor y desvelos siga por ti muriendo...

... ¿Razón?... ¿Fe?... Una de las dos, a la vida te ha devuelto...
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eagle

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Lun Ene 04, 2016 2:19 pm

Mari Carmen me pones los pelos como escaparpias....

Se ve todo tan especial cuando lo cuentas tú!

Un beso y gracias por tus relatos clap clapping clap clapping



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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Miér Ene 06, 2016 7:44 pm

Hola Eagle!! Gracias por verlo así kissing  Feliz Día de Reyes a todas Smile

Quinta temporada.



Capítulo 54... Sentimientos entre líneas...

Detuvo el caballo, estaba extenuada, no sabía qué tiempo había transcurrido desde que se despidió de Águila, se había limitado a galopar y alejarse lo más pronto de los alrededores de la Villa. Su mente todavía confusa por todo el horror que había vivido no la dejaba pensar con claridad, no sabía en qué lugar se encontraba, la noche la envolvía con sus sombras. Tenía que buscar un lugar seguro en aquellos campos para poder pasar la noche, quizá con la claridad del nuevo día hallaría el camino a seguir hacia Toledo, allí tomaría la diligencia hacía Sevilla y desde allí, un barco que la llevaría a las Américas.
Su corazón todavía encogido por el miedo se sobrecogió de pena. ¡Qué lejos viviría de sus seres más amados! Intentando aguantar la congoja que le subía a la garganta se bajó del caballo. Tomó el farol que colgaba de los correajes del animal y buscando en la alforja sacó el mechero.

Se arrodilló en el suelo y procedió a encender la vela. Se puso de pie y tirando de las riendas buscó donde acampar. Se introdujo por la maleza, no quería quedarse a la altura del camino pero tampoco quería alejarse de él, con el farol alumbró y recorrió aquella parte donde la arboleda se extendía ante sus ojos, pensó que aquel era el sitio más adecuado. Depositó el farol en el suelo bajo el tronco de un árbol y sujetó las riendas a una de sus ramas. Los ojos de Margarita miraron a un lado y otro. Sentía miedo, miedo a todo. Su cuerpo se estremeció de frío, aunque ya los días parecían algo calurosos, las noches todavía resultaban algo frescas y aquella noche la bruma era parte de ella.

Se volvió al caballo y desató la manta. Se dejó caer en aquel abrupto suelo y apoyando su espalda en el tronco del árbol se echó la manta por encima. No quería encender fuego, prefería pasar algo de frío antes de encender una fogata que le haría revivir aquellos momentos de angustia vividos en la mañana y la causa, por la que se encontraba lejos de su casa y de los suyos, tampoco quería tenderse ya que el cansancio la vencería y no quería quedarse dormida, sentía un gran temor de estar allí, no sabía lo que se podía encontrar entre las oscuridades de la noche.

Suspiró profundamente. Le dolía la cabeza enormemente y un nudo muy fuerte atenazó su garganta al pensar en su casa, porque aquella casa, la casa de Gonzalo era la suya, pero ya nunca volvería a ella, ya nunca volvería a estar entre sus seres queridos. Un gran vacío se apoderó de ella y las lágrimas de nuevo resbalaron por sus mejillas. Sentía una gran desolación... ¿Cómo iba ella a vivir tan lejos de él?... Sin su presencia, sin ver aquel rostro amado y que aunque él no la correspondiera, la noche anterior, su mirada, sus ojos, le dijeron tanto...

El bufar del caballo la sacó de sus pensamientos. Se levantó y acarició al animal, quizá tenía sed o hambre. Buscó con sus ojos y apartándose del caballo se alejó un poco y arrancando algo de hierba, volvió sobre sus pasos y procedió con su propia mano a darle de comer al animal. Ella ni siquiera había tomado bocado alguno. Tenía el estómago cerrado, le sería imposible pasar nada de comida pero tenía la boca seca. Cuando comprendió que el animal ya quedó satisfecho tomó la bota de la alforja y tomó varios tragos de agua, la cual, todavía se mantenía algo fresca. Fue a dejar la bota en su sitio cuando de uno de los bolsillos de la alforja vio sobresalir algo.

Con la punta de sus dedos tiró de aquello. Eran pliegos de papel debidamente doblados, introdujo su mano en el bolsillo de la alforja y sacó de él un envoltorio de tela de arpillera. Lo desenvolvió y comprobó lo que contenía, una pluma y un pequeño bote de vidrio con tinta. A Águila nada se le olvidaba. Quizá pensó y no se equivocaba, que en un momento tendría ganas de escribir a los suyos, de despedirse de ellos, que ya buscaría la forma que aquella carta les llegara. Con una triste sonrisa, Margarita volvió a guardar todo aquello.

Se dispuso a sentarse y refugiarse en la manta. Dio un paso pero se detuvo, giró la mirada y la puso de nuevo en la alforja. En un ademán instintivo introdujo su mano y sacó los pliegos de papel y el envoltorio de arpillera. Quizá si se ponía a escribir haría que la noche fuera más llevadera al desahogar todo su pesar, sus sentimientos y aquel  miedo que tanto la atenazaba. Antes de sentarse buscó algo que le sirviera de apoyo. Tomó el farol y dando varios pasos rebuscó con su mirada por entre la maleza y los pedruscos.

Sus tristes y enrojecidos ojos negros como la misma noche brillaron por un momento. Entre unos arbustos habían arrojados unos tablones, no eran muy grandes y estaban astillados. Dejó la luz que la alumbraba en el suelo y con sumo cuidado tomó aquellas tablas y procurando no lastimarse las manos, hizo un poco de esfuerzo abriendo los tablones en dos. Con uno de ellos volvió a su lugar.

Se sentó echándose la manta y poniendo el tablón entre su regazo y las rodillas, colocó los pliegos. Se acercó el farol lo más que pudo para que la alumbrara lo suficiente. Tiró con sumo cuidado del taponcillo de corcho dejando al descubierto el frasquito de la tinta. Lo dejó en el suelo y tomó la pluma humedeciéndola en aquel oscuro tinte. No iba a ser cómodo escribir con la mano vendada pero lo intentaría, por un momento se quedó con la pluma en el aire, luego procedió a escribir en aquellas hojas en blanco...

"Todo lo que ha acaecido en estas horas ha sido como una horrible pesadilla, aún, en este momento vivo una pesadilla de la cual no será fácil despertar... Fueron momentos terribles desde que me sacaron de la casa y me encerraron en esa horrible celda... Ni mis suplicas, ni mi llanto les hacían conmoverse, no me escuchaban, no querían saber que nada de esa denuncia era cierta... Me condenaban sin más...

Te presentí Gonzalo, en la soledad de mi celda te presentí llegar, tus paso me dijeron que era tú y te llamé, apenas podía pronunciar tu nombre. ¡No sabes cómo necesitaba verte!... sentirte... El verte allí, fue un bálsamo para mi angustia y mi medo... Como anhelaba escuchar tus palabras y sobre todo mirar tu rostro, era mi última noche mi amor, la última noche que podía verme en tus ojos arrasados por las lágrimas...

Sé que te viniste abajo cuando escuchaste de mí, que no había tiempo, que en la mañana moriría en la hoguera...Ocultaste tu rostro, no quería que te viera llorar y yo necesitaba recordar tu cara para que me dieras valor cuando pisase el patíbulo. Nunca olvidaré ese tiempo que estuvimos juntos, con nuestras manos agarradas a los barrotes de la celda, mirándonos... llorando a la par...

Algo muy fuerte sentí en aquellos instantes Gonzalo ¡muy fuerte! algo, que me decía que no sólo el querer ayudar a tu cuñada y el cariño que podías tenerme te había impulsado a ir a los Calabozos... tus ojos me dijeron algo más...

Han sido tantas veces lo que tu mirada me han confundido Gonzalo, todo tú, siempre has sido confusión, pero en aquel momento lo que yo pudiera pensar ya nada importaba, sólo era cuestión de horas y mi cuerpo se extinguiría por causa de la hoguera... Hiciste por mí lo indecible, hasta enfrentarte al Comisario y sus guardias, sólo te detuvo el saber que podías verte encerrado y no poder ayudarme... Te vi marchar desolado, tan desolada como yo al ver alejarte de mí... Ya nunca más volvería a verte Gonzalo... Mi alma llena de amor por ti se rompió en mil pedazos...

El tiempo pasaba lentamente en la oscuridad de la celda, ya ni fuerzas tenía para llorar, ni siquiera escuchaba a los reos que eran torturados, sólo un pensamiento cruzaba mi mente...

Un milagro, sólo un milagro podía salvarme de la hoguera, porque por más que intentaba de buscar en mi mente la persona causante de mi desdicha, no la hallaba y si yo no sabía...¿Qué podías hacer tú Gonzalo?...¿Qué podías hacer mi amor para salvarme a no morir?

Sentí el ruido de las llaves en la cerradura, sentí que mi corazón latía con más fuerza que nunca, creí morir allí mismo... Me soltaron de las cadenas y después de echarme por encima el escapulario  me hicieron salir de la celda seguida de un sacerdote. Sentía que mis piernas no me sujetaban, custodiada por el carcelero fui conducida hasta el exterior. El murmullo y los gritos de la gente se escucharon oír ante mi aparición...

Las lágrimas no me dejaban ver claramente, casi sin fuerzas subí al patíbulo. Sentí que mis manos eran atadas al poste, bajo mis pies, los leños esperaban ser prendidos y con ellos, mi vida sería extinguida por el furor de las llamas...

Le vi, entre el velo que se ponía ante mis ojos por las lágrimas le vi, vi a Alonso y aún más grande fue mi tortura, por un instante el recuerdo hizo su presencia... Le recordé cuando fue a buscarme recién llegada a la Villa, cuando con sus palabras y su gesto quería hacerme ver quien era... Alonso, mi niño, ya dejó de ser aquel pequeño de siete años cuando regresé a la Villa, ahora, ya es casi un muchachito, un muchachito que no llegare a ver crecer y hacerse hombre...

Ante el dolor que sentía de verlo allí, de saber lo que estaba sufriendo, más ganas tenía que terminara mi agonía... No te vi Gonzalo... no pude saber si estabas con él, supuse que todavía estabas buscando indicio de mi inocencia pero ya era demasiado tarde, en unos momentos el verdugo haría su cometido... Quería quedarme con tu imagen... con tu cara... con tu mirada...

Sentí que las fuerzas me abandonaban cuando el verdugo se cercó con la antorcha ya encendida, el aire trajo hacia mí la humareda y el calor que de ella se desprendía... Me sentí mareada, pensé, que sería un alivio si perdiera la conciencia, quizá eso me evitaría sentir el dolor de mi cuerpo abrasándose por las llamas pero no, no llegué a perder la conciencia para ver con horror, que el verdugo estaba a punto de acercar la antorcha a los leños... Mi angustia... mi miedo hizo que levantara una súplica... Sólo un milagro podía salvarme y pensé en él, en el embozado... sólo él, podía hacerlo...

Pero eso sería imposible, ya el milagro nunca se produciría. No quería mirar hacia abajo, sentía cada vez más cerca el calor de la antorcha muy cerca de mis pies, sólo sería cuestión de segundos pero algo pasó, de pronto, el verdugo cayó mortalmente herido en el entarimado a la misma vez que se escuchaba el relinchar de un caballo. Mis ojos lo buscaron y allí estaba él, montando encima de su corcel blanco... Mi corazón comenzó a latir con fuerza. De un salto, el embozado se quedó clavado en el suelo mirándome muy fijamente...

En aquel momento no lo envolvía esa magia que siempre lo caracteriza, no, en aquel momento sus ojos, esos ojos que me recuerdan los tuyos, como todo él... Siempre me preguntaré que enigma se esconde debajo de su embozo que tanto me recuerda a ti... Si un día se descubre su identidad nunca lo sabré, ya no estaré aquí para saber quién es la persona con la que siempre le he encontrado cierto parecido contigo... ¡Qué ironía por mi parte! Tú, un maestro y él, un guerrero.. Que pocas cosas en común ¿verdad?...

En aquellos momentos, sus ojos aparte de mirarme fijamente destellaban por la rabia, la ira... esa misma ira que hizo  enfrascarse en una lucha feroz con la guardia del Comisario... Todo pasó ante mis ojos como un torbellino, cuando me di cuenta, me encontré sentada tras él, en su caballo, y galopando fuera de la Villa. Mis brazos rodeaban su fuerte torso y mi cabeza descansaba en su espalda, me sentía todavía mareada y muerta de miedo, no sabía dónde me llevaba, nada le pregunté... nada él me dijo...

Durante un tiempo estuvo galopando sin descanso hasta que poco a poco aminoró el trote, fue cuando levanté la cabeza. Detuvo el caballo y se bajó de él, extendiendo sus brazos me ayudó a hacerlo a mí... Cuando me dejó en el suelo me dijo que esperara, se metió entre la arboleda, no tardó en regresar, traía con él un caballo, me señaló un camino y me dijo que huyera por él... No podía comprender pero él me lo dejó claro...

Tenía que salir de la Villa, no sólo de la Villa, tenía que marchar muy lejos, tan lejos que nunca volveré a veros... Me dijo que allí nadie me va a buscar, que empezara una nueva vida... ¿Cómo se empieza una nueva vida Gonzalo cuando mi vida la comencé al regresar aquí, junto a Alonso, junto a ti?... Sentía que me ahogaba, me despojé del escapulario y me limite a darle las gracias... Todavía, me preguntó que si necesitaba algo más, le contesté que ya había hecho suficiente...

Mientras manteníamos esta pequeña conversación, le noté extraño... Apenas me daba la cara, en un momento hasta para dirigirse a mí se volvió de espalda, no comprendía... Ya en alguna otra ocasión me había sacado de algún atolladero pero se había mostrado más cercano, incluso me ofreció sus brazos para refugiarme en ellos, pero esta vez, se mostraba como esquivo, no podía comprender su postura... Me tendió su mano para ayudarme a subir al caballo, por unos segundos nuestras miradas se cruzaron, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo pero ninguno dijo nada...

Me acomodé en el caballo y tomé la rienda, él, montó en el suyo. Me dijo que pasara lo que pasara que no echara la mirada atrás, que aquí, en la Villa no dejarían de perseguirme hasta matarme y que por mucho que os echara de menos que no volviera nunca... Algo en su tono de voz me desconcertó, la escuché quebrada...

Volví a darle las gracias e impulsé al caballo a salir de allí, por un momento volví la cabeza, él todavía se encontraba allí... pero en aquel momento no encontré sus ojos, tenía la cabeza baja...Todo él parecía estar pasando por un gran pesar... Es la sensación que me dejó, como si con mi marcha una parte de él también se fuera...

Tragando mis lágrimas emprendí mi marcha, tomé el camino que el embozado me indicó y galopé sin descanso, sólo en algún momento dado interrumpí mi camino... Apenas me encontré con gente, algún labriego recogiendo su cosecha y poco más... En una ocasión detuve el caballo para preguntar a un buen hombre el camino de Toledo... El campesino me lo indicó pero ya caía la noche, por lo que no he hecho el intento de seguir, ya mañana proseguiré mi marcha, una marcha que cada vez me aleja más de ti Gonzalo... Sé que en los últimos días las cosas entre nosotros estuvo algo fría, en todo caso por mi parte...

No fue fácil de asumir ese beso entre Claudia y tú y sé, que no estuve nada acertada con mi desplante después de los cuidados que me prodigaste, por eso intenté de calmar mis celos y asimilar la realidad por el bien de todos... Ahora que me voy y ni siquiera he podido despedirme de ti, necesito que perdones mi proceder... La lejanía no hará que te olvide pero quizá palie esos celos que me desbordan... Yo fui tu amor de antaño, Claudia tu amor del presente, pero tú para mí Gonzalo, serás mi amor de siempre... Siempre te llevaré en mi  corazón... en mi alma... en mi mente...

No es fácil escribir entre líneas el sentir que me invade en estos momentos. Nadie sabe lo que puede ocurrir en un solo segundo, nadie puede prever lo que puede suceder mañana... En tan pocas horas, mi vida se ha visto envuelta en unos acontecimientos imprevistos, he visto la muerte tan de cerca y todavía no sé si la llevo conmigo y todo, por una denuncia anónima... No creí que alguien pudiera causarme tanto daño, tanto sufrimiento hasta tener que huir como lo que soy para la autoridad, una prófuga... una prófuga que sólo dejará de serlo cuando deje este reino y me embarque destino de las Américas...

Un precio demasiado alto para alcanzar una libertad que no sé si quiero tenerla si a cambio, tengo que alejarme de ti Gonzalo, mi libertad está junto a ti, junto a Alonso... Mi vida sin vosotros no tiene sentido, siempre estaré encadenada por vida a los recuerdos que dejo atrás y sobre todo, encadenada al amor que siento por ti..."



Margarita dejó de escribir, las lágrimas no dejaban de fluir de sus grandes y tristes ojos. Dejó la pluma y tapó el pequeño tintero. Con un nudo en la garganta releyó aquel escrito donde había desahogado todo su pesar y todo su sentir. Dobló el pliego y acomodando su cuerpo se tendió en el suelo arrebujándose en la manta. Se acercó el pliego al pecho apretándolo con fuerza. El sollozo no tardó en subírsele a la garganta llorando toda su pesadumbre, su dolor... su miedo... Su cuerpo oculto bajo la manta se sacudía por los sollozos, en su desesperación no escuchó los cascos del caballo atravesar el terreno abrupto.

Gonzalo desde su altura percibió el cuerpo de la muchacha estremeciéndose por el llanto. Sintió que el alma se le partía, sólo la poca luz de la luna y la tenue luz de la vela que ya se iba extinguiendo dentro del fanal era lo único que la alumbraba. Se bajó del corcel y cogiendo las riendas recorrió el corto trecho que lo separaba de ella, lo hizo sigiloso, no quería asustarla.

Algo aprecio Margarita que hizo que su llanto se cortara. Se puso alerta, no sabía de dónde venía ese roce. Su miedo aumentó... Pensó que podía ser un animal, sintió pavor al pensarlo pero también podía ser que hubieran dado con ella. El estremecimiento recorrió todo su cuerpo. No quería caer en manos de ellos, no quería volver a revivir de nuevo la agonía de caer en las manos del Comisario...

De forma instintiva y como salvaguardándose, se cubrió la cabeza con la manta ahogando el llanto. El roce se hizo más pronunciado, cada vez estaba más segura de que eran pasos. El bufar de un caballo y estaba consciente que no era el suyo porque estaba cerca de él, le confirmó que no estaba sola. Estuvo por levantarse y salir corriendo pero el cuerpo no le respondía, el miedo la atenazaba y le impedía moverse. Cada vez sentía más cerca a la persona en cuestión. Se encogió sobre ella misma, cuando sintió que unas manos descubrió la manta de su cabeza. Apretó fuertemente los ojos y no pudo reprimir hacer una súplica.

- Por favor... déjeme... No me haga daño, haga... haga que no me ha visto ¡pero no me lleve!
Su voz se quebraba por el llanto.
- ¡Margarita!¡Margarita soy yo Gonzalo! cálmate...
La muchacha al escuchar su voz abrió los ojos arrasados por el llanto, quiso decir algo pero no pudo. Gonzalo la incorporó y la estrechó entre sus poderosos brazos. Margarita lloraba aferrada a él.
- Cálmate Margarita, todo está bien...Vayamos a la casa...- Gonzalo no podía reprimir sus propias lágrimas.

Margarita se apartó un poco de él y levantó la mirada incrédula – Que... ¿qué dices?... Yo... yo no puedo volver... Águila... Águila me dijo...
- Sssssh...Margarita escucha, ya no eres una prófuga ¿lo entiendes? ¡¿Entiendes lo que quiere decir eso?! – entre lágrimas lo dijo con una sonrisa a la misma vez que le acariciaba el desordenado cabello...

Entre hipíos la muchacha lo miró desconcertada – Quieres... quieres decir ¿qué ya soy libre?...¿qué ya... ¿qué ya no tengo que marchar a...?
- No Margarita...ya no tienes que marchar a ningún lado... Tu sitio está aquí, junto a Alonso... junto a mí...

Margarita volvió a refugiarse en el pecho de Gonzalo llorando todo lo acumulado y a la misma vez por la emoción que la embarga de saber que no tenía que huir, que ya era una mujer libre y sobre todo, que volvería a estará junto a ellos... junto a él.

Gonzalo la dejó desahogarse, luego cuando la notó más tranquila la animó a levantarse.
- No querrás quedarte a pasar toda la noche aquí ¿no?... ¿No crees que estarás más cómoda en tu cama?...- limpió con la yema de sus dedos lágrimas furtivas que todavía se escapaban de los ojos de ella.

Margarita asintió en silencio. Gonzalo le apartó la manta y la ayudó a levantarse. Se la quedó mirando – Sé, por todo lo que has tenido que pasar... Sé, todo lo que has sufrido, sólo quiero que sepas que todo esto, lo siento en el alma... Hubiera dado mi vida porque no hubieras pasado por ello...- la acercó a él y volvió a abrazarla.

Gonzalo cerró los ojos, el tenerla de aquella forma era un deleite para él. Sentía una felicidad inmensa el saberla libre, el saber que nunca se separaría de él, el saber que sólo faltaba tan poco para decirle todo lo que sentía por ella... todo lo que la amaba...

La separó y besó su frente. Los ojos de ellas buscaron los suyos – Creo... creo que él que tenías prisa por irnos a casa, eras tú...
Gonzalo sonrío – Claro... debes de estar cansada, así que recogemos y nos vamos...- se agachó para recoger la manta y el farol, cuando se dio cuenta que había estado escribiendo  - ¿Has escrito?...

La muchacha se sonrojó, con prisa se inclinó a recoger el pliego doblado que se le había desprendido al levantarse – Es una tontería... intentaba que la noche fuera un poco más liviana... no quería dormir...– se deslizó el pliego dentro del escote.
Gonzalo no quiso insistir, pero sabía, que aquello que había escrito no era una ninguna tontería. Se limitó a recoger y colocarlo todo en el caballo de Margarita. Se volvió hacia la muchacha – Cuando quieras nos vamos...

Margarita se acercó a su caballo, pero Gonzalo la detuvo – No Margarita... te vienes en el mío...

La joven no dijo nada. Gonzalo enganchó el caballo de la muchacha a su corcel, luego poniéndole las manos a la joven en los hombros la acercó a Minero. – Me subo yo primero y tiro de ti ¿vale?
Margarita asintió. Gonzalo puso un pie en el estribo cuando la voz de la muchacha lo detuvo  - Gonzalo... ¿quién ha sido el causante de mi acusación?...y ¿Cómo es que tú has dado conmigo? ¿Cómo sabías dónde encontrarme?

Gonzalo subiendo al caballo le contestó – Creo que esas preguntas ya te le responderé en casa, ahora estás cansada, así que arriba...- le tendió la mano. Por un momento Margarita recordó al embozado cuando él le ofreció su mano para ayudarla.
- Margarita ¿pasa algo?

- ¡Oh no! – le tendió la mano y Gonzalo se la apretó fuertemente. La muchacha puso un pie en el soporte y Gonzalo tiró de ella sentándola delante de él.

Gonzalo azuzó al caballo y este salió a galope. Margarita descansó su cabeza en el pecho de él, lo sentía latir con fuerza, en aquel momento se sentía más protegida que nunca, sentía el calor de su cuerpo y de sus fuertes brazos que la sujetaban a la misma vez que entre sus manos mantenía las riendas de su corcel.

La extenuación hizo mella en ella y sin apenas darse cuenta sus ojos se fueron cerrando quedando dormida en el pecho de él. Gonzalo besó su cabello y apretó con más fuerza con sus brazos el cuerpo de la muchacha sobre él. Por un lado estaba deseando llegar a la casa, por otro no le importaría hacer esa llegada interminable, pero no podía hacer de aquello un paseo. Ella estaba agotada por todo lo que había sufrido, ya llegaría la hora de decirle lo que tanto ansiaba, de amarla... de disfrutarla... tan sólo era un poco de espera. Sólo un poco para un tiempo tan largo, no era mucho.





Capítulo 55... Pensamientos.

La soledad es mi compañera en esta noche aciaga, sólo con mis pensamientos me hallo dentro de la más incierta desesperanza. En la más completa desolación oculto mi cabeza entre mis manos atadas, intento pensar... ¿Qué hice mal?...

Todo... todo lo hice mal, fueron muchos errores los que cometí, muchas equivocaciones... Ahora... ahora es imposible volver atrás... No sé lo que me deparará al llegar el alba, pero quizá no llegue a ver el atardecer... Sin conocer la sentencia, sé cuál es mi condena... No importa cómo me defienda, importa mis ideas, y por ellas... soy hombre muerto...

No siento temor a la muerte, siempre ha sido mi compañera... Si el desasosiego me invade en esta lúgubre celda es sólo el pensar en ti, tú, la mujer que amo... Cuanto desespero de saber que puedo dejar esta vida sin decirte lo que nunca fui capaz de hacer... De no haber tenido el coraje de dar el paso adelante para hablarte, mirarte... besarte... amarte... Sólo con el pensamiento pude llegar a eso...

Mis pensamientos, vuelan a tu encuentro para traerte a mí y decirte lo que nunca te llegué a decir, que mis silencios fueron cobardes y todo para mí lo guardé... No sólo las miradas bastan, también hacen faltan las palabras... Siento que el llanto me ahoga... Te imagino... te veo... te siento... Mis manos quieren rozarte, te esfumas entre ellas y no puedo tocarte... Cuantas noches te soñé que tu cuerpo fue mío... Has calentado mi cama siempre llena de frío, he besado tus labios y sólo el néctar de tu boca a calmado mi sed... Mi aflicción es tan grande... Sólo en sueños te pude tener...

Faltaba tan poco para que supieras de mí, todo lo que por mucho tiempo ansiaste oír... ¡Es tanto lo que sufro por ello!... Es tanto lo que te amo, tanto lo que te necesito... Esta noche, antes de que me llevaran querías decirme algo... ¡Te veía tan hermosa!... ¡Tan radiante!... quise comprender tus palabras, por un momento mi corazón saltó de júbilo... pero ahora, en este momento, pienso que esas palabras quizá no iban dirigidas a mí... quizá eran por él... Quizá quieras darte esa segunda oportunidad de la que me hablabas, pero con él, y aún, en este momento, no puedo dejar de sentir celos... ¡No puedes volver con él!... ¡no puedes!

¿Qué me está pasando?... ¿A las puertas de la muerte y todavía en mi pensamiento no quiero verte con otro?... Ya no es mi pensamiento el que siente, el que habla, es mi alma... ¡mi alma!... Yo que le dije a Sátur que el alma no existe y sin embargo, es lo que habla y siente por mí... Es mi esencia desbocada de este fuego que me quema de tanto quererte... de tanto amarte... de tanto llorarte... Lágrimas rebeldes caen por mi rostro... Lloro de impotencia, de pensar en lo que pudo haber sido y no fue por mi causa... Siempre por mi causa...

Si la vida me diera esa segunda oportunidad, no importa que tu corazón hubiera vuelto de nuevo a él, no me quedaría impasible... ¡Lucharía cómo nunca para volver a enamorarte!... para volver a ver esa mirada llena de amor y que yo, por cobarde, quise desechar...

Levantó la cabeza,  la tenue luz del amanecer entra por el ventanuco... Falta poco, puede que no tarden en venir... Siento que las fuerzas me abandonan... Un escalofrío recorre mi cuerpo y no puedo ni quiero evitar pensar en ella...

Pensamientos traérmela de nuevo... Quiero... quiero decirle que no sufra ni llore por mí padecer, porque por más que castiguen y torturen mi cuerpo, más tortura es no volverla a ver... no volver a perderme en la inmensidad de sus ojos... no volver a embriagarme con el aroma de su cabello... el no sentir su cuerpo también...
Oigo pasos, mi corazón late con fuerza... ya vienen a por mí...

Pensamientos... llevarme con ella otra vez...






Capítulo 56... Las sombras...

Siente en ella, los ojos de los más jóvenes de la casa... Catalina se acaba de marchar y Paca hace que todos se vayan y la dejen sola con ella. Paca es una buena mujer, la consuela. Le dice que ningún hombre merece la pena que ninguna mujer llore por él. Le ofrece un tazón de una humeante infusión a base de tila y azahar. Con manos temblorosas se lo acerca a los labios, bebe a pequeños sorbos aquel líquido caliente. Siente el calor pasar por su acongojada garganta. Sólo puede tomar un poco y deja el tazón de nuevo en la mesa. Paca le enseña una humilde alcoba, en ella dormirá aquella noche y las que hagan falta, compartirá la habitación con su joven hija. Margarita le da las gracias, se sienta en el jergón... suspira...

Siente que se ahoga, necesita estar a solas. Se levanta, le dice a Paca que quiere dar un paseo., que quiere estar a solas por un momento... La mujer comprende. Con una sonrisa en los labios la acompaña hasta la puerta. Le aconseja que no se aleje mucho, que la noche está al caer y ella no conoce el terreno de aquellos campos.

El sol, ya hace tiempo que se ha puesto, no tardará en caer las sombras. Anda con paso vacilante, se adentra por los campos cubiertos de espigas y flores... La primavera deja ver todo su esplendor. Margarita no puede apreciar nada de esto, se acerca a un árbol y se deja caer bajo el verdor de su copa. Encoge las piernas sujetándosela con sus manos a través de su falda, apoya la frente en sus rodillas, rompe a llorar desconsoladamente su desespero... su frustración ¿Por qué? ¿Por qué otra vez ha sentido el dolor del engaño, del amor frustrado? ¿Cómo pudo creer de nuevo en sus palabras?...

Margarita levanta la cabeza. Se recuesta sobre el tronco del árbol. Alza sus ojos al cielo. La noche la tiene encima, las sombras la rodea, siempre las sombras... Una brisa fresca le revuelve los rizos de su negro cabello. Se limpia con el dorso de la mano el rostro anegado por el llanto... Piensa... recuerda... habla sola...

“Siempre supiste que yo no te correspondía con el amor que tú me otorgabas... Sabías que dentro de mí albergaba un sentimiento hacia él más grande que el que yo podía entregarte... Sin embargo, no por eso dejaste de hacerme sentir que yo te importaba, que tu amor estaba por encima de todo... Te quería, por eso, a pesar de tu engaño quise darte esa oportunidad y dármela a mí misma... Quería encontrar la felicidad... quería sentirme amada y aprender con el tiempo a amarte a ti, por eso fui a buscarte... quería encontrar el amor en ti... Iba ilusionada como una niña pero esa ilusión se ha convertido en la más dolorosa frustración al ver que acabas de casarte... ¡Cuántas mentiras por tu parte! ¡Querías mi perdón, mi amor y de nuevo estabas comprometido con otra!... De nuevo volví a caer... Las sombras de nuevo me vuelven a envolver...”


Su mirada llena de llanto busca un punto en el horizonte... Piensa... llora... habla sola...

“De nada sirve huir de lo que te rodea... Quería huir de ti Gonzalo y Juan era mi escape, creía que él me haría feliz, lo creía de veras... Deseaba vivir mi propia felicidad para no vivir siempre la de los demás... ¡Para no vivir la tuya con otra mujer! ¿Es tanto lo qué pido?... Sólo quiero ser feliz...

No he sido capaz de volver a la Villa... No soy capaz de enfrentar la realidad de un nuevo desengaño ante ti y viniendo del mismo hombre, no quiero ver tu mirada de reproche o compasión ¡Eso no podría soportarlo!... No quería que nadie me viera llorar mi desesperanza, no quería que tú me vieras hacerlo, por eso, me encuentro aquí, en estas tierras de labranzas y donde la noche me acoge en el más desolador abrazo... Lloro mi soledad... mi pesar... las sombras que me rodea... Lloro la felicidad que se esfumó, una felicidad que sólo fue una quimera... Mi alma no tiene consuelo porque sé que nunca estaré libre de las sombras, esas sombras que he llevado conmigo siempre...

Sombras cuando con sólo apenas quince años, vi con todo dolor que te alejabas de mí... Sombras cuando conocí a Víctor, sombras cuando volví a la Villa y me volví a reencontrar con tus ojos... Sombras cuando apareció esa mujer en tu vida...

¡Qué poca luz ha alumbrado mi vida!¡mi alma!... ¡Han sido tan pocas veces la que me he visto envuelta en ella!... Hace unas semanas, en la celda donde esperaba la muerte, vi la más hermosa luz que ha iluminado mi vida, mi alma entera... La vi en tu mirada llena de llanto, en el pesar que te invadía pero fue tan poco lo que duró, sólo el tiempo de volver a la casa percibí que esa luz se extinguía... Por eso, mi decisión de intentar ese rencuentro con Juan, de intentar ser feliz y de alejarme de ti, de tu vera... de tu casa... Allí, me rodean las sombras... siempre las sombras...”

Suspira profundamente, se arrebuja en su toca morada como el lirio que florece a  su alrededor. Ni siquiera la luz de la luna la alumbra aquella noche. Nubes de tormenta la ocultan. Su mirada mira al frente. La tenue luz que vislumbra desde el interior de la casa le dice que la están esperando, no quiere hacerles esperar... No quiere que se preocupen, debe volver. Se levanta, siente frío, se cruza más la toca sobre su pecho, se encamina lentamente en dirección a aquella humilde casa... Piensa... se acongoja... habla sola...

“No sé cuantos días estaré aquí, quizá sólo esta noche... No sé que voy a hacer con mi vida, quizá mejor sea que me aleje de la Villa, no sé... Lo que si sé, que nunca podré confiar en ningún otro hombre, para mí dejará de existir el amor... El que tengo clavado en mi alma lo sacaré de ella, te sacaré de mí Gonzalo para poder vivir lejos de ti... Nunca más volveré a mirarme en tus ojos, no quiero llevarme tu amor conmigo si decido irme... No quiero llevarme nada, nada que me recuerde a ti y el amor que te tuve por mucho tiempo... No sé donde podré ir pero donde vaya... no iré sola...

...siempre me acompañarán las sombras, siempre las sombras... y mi amarga soledad”

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eagle

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Miér Ene 13, 2016 6:50 pm

¡Gracias mari carmen, de verdad que la forma en la que cuentas los capítulos le da sentido a tramas que yo a veces ni entendia clapping clapping clapping

El 54, precioso kissing

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Glauka



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MensajeTema: Re: Sentimientos   Mar Ene 19, 2016 1:38 pm

Mari Carmen tienes la habilidad de darle la vuelta totalmente a lo aburrido y mediocre ... a esos capitulos soporiferos e insoportables tu le das luz y otro sabor mas dulce mas ameno.clapping clap

ayyyy que  arte tienes niña!!!! groupwave
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Miér Ene 20, 2016 10:06 pm

Hola!! Very Happy  Eagle, Glauka, gracias!! Se hace lo que se puede y bueno, con esos capítulos no tanto pero ya cuando comienza el desmadre, te entra ganas hasta de tirar la toalla, pero siempre hay algo que hace que te da vuelta a la imaginación y así vamos, poniendo un poco de "sal y pimienta" Rolling Eyes Rolling Eyes Wink  kissing

Quinta temporada.



Capítulo 57... Por mí, por ella...

Esta noche, de nuevo el tejado es refugio para mi pesar. Miro la inmensidad del firmamento y no veo estrellas en ella. Esta noche no hay estrella que me alumbre... Estoy solo con este dolor que me embarga... Equivoqué, equivoqué sus palabras... Me sentí como un niño que se quedaba sin su regalo más hermoso, ni siquiera supe consolarla, la dejé ir y mis ojos se limitaron contemplar el anillo que no pude deslizar en su dedo... ¡Cuánta desesperación es la que siento!... Fue mucho esperar ¡mucho!... Por cobardía la perdí, por no decirle en tantos momentos lo que he sentido y siento por ella... Pienso, que si no hubiera existido esa confusión por mi parte, yo no me hubiera atrevido por mi mismo a hablarle de mi amor...

De alguna manera esas palabras que venían de sus labios y no iban dirigidas a mí, hicieron que me decidiera, sin esas palabras, no lo hubiera hecho... Siempre el miedo ha hecho retenerme ¡Siempre ese miedo! y por ello la he perdido pero... ¿Pero por qué perderla? ¿Por qué decir que no volveré a intentarlo cuándo nunca lo intenté? ¡Nunca quise intentarlo!... Quiero dejar mi cobardía atrás para poder decirle todo lo que la necesito, lo que la amo... lo que la quiero... que mi vida sin ella no tiene sentido, que sólo ella llena mi esencia... Que quiero perderme en sus ojos... sentirla... y en mi lecho, ver con ella despertar una nueva amanecida...

¿Quién me impide hacerlo?... Yo la eché en brazos de Juan y la eché en busca de él, con mis silencios, con hacerle creer lo que no hay entre Mariana, yo, con mi poco luchar... por ¡cobarde!

Pienso en mí mismo y no me pongo a pensar en ella, en todo lo que tiene que estar sufriendo con este nuevo desengaño... No puedo culparla del que yo sufro en carne propia, porque sólo yo soy el único culpable de ello, de su infelicidad y de la mía... Siempre por callar, por esos silencios que llevo conmigo y no se deciden a hablar... Lucharé... lucharé por mí y por ella... Me decidiré a decirle lo que no pude decirle en el atardecer, sólo esperaré un poco, el tiempo que ella necesita para asumir de nuevo su desengaño...

Yo, la ayudaré a olvidarlo para ayudarme a mí mismo a conseguir que su mirada vuelva a reencontrarse con la mía, para volver a ver sus hermosos ojos llenos de amor por mí, para envolverme en su cuerpo y sentirla vibrar con mis caricias... con mis besos... para sentirme dentro de ella y amarla en toda su inmensidad... Para hacerla feliz...

Lo haré... Atrás dejaré mis silencios y mi cobardía... Por mí, por ella...






Capítulo 63... Un hombre más...

Me vuelvo a quedar solo en el tejado. Mi fiel amigo, mi escudero, mi postillón como él dice, ha decidido retirarse a su jergón, según él, quizá mañana tenga que moverse, por aquí, por allá, sonrío ante su forma de decir... Suspiro, mis ojos recorren el firmamento cuajado de estrellas, recuerdo las horas pasadas. Me pregunto... ¿Qué te ha ocurrido Gonzalo de Montalvo? ¿Respuesta?... Simplemente he sucumbido, he sucumbido ante al arma más mortífera, la que envuelve la belleza de una mujer, la de esa mujer... ¿Culpable de haber amado su cuerpo?... No, no tengo porque sentir culpabilidad por ello, tan sólo me dejé llevar... La fiebre, su presencia ante mí, su mano cálida en mi pecho intentando calmar mi desasosiego, su dulce voz... sus ojos azules recorriendo mi rostro, mis labios, los suyos, insinuantes... su piel bajo aquel sutil camisón... el ambiente de aquella alcoba con su toque oriental... Todo... todo aquello me envolvió...

Me sentí envuelto en una nube de deseos... No escuché a mi mente, no sentí a mi corazón... Sólo mi cuerpo era el que me hablaba, el que sentía... Mi cuerpo pedía sentirse amado, necesitaba llenarme de ella, llenarme de esa piel que rozaba la mía... Esa nube como una hermosa ensoñación hizo que mi instinto de hombre por tanto tiempo controlado despertara a su contacto... Mis ansias... mis anhelos por sentirme dentro de ella se hicieron aún más fuerte... Ella, con sus caricias, con su entrega hizo de esa ensoñación una realidad... Una realidad que hizo detenerse al tiempo para olvidarme de todo hasta perder la noción de las cosas...Una noche de deslumbrante pasión para un despertar lleno de confusión...

Abrí los ojos, me sentía bien, relajado pero confundido ante aquella pasión por una desconocida mujer, tú... Tú, ejerciste sobre mí nada más verte, una gran atracción... Sentí mi cuerpo liberado por tanto tiempo bajo el autocontrol que me había impuesto... Tú, en el lecho parecías dormir plácidamente, no estaba junto a ti... Pensaba en lo que había ocurrido durante la madrugada, aún sentía en mí el calor de tus labios ardientes, sin embargo no hice por acercarme a ti, no hice por rodearte con mis brazos... no hice por hablarte...

Tu dulce voz me sacó de mis pensamientos... Me sonreíste, ninguno hizo por acercarse al otro, me invitaste a desayunar, no acepté... Nos despedimos sin más... A pesar de la euforia por parte de mi fiel amigo, al salir de aquella casa, de tu casa, mi intención no era volver a ella... Volví, tuve que volver por recuperar el traje del guerrero... Quise tener una atención contigo, te llevé el libro... Te sentí distante, nerviosa, más no perdiste tu delicadeza. La presencia de aquel hombre, tu forma tan cercana hacia él, me hizo comprender que allí estaba demás... No me sentí herido por ver que estabas acompañada, no tenía por qué, pero si sentí algo de desconcierto, quizá porque algo se escapaba a mi alcance... Con la vuelta a casa, mis pensamientos sólo lo ocupó el averiguar lo que ocurría en el bosque... Nada podía comprender de lo que estaba ocurriendo, sólo cuando aquel botón lo tuve entre mis dedos, entonces si lo tuve claro...

No titubeé al ir a por ti, ni siquiera lo que me hiciste sentir la noche anterior iba a impedir que pagaras por ello... No negaste nada ante mí, no tuviste escrúpulo ninguno al decirme que ¡trabajas para quien mejor te paga!... ¡Qué tus caprichos son caros!... Vuelvo a preguntarme si me siento culpable de haber sucumbido a tus encantos y ante mis propios deseos... ¡No! para nada tengo que sentirme culpable de ello, fui tan sólo un hombre que reaccionó ante una hermosa mujer. No puedo sentir culpabilidad de eso, pero si me siento un ¡maldito imbécil!... Un imbécil por no darme cuenta de lo que escondías bajo tu belleza... Mientras esa noche estuve entre tus brazos, en esa alcoba llena de encanto, llena de esencias orientales que embriagaba mis sentidos, esa alcoba como toda aquella casa, estaba envuelta en una tela de araña tejida por ti, una tela de araña y que su tejedora, lleva mucho veneno dentro...

¿Cómo me siento en estos momentos?... Quizá herido, herido en mi orgullo de hombre y frustrado como guerrero. Fuiste más lista que yo, fuiste hábil  para dejarme fuera de combate. Siento, siento también que inconscientemente he traicionado a mi corazón y el sentir de una mirada... Con todo esto, me doy cuenta que soy un hombre más, un hombre más de tanto, con sus virtudes y sus fallos, nadie es perfecto... ¿Darte las gracias por dejarme con vida?... Debía hacerlo, se supone que soy un caballero, sin dártela, dalo por hecho, mi vida por todas las que has sesgado, quizá un día, te arrepientas haberme dejado con ella... Algo, algo me dice que nos volveremos a encontrar y te prometo, te prometo que la próxima vez no te será fácil evadirte de mí Eva de Almeida... Es cuestión de justicia...

Puede que en estos momentos te preguntes, si la noche pasada, una noche de desbordante pasión donde utilizaste tus dotes más poderosas, hayas podido dejar huella en mí, te digo que no... No puedes dejarme huella cuando sólo me perdí en tu cuerpo, pero en ningún momento me perdí en tus ojos azules...Tan sólo puedo perderme en unos penetrantes ojos negros como la noche... Ellos, tan sólo ellos, hacen que con su mirada pueda sentir que mi cuerpo vibre sin necesidad que sus manos roce mi piel para sentir la suya, sólo ellos, pueden hacerme soñar que su cuerpo, su delicado cuerpo pueda ser un día gozo para el mío... Hasta entonces, son sus ojos los que me enamoran, son sus ojos, los que llenan de placer infinito mi esencia de hombre... Sólo sus ojos pueden hacer que me pierda en ellos, sólo ellos, hacen sentir amor...






Capítulo 64... Orgullo de padre.

No es fácil siempre estar a la altura de lo que quieren los demás. A veces me siento cansado, aburrido... He preferido dejar los eventos de este día... Sin embargo, he preferido aceptar este juego tan singular como regalo de mi santo. Al parecer todavía hay súbditos que saben entretener a su rey... Doy la voz para que comiencen los juegos. Los cuernos suenan, los gladiadores hacen su aparición, saludan con las espadas en alto... Sonrío complacido... Abren la reja, salen los primeros contrincantes. Los gladiadores esperan, la lucha no tarda en entablarse... Miro, disfruto, me doy cuenta que hay gran diferencia entre los combatientes... La sangre mancha la arena... Los ganadores alzan sus brazos en señal triunfante con el júbilo de los que aquí, en el circo se congregan, incluido yo ¡el rey!...

Aparecen nuevos gladiadores, de nuevo la cancela se abre... Aprecio cierto temor en los hombres que salen del foso, algo me dice que no son combatientes preparados. Me acomodo en mi asiento. Sigo expectante la lucha desigual que se desarrolla en la arena... No tardan mucho en poner fin al combate, retiran a los heridos, a los que han caído, la sangre queda en la arena... Los ganadores alzan sus brazos, en esta ocasión bajo la disconformidad de una mayoría... Siento algo de desconcierto, aplaudo más ya no hay brío en ello, no me parece un juego lo que aprecian mis ojos, es mucha la sangre derramada... El promotor del espectáculo se inclina, me dice...”Majestad, ahora viene el plato fuerte” Contesto... ”Estoy deseando verlo” Los cuernos de nuevo se hacen sonar... La reja se abre...

Sale del foso con pasos pausados y con espada en una mano, escudo en la otra... Su cara queda oculta bajo una máscara de estaño, el cabello rubio... Me da la sensación que es un niño, su frágil cuerpo me lo dice. A los niños no se les están permitido esta clase de juegos, estoy por pedirle al organizador que haga por interrumpir el espectáculo, algo me detiene... Sigo observando al muchachito, los pasos lo llevan hasta el centro de la arena. En la misma, hace acto de presencia dos hombres dispuesto a la lucha, ésta no se hace esperar con el primer embiste... El chiquillo lo hace con un golpe de su espada sobre uno de los gladiadores, la repuesta de ellos no se hace esperar... La gente aplaude con estruendo, también se escuchan abucheos... Los dos hombres arremeten contra el niño, éste se defiende con coraje, la fuerza de sus adversarios sobre su escudo le hace perder el equilibrio... Cae en la arena... Su escudo se incrusta en ella...

Todo sucede como si pasara un rayo, veloz como el propio viento... Su pie, vestido por la bota pisa el escudo del muchacho, impulsa su cuerpo como si llevara alas, vuela, cae sobre los dos luchadores... En cada mano una espada... Es joven, ágil... El sol no me deja ver bien sus facciones... Lucha con ímpetu... con fuerza... su cabello al viento... Consigo ver su rostro... ¡Mi corazón late con fuerza! ¡Nunca lo he sentido como en estos momentos! mis manos se aferran a los brazos del sitial. Siento mi pulso palpitar en mis venas hasta dolerme la muñecas ¡Eres el maestro! Gonzalo de Montalvo ¡Mi hijo!... Mis ojos ávidos te ven luchar ¡con furia! ¡con rabia! intentas proteger con tu cuerpo al del muchacho... ¡Siento temor!... ¡siento orgullo!...¡Eres valiente! te mueves con destreza, paras y asesta bien los golpes de espada de los dos contrincantes... Tu afán, seguir protegiendo al niño. Contengo la respiración, mi corazón siente un gran desconsuelo, quedas desarmado de una espada, luego quedas de la otra... Intentas defenderte, luchas con un escudo... El acero cobarde te cruza la espalda ¡estás herido! no llegas a caer, sigues peleando...

Te golpean brutalmente, caes en la arena... Necesito dar por terminado este maldito juego, las palabras mueren en mi garganta...¡Maldigo  a quien me hizo este regalo!... El muchacho se revuelve intentando enfrentarse a los luchadores... Tú, mi hijo, en la arena intentas incorporarte... Un golpe hace caer al muchacho, pierde la máscara... Siento morir al ver que es ¡mi nieto!... mi nieto, Alonso de Montalvo... En estos momentos, comprendo tu furia salvaje hijo igual que la de un león, ¡defiendes a tu cachorro!... No me sale la voz, necesito poner fin a esto... Mi hijo, mi nieto, mi sangre no puede regar la arena ¡es sangre de reyes!... Mi alma se sobrecoge, uno de los luchadores alza su espada para hacerla caer sobre el cuerpo de Alonso... Siento tu grito en mi alma...”¡¡No!!”... Con tu cuerpo protege el de tu hijo, mi nieto... ¡Cuánto orgullo el ser tu padre!... Mi corazón habla lo que mis labios no pueden decir... Me levanto, apenas tengo fuerzas... La emoción me embarga, mi voz consigue salir de mi garganta...¡¡Parad en nombre de vuestro rey!!... Nuestras miradas se cruzan...






Capítulo 65... Siento que te pierdo.

Allá quedó el orgullo vencedor ante los ingleses. Allá quedó el júbilo, los vítores... Vuelvo a envolverme en la soledad, una soledad en el silencio de mi alcoba, vuelvo más que nunca a sentir la frialdad de mi lecho, hoy he vuelto a sentir que te pierdo y mi corazón vuelve a llorar por ello... Nadie sabe el pesar que me abruma, más sólo yo soy el causante de todo esto... Siento que te tengo ¡Qué estás ahí!... Te toco en mis sueños, siento que me embriago igual que un borracho y deseo beber de ti pero con dolor veo que como una quimera te alejas de mí... Hay unos ojos que los tuyos buscan, tus ojos sonríen, no los rehuyes ¡No te pierdas en ellos!... piérdete en mí...

Vuelvo a sentir celos, ¡celos al ver cómo ese hombre te habla! ¡te mira!... Esta mañana volví a sentir mi corazón herido, te ha pedido que con él, a Inglaterra lo acompañes... No me viste, más te lo escuché decir... Estuve por suplicarte, que no ¡qué no lo hicieras! que no te fueras de la Villa... Aquí, aquí, hay un maestro que su amor de niño sigue latiendo como el primer día pero con más fuerza aún, con un fuego abrasador ¡que por dentro me quema!... Callé, te vi marchar con el corazón sobrecogido... Siento que de nuevo te pierdo...

Me confío... Me confié al creerte segura, que después de Juan tu corazón ya nadie me lo arrebataría... ¡Qué iluso! ¿Qué puedo esperar? y es tan sencillo... Si sólo con dejar mis silencios yo puedo que tu corazón me vuelva a amar ¡pero no!... Siento, siento que te pierdo, más nada hago para retenerte a mi vera, para amarte con desvelos todos los días con cada una de sus noches ¡y con el alma entera!

Gané la justa. Ante mí, tenía a mi rival, el hombre que te pretende con su galantería ¡un militar!...Yo sólo soy un maestro, tan sólo eso nada más, pero con un amor tan inmenso por ti, que nadie nunca lo logrará igualar... Le gané, le gané en buena lid, los celos me desbordaron e hicieron fuerza en mí... Más él, tiene una batalla ya ganada en la que yo no puedo combatir, él con sus palabras te engalana, yo con mis silencios esa lucha la perdí, para mí ya no es fácil ganarla... Siento que te pierdo...

Quiero cerrar los ojos y que pronto venga la mañana, que el inglés haya tomado su camino y con tu presencia alientes de sosiego mi esencia de sufrimiento dañada... ¡Sufro por mí! ¡Siento temor por ti! no quiero que vuelvas a sufrir por amor. Mucho debe sentir él por ti para traicionar a su rey dejándome vivir a mí, más algo me dice que no confíes... A veces mi amada, nos equivocan las miradas... Quizá sean los celos, pueden ser que ellos me hacen pensar, presentir con recelo...

Los celos me duelen ¡duelen en el alma! más no los puedo evitar... ¿Cómo no sufrir? ¿Cómo no llorar? no es fácil aceptar que de nuevo de mí te puedes volver a alejar... ¡Tengo miedo a perderte!... Quiero calmar mi llanto, un llanto que me ahoga porque aún sin saber si te marchas ya te estoy echando en falta... ¡Es tanto lo que te necesito!... es tanto lo que te añoro, que me muerdo los labios para no gritar mi angustia por tanto pesar y desengaño...
Lloro mi miedo, más sólo tú mi amor puedes paliar mi llanto, mi temor ¡y estos malditos celos que laceran mi corazón!

Siento que te pierdo, más la culpa de ello... ¡Tan sólo mis silencios!






Capítulo 66... Recuperar mis sueños.

Lo ve salir por la puerta, se queda sola. Sus pasos la conduce de nuevo a sentarse ante al fuego... Siente su corazón latir con fuerza, el calor del hogar no le quita el frió que la invade... Siente miedo ante lo desconocido, todo le parece un mal sueño... La mente del capitán la llena de gran temor... Sentada ante el fuego deja escapar las lágrimas...

¿A dónde me lleva mi desesperanza? ¿A dónde lleva tanto desatino que pido con ansia la muerte, antes que corten mis alas para no escoger mi propio destino?

Llora su soledad, su desamparo... Habla sola...

¡No quiero castillos!... ¡No quiero un mundo de oros ni de rubís...! No quiero conocer ese mundo que me lleva tan fuera de ti... Quiero tu casa, quiero tu sonreír, quiero tu mirada... Con ella me acaricias, es lo que me hace sentir... ¡No quiero que otras manos me toquen!... No quiero ese sentir, no quiero que otra mirada me hable... sólo nací para ti...

Se ahoga, piensa en su amado... Su rostro ve reflejado en el fuego, lo ve lleno de reproches... El inglés se ha valido de mentiras. A través de esa carta le ha hecho creer lo que no es. Le duele saber lo que pueda estar pensando de ella, más comprende lo que debe sentir... Se va de la vida de ellos y ni siquiera se ha despedido...

¿Irme de tu lado? nunca por mi voluntad lo haría... Aunque lo intenté por muchas veces, el destino no quiso que fuera así. Tuve que aceptar lo evidente, sólo por ti, mi corazón latiría... Ahora, ese destino y la locura de un hombre, me aleja de ti. Siento que me ahogo en esta prisión de amor enfermizo... ¡Quiero mis sueños!... Soy feliz así, sueño que estoy contigo... que te amo, que me amas, eso, nadie lo pudo impedir... Tiemblo al pensar, me estremezco de dolor, sé, que cuando cruce la mar, mis sueños se irán quedando atrás...

Se levanta... la congoja no la deja respirar...

¿Quién es él para quitarme mis sueños?... ¿Quién es para darme un amor que no le he pedido?... ¿Quién es para alejarme de quien siempre he amado y he querido?... ¡Maldito sea el inglés que de ti me aparta! que por su causa, no volveré a mirarme en tus ojos y pierdo la esperanza a que un día me amaras... ¡Cuánta soledad siento en el alma!... Cuánta amargura es la que me embarga!... Maldigo la mañana que me salvó en el lago, para luego irme matando con su mente desquiciada...

Nunca cómo hasta este momento siento mi amor tan perdido... Me voy de ti mi maestro amado, sin decirte todo lo que tú, a mi vida has dado... ¡Quiero recuperar mis sueños!... quiero volver a ser libre para volar hacia ti, pero cautiva soy de un loco y de su maldito querer... Sólo un milagro puede romper las cadenas de martirio que sin desearlo el destino me ha forjado...


Detiene sus pasos por aquella elegante estancia... Gira la cabeza... Sus ojos se posan en el vestido de boda, siente que desfallece de saber que quiere hacerla su esposa...
¡No quiero vestido de novia!... ¡No quiero cubrirme de azahares!... Con él, mi esencia de mujer sólo se puede vestir de pesares... Voy a volverme loca ¡loca de tanto pensar!... Loca de saber que ya nunca podré soñar que tú me podrás amar... Loca de no sentir tus labios en mí, loca de saber que él, los pueda besar...

El escalofrío recorre su cuerpo... No quiero pensar en ello, quiere pensar que el milagro se obra... Antes de que llegue al mar, despertará en sus fuerte brazos, la cobijará en ellos,  escuchará su dulce voz...”Todo está bien Margarita...

Ven a por mí, mi maestro amado... Ven para que seques mi llanto y volver amarte en mis sueños... Ven a liberarme de estas garras que me aprisionan de rabia y desespero... Mi corazón late desbordado... Te siento, no tardes, te espero... Algo me dice, que esto no es un sueño...
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eagle

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Jue Ene 21, 2016 5:52 pm

Mari Carmen clapping clapping

Me ha encantado ver la lucha de gladiadores desde los ojos del rey. jawdrop

Estoy con glauka ¿como consigues que episodios que eran un sinsentido lo tengan? throb

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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Dom Ene 24, 2016 6:09 pm

Hola!! Very Happy Eagle, ni yo misma lo sé Embarassed Embarassed Gracias guapa kissing

Vamos con lo último de la quinta.

Quinta temporada.



Capítulo 67... Esperanza, paloma blanca...

El tiempo se agota, mis fuerzas también... Un aleteo escuchan mis oídos, una paloma blanca se posa en el alféizar de la  ventana ¡Ella es mi esperanza!... Con sigilo entre mis manos la tomo acariciándola... No hay tinta, con mi sangre escribo mi deseo que con ella me ha de venir... ¡Vuela paloma! ¡vuela!... vuela hacia donde está él, dile que nunca escribí esa carta y que sólo él, puede sacarme de aquí...

Mis manos se abren para que prenda su vuelo... La veo surcar el azul del cielo abriendo sus blancas alas... ¡Quien fuera paloma para salir de este cautiverio y volar junto ti!... Que sean tus brazos quienes me encierren para en ellos de gozo dejarme morir... Mis ojos la pierden en el horizonte, ya la paloma ha tomado su rumbo, tan sólo queda la espera, la vuelta... Tú eres mi esperanza paloma blanca, vuelve pronto a mí...

El tiempo pasa... Las sombras de la noche se dejan ver, paseo por la estancia, mis ojos no dejan de mirar la ventana...

No he descansado, no he probado bocado alguno, no quiere tomar nada que venga de él... La puerta se abre, mi carcelero vuelve a aparecer... De nuevo a solas me quedo con él... No quiero la dulzura con la que habla, no quiero tenerlo a mi vera, ¡sólo que me deje sola para llorar mi pena!... Sale de la estancia, no tardará en volver...

Todo pasa vertiginosamente por mi mente... Sé, que la vida me va en ello, puedo morir en el empeño... ¿Pero no es muerte lo que vivo aquí dentro?... Tomo las agarraderas de las cortinas, las uno, las dejo caer sobre el hierro de la lámpara, es mi única opción ya que el tiempo pasa y no regresa mi esperanza... Rodeo mi garganta con la roja tela, mis ojos no dejan de mirar la puerta... Escucho que alguien se acerca, trago saliva y haciendo impulso sobre la silla, mi cuerpo se balancea... Percibo que corre hacia mí, con el cuchillo corta lo que me ahoga, siento su desesperación, me tiende en el suelo, mantengo los ojos cerrados... Escucho su voz, intenta reanimarme, no se da cuenta y mis manos al cuchillo se aferran...

Antes que mi carcelero se dé cuenta, tiene en su cuello la muerte cerca...”Te dije que no nos sometíamos tan fácilmente”... No hace por moverse, aprieto el arma blanca sobre su garganta... Tengo la oportunidad de acabar con mi sufrir, de acabar con el infierno donde él me ha hecho sucumbir... Es tan fácil hacerlo, sólo apretar un poco más y sería hombre muerto pero de nada ha servido mi artimaña... Algo me detiene, algo me dice que no debo hacerlo. Mis ojos no dejan de mirar los ojos que me miran a mí... Siento que mi mano pierde presión, la dejó caer... Mi carcelero termina por quitarme el arma... Nada me dice, sólo se levanta y con desaliento lo veo salir...

Mis ojos vuelven a la ventana... Mi corazón me dice, que no regresa mi esperanza...

El tiempo pasa... La luz de la mañana me halla despierta en la cama, mi alma se viene abajo... ¿Dónde estás paloma blanca?... ¿Dónde estás que mi amor no viene a por mí?... Temo que las fuerzas me abandonen, que cuando él venga ya sea tarde para mí. Siento que el cansancio me invade más no quiero rendirme aún... Sentada en el gran lecho mi esencia se desmorona... Mis ojos se posan en el vestido de novia, me levanto, lentamente me acerco a la mesa... Mi mano temblorosa roza la sutil y blanca seda, mis manos como una caricia toman el velo de encajes y blondas...

Esbozo una triste sonrisa... Mi mente vuelve a poco tiempo atrás, a la boda de los amigos, a nuestras miradas... Vuelvo a revivir el momento del baile, el baile más hermoso que nunca he vivido... Cierro los ojos, me dejo envolver como en una nube, me dejo llevar por la música de tus dulces manos, al son pausado de tu esbelto cuerpo... Me pierdo, me pierdo en tu mirada Gonzalo... De nuevo, en este momento, siento que todo mi cuerpo de mujer se estremece al recordar tus ojos mirando los míos... Soñé, que con tu mirada me decías lo que de tus labios nunca escucharía... Con aquella mirada tuya, mi corazón desbordante de anhelos me gritó que te quería, que de pensamiento, cuerpo y alma siempre te amaría...
Mis ojos negros vuelven a llenarse de lágrimas... ¡Qué cerca y lejos queda todo aquello!... ¡Qué lejos de ver mis sueños cumplidos!... ¡Qué pena la mía de no casarme contigo!... Dejo de acariciar las sedas y tules... Estas telas no son para mí... ¡No quiero ser esposa de un carcelero!... más si lo sería de ti...

Mis ojos llenos de llanto y desespero miran la ventana... Ansío escuchar el revoloteo de tus alas blancas diciéndome que estás ahí...

... Esperanza no me abandones, regresa... pero contigo, tráeme a él...





Capítulo 68... Con el pensamiento puesto en él...

La incertidumbre y el temor se pasean por la estancia minando el ánimo de Margarita y Satur. Después del intento de Satur de salir de aquellos muros, sólo queda esperar un milagro. El buen hombre se siente culpable por la decisión de la muchacha al ceder a las pretensiones del capitán Walcot para salvarlo de morir a manos de los ingleses. Los dos llevan un tiempo en silencio sentado al pie del ventanal. Una ventana que es sellada con cadenas al descubrirse la huida de Irene, no iban a dar opción a que a través de la ventana alguien pudiera verla... Satur gira la cabeza, toma las manos de la joven.

- Tenga fe señora, ya verá como el amo vendrá por nosotros... Dios nuestro señor no va a permitir que usté se case con ese maldito inglés...

Margarita levanta su rostro para mirarlo, en sus penetrantes ojos negros afloran las lágrimas. Su voz se escucha enronquecida – No Satur, aunque él sepa que yo me encuentro en este castillo, él no vendrá... ¡Qué importa dónde me encuentre!... Gonzalo recibió una carta que se supone que yo envíe despidiéndome de él, de todos vosotros...

- ¡¡Pero no es así!!...

- No es así Sátur pero él no lo sabe... ¡No puede saberlo!... ¡Quién sabe lo que puede haber pensado de mí!... quien sabe...
Satur se conmueve al escucharla, toma sus manos, las estrechas con fuerzas - ¡No!... El amo, nunca pensó mal de usted y... y escúcheme... Yo, yo sé que él va a sacarla de aquí, en cuanto vea que no vuelvo se pondrá en camino ya lo verá...

Margarita se deshace con delicadeza de aquellas manos que intentan confortarla poniéndose en pie. Se limpia el rostro de llanto con el dorso de su mano – Satur, tu tardanza no va a ser que crea que estás aquí, conmigo, puede pensar cualquier cosa... En ningún momento le dijiste que ibas a venir hasta el castillo...

- ¡Maldita sea mi estampa!....- se levanta del banco y se acerca a la joven que se halla ante la chimenea – Si no se lo dije, es... es porque el amo lleva unos días de aquí te espero...
Margarita vuelva la cabeza algo consternada - ¿Ocurre algo?...
- Bueno, usté sabe como es el amo ¡terco como una mula! y cuando las cosas no le salen bien, pues eso... que más vale callarse uno y no calentarle la cabeza, pero no se preocupe que sólo son cosas sin importancia...

- Claro Sátur qué puede preocuparle a él cómo no sean cosas de la escuela, además ¿qué puede hacer él solo?... Tendría que acudir a la autoridad y en estos momentos, no creo que el Comisario esté en disposiciones de nada y de nadie...- se dejó caer en la banqueta abatida alargando sus manos al calor del fuego.

Satur no sabe que decir. No puede decir nada ¡nada!... Se aleja de la chimenea, vuelve a sentarse ante la ventana... No deja de darle vuelta a la cabeza...

“Amo... por la virgen santísima venga usté como el maestro o como Águila ¡pero venga hombre de Dios!... ¡Venga!... que esta preciosa mujer se nos casa con el inglés y usté no vuelve a verla en lo que le queda de vida... Pobrecita, usté creyendo, bueno usted y yo, creyendo que se había ido y es prisionera de un loco... Un loco que si no es por el sacrificio de ella, en estos momentos no estaría hablando con usté aunque sea con el pensamiento, pero no sé lo que será peor, porque yo irme a Inglaterra cómo que no... ¡Amo que yo no me veo allí! que aunque en la Villa las cosas van de mal en peor y que consten que no lo digo por usté, prefiero seguir siendo su criado... su postillón y no servir a un mal nacío..."

Sus ojos se posan en Margarita que con la cabeza baja pierde su mirada a través de las llamas, como si su alma poco a poco se fuera extinguiendo con ellas. Satur siente un ahogo subirle a la garganta.

– “Amo... las fuerzas de Margarita están por romperse, la veo por hora languidecer poco a poco... Amo, que siente que su vida se apaga con este casamiento... Sabe que ya no habrá vuelta atrás, que eso la llevará a alejarse de sus seres queridos... Alonso, usté... ¡Si amo de usté!... ¡Terco más que terco!... Amo, que la vida de ella cómo la mía, depende de usté, ¡sólo de usté!

Margarita ignorante de los pensamientos de Satur, se sume en los suyos propios. Siente que no puede más, la zozobra la invade... La tarde lentamente llegará para verse en el peor de los infiernos, porque eso es para ella el ser la esposa de aquel hombre, un hombre que ella no ha escogido, un hombre al que nunca podrá amar. Si ha cedido, ha sido por Satur, para librarle de una muerte cierta.... Piensa en Gonzalo... Daría su vida por ver su mirada por última vez... Se cubre el rostro con las manos... Un ahogado sollozo rompe en su garganta, musita unas palabras en baja voz...


Ya no hay esperanza que me salve de esta amarga agonía.
Mi alma languidece según va pasando el día.
Mi esencia ya está muerta al sentirme del él esposa y prisionera.
Tengo que vestir de novia tan blanca como el azahar,
más negra es la mortaja que mi cuerpo cubrirá.

Siento que llega la noche, siento sus manos en mí.
Cierro los ojos para no adelantar mi sufrir...
¿Por qué no puedo amar libremente? ¿Por qué no puedo ser feliz?
Sólo cerrando los ojos, de quien amo me puedo invadir...
tan sólo soñando te amo y mi cuerpo es amado por ti.

¡Abrázame!... Abrázame mi amado para darme fuerzas y no decaer.
Déjame sentir el calor de tus brazos para conmigo tener...
Déjame que me lleve tu hermosa mirada, déjame,
ella alumbrará mis tristezas y los días de sombras que la vida me han de traer...

Cinco campanadas escucho dar...
Tocan a muerto ya que por mí sonando están...
ya es la hora, el inglés esperándome se hallará...
Visto mi negra mortaja, porque tan sólo muerta mi amor ¡él me tendrá!





Capítulo 69... Yo, simplemente soy...

Las sombras de la noche caen sobre el tejado. Ni siquiera escucha el bullir de la gente, ni la música. Con la cabeza baja deja escapar su pesar en una congoja. En sus ojos cerrados, ve a las dos mujeres que más ama, a una la tiene con él, la otra, ya no se halla... Se pregunta... ¿Por qué?... ¿Por qué no llegó a tiempo?... ¿Por qué la vida no le dio la oportunidad de salvarla?... La había tenido tan cerca de él, tan cerca...

No lo escucha, no lo puede ver... Sólo siente que una suave brisa lo envuelve...


“No debes de acongojarte, nada podías hacer... Yo soy quien mueve los hilos de cada paso que das, aunque a veces me ayudas a ello... Tenías dos opciones en tu mano, tu corazón latía por las dos, yo sólo te empujé a escoger la que debía, por la que te llena el alma, por la que tu esencia de hombre suspira... Ella, tu madre, tenía señalado su periodo, su momento, simplemente se terminó su ciclo... Soy parte de ti, de vosotros desde el comienzo de los tiempos... Desde que naciste me llevas dentro... Rijo tu sendero, no siempre son los acertados pero sin mí, tu hado no estaría marcado...

Sé, que tienes motivos para maldecirme, juego a mi capricho, a mí antojo, lo trastoco todo siendo a veces cruel contigo... También soy generoso dejándote a tu libre albedrío... Si algo no te sale como quisieres, no me culpes a mí, de eso...

No tengo sexo, más soy hombre o mujer dentro de quien esté... Soy brisa y viento para llevar y traer... Hoy, sólo soy una máscara más, pero daría lo que fuera porque por un momento ser mujer para envolverte en mis brazos, consolar tu llanto y aliviar tu padecer... No siento, ni sufro más veo el pesar o la alegría en la que te puedo envolver...

No te aflijas, por ella, por tu madre ya nada puedes hacer, ahora, ya descansa en paz... Por la que llena tu corazón de hombre, por tu amada, puedes hacer y mucho, te necesita... Seca tu llanto y ve con la dueña de tu alma... Duerme desasosegada, inquieta, han sido muchos días de encierro... Siéntate junto a ella, acaríciala, vela su sueño y ámala aunque sea con tu silencio... Ella se sentirá aliviada y eso a ti, te ayudará en tu duelo... Puedes ir tranquilo, esta vez no entorpeceré tu camino...”


Gonzalo levanta su rostro... Sus ojos brillantes por las lágrimas alzan al firmamento su mirada, suspira... Sólo nubes de tormentas se dejan ver. Esta noche tampoco hay estrellas que lo alumbren... Siente frío, se pasa sus manos por la cara secando su llanto... Debe calmarse y dejar el tejado, algo le dice que ella lo necesita, quizá no duerma tranquila... Quiere estar a su lado, acompañarla, velando su sueño... No quiere que se despierte asustada, esos días de cautiverio no hará fácil que duerma sosegada...

Se pone en pie... Con pasos pausados se dirige a la ventana, está por pasarla, se vuelve... Sus ojos recorren el tejado... Tiene una sensación extraña, la impresión de que no está solo, sin embargo nada ni nadie se encuentra allí, sólo las sombras caen sobre las húmedas tejas... Vuelve a suspirar... Pasa al interior dejando atrás parte de su pesar...


“Yo me quedo aquí, en el tejado, desde este lugar observo la Villa... Es martes de Carnaval, noche de risas, de lujuria debajo de un disfraz... Veo la bulla, el gentío, hay algarabía más nadie se da cuenta que su sino con ellos va... Nada más que de la media noche, sus vidas en un brusco vuelco se verán... Aprovecha estar con ella, con tu amada, ya que nada más que la mañana venga, de nuevo he de mover tus cuerdas...

Es mi misión el guiar tu camino... Es mi cometido para lo bueno cómo para lo malo... De cómo te vaya en la vida, sólo depende de ti y de mí... Soy quien soy y no lo puedo cambiar... Te traigo la desazón cómo la paz, te puedo hacer reír o llorar...

Soy quien a veces te llena la vida de desatino, de tanto desconcierto... Las cosas no las puedo diversificar ya que en mis manos no sólo están... Yo, simplemente soy, quien soy... Tan sólo... tu  Destino...”
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Vie Ene 29, 2016 11:23 pm

Sexta temporada.

Capítulo 70  No me dejes sin ellas...



Deja pasear su acuosa mirada por la guarida. Aquella estancia que siempre es para él, su refugio, su lugar de sosiego, es en este momento lugar de desespero, incluso las velas oscilando alrededor de él, y desprendiendo ese aroma tan peculiar, le hacen sentir cierto vértigo, nauseas. Su mente no deja de pensar y con ello, su tormento... ¿Por qué?... ¿Por qué la vida ha jugado con él de esa manera?... No llegó a tiempo para salvarla, y quizá un inocente muera cuando ha querido vengarla... Sus ojos, brillantes por las lágrimas se pasean por el habitáculo, se posan en el perchero, la ropa de guerrero prende de él, es tal la impotencia, la rabia, el dolor que siente, que arremete su furia contra la mesa que tiene ante él dejándola caer al suelo... En el piso de madera, se esparce todos los objetos que se encuentra en ella... Su respiración se acelera, se siente como un animal herido, preso de sí mismo y donde no encuentra escape a su aflicción... a su pena...

Con desesperación se deja caer sentándose en una silla. Se mira las manos, en ellas, aún tiene vestigio de la tierra húmeda, de la tierra rojiza que abriga el cuerpo de su madre. La congoja sube a su pecho apretándolo hasta quedar sin aliento, a sus ojos, lágrimas que se deslizan por sus mejillas y no quiere retener... Él, vuelve a su mente... No puede dejar de pensar en él, y lo maldice... No quisiera hacerlo, pero lo hace... Maldice a quien por tanto tiempo, años, guardó aquel secreto y que ha llevado a su madre a la tumba, y él, su hijo, todavía no sabe el porqué, no sabe la causa... Toda su vida, fue una mentira... Una vida llena de engaños y que en aquellos momentos, más que nunca, sufre por ello...  

Quizá, si la verdad hubiera salido a la luz en un tiempo pasado, las cosas hubieran sido de otra manera. Quizá, su madre estaría viva, quizá su hermano, no sería quien es, un asesino... Un asesino, que mató, primero a su esposa, y tan sólo hace unas horas, a su madre, a la madre de ambos... Las que les dio el ser, de la que no pudo disfrutar. ¿Qué o quienes se esconden tras la muerte de su madre?... Sabe, que su hermano la ha matado, pero también sabe, intuye, que sólo ha sido la mano ejecutora... ¿Por qué su madre permaneció toda una vida encerrada para protegerlos?... ¿Quién es su padre?... ¿Está vivo?... Cuantas y cuantas preguntas...

Preguntas que fluyen en su cabeza, que queman su alma hasta hacerle gemir pero no hay respuestas. Nunca terminó de encontrarlas... Sólo él, hubiera podido contestarlas, pero no lo hizo, no pudo ser. En aquella ocasión, tampoco el guerrero llegó a tiempo y por eso, en aquel instante, se odia así mismo y lo odia a él... Odia, a quien un buen día apareció en su vida, ni siquiera recuerda cuando... Piensa, que siempre estuvo ahí, con él... Fue su amigo, su protector, su maestro... pero guardador de secretos...

El maestro, se rebela ante lo que piensa, ante ese sentimiento de rencor. Siente que un nudo la atenaza la garganta... Un sollozo se rompe en ella...

- ¡¿Quién soy yo, para odiarlo?!... ¡¿Quién soy yo para juzgarlo, cuando yo más que nadie, estoy rodeado de ello?!... Yo, que mi secreto y mis silencios me acompañan y como lozas, conmigo acuesta los llevo... Yo, que por mi afán de venganza, he arrastrado a un inocente a estar en un lecho de muerte...

Más que nunca, recuerda las palabras del amigo, del protector... del maestro... “La venganza es peligrosa... Sabes dónde está el principio, pero no sabes dónde nos conduce...”

Solloza al recordar aquellas palabras. Solloza al recordarlo a él, cuando juntos en el tejado, le enseñaba a leer y entender las estrellas... Esconde la cabeza entre sus manos... Musita casi en silencio...

- Perdóname Agustín... perdóname amigo... El dolor, la rabia... la consternación, han pensado por mí... No sabes, como desearía tenerte a mí lado como cuando era niño, cuando velabas por mí... Es tanto lo que te necesito en estos momentos... Ahora... aquí...

Gonzalo, levanta la vista. Lo busca en la tenue luz de la estancia, como esperando verlo aparecer... Siente su cuerpo languidecer, sonríe tristemente...

- Te fuiste y dejaste cosas por hacer... Me dejaste con muchas preguntas y me siento perdido... No sé hallar el camino... No sé qué camino tomar que me conduzca a la verdad... Ni siquiera las estrellas me lo pueden indicar... Sólo tú, me sabrías guiar...

Allá donde estés, oriéntame... Oriéntame para llegar a esas respuestas...
Agustín, mi amigo, mi protector... mi maestro... ¡no me dejes sin ellas...!





Capítulo 71  Loca

Sus miradas vacías, me hielan el alma... No quiero estar aquí, no es mi sitio... No es mi lugar... ¿Por qué se han confundido?... ¿Por qué entre sombras y bruma me hallo?... Los veo pasear de un lado a otro, no hablan, solo gesticulan... ¡Ven, ayúdame a salir de aquí!...  Te veo como en un sueño, no quiero perder tu rostro... Quisiera acariciarlo, pero mis manos atadas, no consiguen hacerlo... Sé que vendrás a por mí... Esta vez, no me falles... No estoy loca... ¿O acaso si?

¿No es locura en la que mi vida se ve envuelta?...
Al igual que ellos, errante y a la deriva voy por ella...
No encuentro la salida a este desatino que me perturba...
a la locura, que de amor aún, no estoy llena...

¿No es locura, desear, sentir, lo que tener no puedo?...
De qué mi cuerpo se funda en tu cuerpo y tu boca juegue en mi boca...
que al besarme, de ardiente pasión pierda hasta el sentido de las cosas...
y entre tus brazos, me arrastres por un mar lleno de sonidos de caracolas...

¿No es locura dejarme llevar por ese vaivén de espumosas olas?
Un vaivén, que me empujará hasta alcanzar el más hermoso de los cielos...
Loca estoy, de pensar en eso...

¡Loca, porque me sienta mujer en tu ardiente cuerpo!...
Loca, por desear que mis pechos amamanten al hijo, que aún, no crece en mi seno...
¡Si, loca!... porque me hagas madre antes de que mi vientre se halle árido y seco...

Loca, por esperar que las palabras que ansío, rompan en tu boca...
¿Es tanto lo que se puede amar para perder la cordura?...
Si es así... no es de extrañar que aquí, encerrada esté y por ello... ¡me llamen loca!





Capítulo 72   Silencio... vacío... soledad...

El silencio se pasea por toda la casa. Un silencio que la ensordece, que se apodera de ella hasta ahogarla. La tarde ha terminado por irse, la noche cae... Una noche que será larga, interminable, como todas las que quedarán por venir. Mira en torno a ella sin saber lo que busca, apenas hay luz en la sala. La luz de la vela que se encuentra en la mesa, está dando el último suspiro, el mismo, que sale de su agitado y dolorido pecho... Sus ojos brillantes por las lágrimas miran hacia la puerta del patio.

Una blanca pero tenue luz entra por ella. Con paso vacilante se dirige hacia la puerta. Alza su triste mirada hacia el cielo... La luna, asoma tímida entre la bruma, es lo único que la alumbra en aquella noche amarga... Quiere darle un poco de su luminiscencia a su alma tan castigada...
Sólo el silencio... el vacío... la soledad... están con ella...

Vuelve a suspirar y deja el patio. El silencio se hace más patente... más angustioso... Apenas hay fuego en el hogar. El infiernillo puesto, pero nada descansa sobre él... Ya no hay puchero y verdura que poner... ¿Para qué y para quién?... El nudo aprieta su garganta... Su mirada oscura y llena de llanto, recorre aquella grande estancia. No hay vida... Ni siquiera ella está viva... Su alma se halla muerta desde el momento que los suyos se marcharon... Primero, Alonso, su niño, luego, él y dejándola en la más completa desolación... Siente frío, el frío a la falta de sus seres queridos... En aquella casa, en la casa del maestro, tan sólo está llena de vacío...

Sus pasos vacilantes las conducen de nuevo. Siente que las fuerzas la abandonan cuando llega ante la habitación de su niño... No quiere entrar, no quiere seguir muriendo. La puerta abierta le dice que entre... Duda en hacerlo, más algo la empuja a ello... Con recelo se detiene en el umbral... Siente aún más el vacío... la soledad... y escucha que habla más el silencio... Entra en ella dejándose caer ante el arcón, ya su pecho se rompe en un llanto desgarrador a la misma vez, que mece entre sus brazos el chaleco de Alonso.

No puede comprender... ¡no puede hacerlo!... ¿Puede ser la vida tan cruel con ella?... ¿Cómo le han dejado sin su niño?... ¿Cómo le han arrebatado la vida apenas rozando la adolescencia?... ¿Cómo puede ella vivir así?... Sin ninguno de los dos, sin el hijo, sin el padre. Siente el dolor de sus palabras... “Ni siquiera ha pasado un día ¿y ya estás quitando las cosas de mi hijo?”... Ni siquiera se lo puede reprochar... Siente el dolor de su marcha... ¿Por qué se ha marchado sin ella?... ¿Por qué la ha dejado tan sola?... Tan desamparada... tan perdida... Siente aún sobre ella, en sus hombros, el roce de sus manos... Siente la pena en sus ojos... Siente su abrazo... el beso que posa en su frente pero más que todo... siente el sabor amargo de la despedida...

El sollozo, escapa de su garganta...



¿Acaso no podías comprender que yo siento tu mismo dolor?
que necesitaba tu consuelo a mí tormento, para poder consolar el tuyo...
Que sin haberlo parido, que sin haberlo sentido en mis entrañas...
yo he sido su madre  en todos estos años que contigo lo he tenido...

¡Mi niño, era mi aliento!... Con su cariño, me olvidaba que vivía de prestada...
Todo su amor, paliaba el desconsuelo de no ser por ti amada...
Sus risas, alegraban mi esencia de mujer tantas veces frustradas...
¿Cómo no sentir dolor de madre!... Si lo he amado... lo he visto crecer...
¡más la muerte me lo arrebató y no lo puedo comprender!

¿Qué me queda aquí?... ¿Qué me queda?
¿Los recuerdos?... ¡Recuerdos rodeados de fantasmas y espectros!
Recuerdos que un día se esfumarán como se esfumaron los sueños...
¿Qué me queda?... Tan sólo, el silencio que habla... ¡y el vacío intenso del alma!

Nada tengo... ¡Nada me queda...!
Alonso y tú os llevasteis lo que me mantenía viva...
el calor de una familia... ¡y el amor que a los dos os tenía!



Un escalofrío siente recorrer su cuerpo. Levanta su cabeza, se abriga con sus brazos... Por un momento se siente desorientada... No sabe el tiempo que lleva allí, sentada en el suelo y con el chaleco de Alonso pegado a su pecho... No sabe a dónde han volado sus pensamientos... Se incorpora... Deja con sumo cuidado la prenda de su niño dentro del arcón... Baja la cubierta y después de echar una última mirada a su alrededor se dirige a la puerta... Con gran congoja, la cierra...

Sólo el vacío... el silencio... la soledad... le acompañan a ella...

Se siente extenuada. Lo busca con los ojos... Todavía, Cipri, el amigo, el antiguo posadero no ha regresado... Prefiere que sea así... Le agradece que esté pendiente de ella, le agradece su consuelo, pero también sabe, que ella, no quiere nada de eso, sólo que la dejen con su pena y desconcierto... Ya nada le hará revivir a tanta amargura, ni luz que alumbre tanta soledad... De nuevo sus pasos la llevan a la puerta del patio... Sale al exterior, la claridad es más patente... Sus ojos buscan a la luna... Ya no la envuelve la bruma, parece que le sonriera... La noche ha despejado y su luz nacarada resplandece más que nunca envolviéndola a ella.

Se acerca al barreño... Quizá un baño, la despeje y pueda ayudar a descansar su maltrecho cuerpo. Se alivia de las prendas de vestir, pero no hay alivio para su corazón herido... ¿Cómo es, que si está muerta sigue sintiéndose morir?... Se deja caer en la silla, junto a la tina... De sus ojos negros no deja de fluir el llanto. Su imagen se refleja en las cristalinas aguas... Una imagen llena de tristeza... de pesar... Una lágrima se desliza por sus pálidas mejillas hasta caer y fundirse entre las aguas que esperan pero... ¿Qué ocurre?... ¿Su mente confusa le deja ver lo que no puede ser?... Junto a ella, la imagen amada en el espejo del agua se detella... Su corazón late vertiginosamente... ¡No puede creerlo!... ¡Es imposible!... Pero es cierto... Aquellas aguas, es el manantial de vida que se lo está diciendo...

¡Ya no está muerta!... Su corazón, vuelve a latir y los ojos hermosos y emocionados que la miran desde la puerta, de luz y esperanza la llenan...

El silencio... el vacío... la soledad... ¡ya no están con ella!
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Sáb Ene 30, 2016 1:16 pm

Sexta temporada.



Capítulo 73  Canción de cuna.

Es estancia gélida y oscura donde tú, pequeño te hallas...
Yo te daré calor para paliar tu frío y luz, a la claridad que te falta...
Con mis manos, alas blancas y sonrosadas, meceré tu cuna...
Cuna que no es de oro y plata, sino basto serón hecho con nudos de palma.

Te susurraré bajito una canción de cuna,
la nana que los labios de tu madre, con pena no te cantan...
¡Madre desdichada donde las haya!
de no tenerte con ella, y darte de mamar la leche que de sus pechos manan.

Duerme mi niño, que te susurro una nana...
para que el sueño te consuele, del amor y el hambre que no te sacian.
Te meceré entre algodones hechos con nubes de colores,
para que te arranquen una sonrisa y que tus ojitos...
por el sueño, poquito a poco se entornen.

Duerme mi niño que te susurro una nana...

Mi voz se entrecorta... Siento más el frío...
Percibo más la oscuridad... Se hace más lúgubre, más intensa...
El resplandor del acero por un momento me ciega.
¡La siento!... ¡La busco!... ¡No te escondas maldita parca!
que aún disfrazada de bufón no me engañas... ¡Sal de dentro él y te marchas!

Me miras iracunda... No es lo que esperabas ¿verdad?
¡Vete!... ¡Sal de aquí! y te llevas contigo a esa desdichada alma...
Aún, no es hora para que sobre este niño, pose tus grandes y negras alas.

No llores mi niño... Ya la parca con su guadaña se marcha...
Yo estaré aquí, velando tu sueño y susurrándote la nana.
Aún, no se cumple tu tiempo... Mientras llega, velaré por ti...
Soy quien te custodia, el Ángel que te guarda...

Duérmete mi niño... Cierras tus ojitos, que te canto una nana.







Capítulo 74  ¿Por qué te miento...?

Subo los escalones como si plomo llevaran mis piernas. Siento tu mirada en mí y tú, la espera. Me preguntas con tus ojos pero sólo mi silencio tienes por respuestas... Nada más cerrar la puerta me dejo caer en ella. Siento la opresión en el pecho de saber, que contigo no he sido honesta... Mi mente, por lo acaecido aún, la tengo confusa... ¡No acierto a comprender!

No sé por qué acepté la encomienda del Cardenal pero... ¿Podía decirle que no?... Aunque asustada era imposible negarme... ¿Por qué yo?... ¿Simplemente, por qué conocía a Monseñor?... ¿Y qué sé yo, de él?... Tan sólo, lo que quiso decirme Su Eminencia... ¿Qué verdad hay en todo esto?... La única que sé, que por estar en los aposentos de ese hombre, y si no es por ti, en estos momentos estaría muerta... Aún siento sobre mí, protegiéndome, tu cuerpo sobre mi cuerpo...

Me arrebujo entre las frías sábanas. No siento el calor de ellas... ¿Cómo sentirlo si tengo el frío del miedo aún metido dentro?... Pienso en ti... ¿Por qué he vuelto a mentirte?... ¿Por qué no te he dado una explicación?... Es lo menos que tú, te mereces... En el camino de vuelta, no tuve por parte de ti ni un reproche, pero por tus ojos, sabía que esperabas que yo, algo te dijera... Te mentí, cuando durante ese camino, me preguntaste... ¿Cómo te encuentras?... Con un eco de voz, un “bien” mis labios te contestan... Pero no lo estaba... ¿Cómo estarlo?... Hubiera deseado aferrarme a ti y llorar mi pánico en tus fuertes brazos y sobre tu pecho amado...
Quizá, y aunque me duela, quiero mantenerte ajeno de lo que se teje en mi vida.
Igual que un corsé que se ciñe a mí cuerpo, de una coraza voy vestida.
Coraza... ¡que me ahoga!... ¡que me asfixia!... ¡que quisiera desprenderme de ella!...
pero se ha forjado a base de tanto desencanto y muchas ilusiones perdidas...

¿Cómo despojarme de este yugo sin que de nuevo no sienta daño?
¡Por eso me aferro a ella!... Bastante llevo sufrido y no quiero volver a sentir la pena...
Prefiero pensar que de ti, nada necesito, que ya nada me importas...
y mi amor por el tuyo... ¡ya ni siquiera llora!...

¡Te miento y me miento! porque por mucho blindaje que me ponga...
no dejaré de padecer lo que tu mirada me provoca.

Quiero cerrar los ojos para por lo menos esta noche...
quedarme libre de mentiras y de arneses que me he impuesto.
Quiero dejarme llevar en los brazos donde me acoge Morfeo.
Quiero invadirme de él y a pesar de mi miedo, anhelar... soñar...
¡para volver a sentir!... tu cuerpo sobre mi cuerpo.

... Si es tanto lo que te quiero... ¿Por qué te miento y me miento?







Capítulo 75  ¿Dónde fueron...?

Escucho tus pasos tras de mí. Me acerco a ti... Quiero agradecerte lo que hiciste... No me dejas terminar la frase, apenas me dejas hablar... Me tomas la barbilla... Con un... “No voy a dejar que te pase nada malo nunca”... me haces callar... Me refugio en tu pecho, en tus brazos... Siento el calor que me das con ellos y la presión de tu abrazo... Me aparto... Te miro, me miras... Una de tus manos roza mis cabellos, mis mejillas, luego, lo hace la otra... No dejamos de mirarnos... Miradas que no dejan de perderse una dentro de la otra... Te inclinas... ¡Mi cuerpo tiembla!... ¡Mi corazón con fuerza late!...

Tus labios, buscan los míos... No intento huir de ellos... Abro los míos para acogerlos... Es un dulce néctar el que percibo de tus labios... Me dejo llevar por el roce candente de tu boca... Nos besamos... Besos que derrochan miel... Besos que traspasan la piel... Besos que sacian mi sed, la sed, por tanta falta de ti... Me aparto de ti llena de regocijo, de placer, de inmensa felicidad... Apenas puedo hablar... La emoción me embarga... Sólo tu nombre viene a mis labios... “Gonzalo”... Con mis manos, acaricio tu rostro y me miro en tus brillantes ojos... Estoy a punto del sollozo...

De soslayo, te veo marchar... ¡Sé que no quieres hacerlo!... ¡Te resiste a ello!... En tu mirada lo leo... Deseas volver a mí y yo ¡tanto lo deseo!... Me quedo sola y doy rienda suelta a mi alegría... ¡No puedo creerlo!... ¡Me has besado!... Nos hemos besado después de tanto tiempo y he sentido el amor, tu amor a través de tus húmedos y ardientes labios... ¡La ilusión me desborda!... ¡Cuán falta estaba de ella!... ¡Quiero gritar lo que siento!... La felicidad en la que me veo envuelta... No sé cómo, pero igual que una rosa de rojo pasión mi esencia de mujer, de su aroma se impregna...

Llego ante la puerta... Mi corazón late vertiginosamente, sé que me esperas... La abro, y ahí estás tú, sentando ante la mesa... Por un momento, me siento cohibida... Una oleada de calor me inunda toda... Percibes mi presencia, te levantas... Aprecio en tus ojos un toque de sorpresa y en tus labios, una leve sonrisa se refleja... Te miro, me miras, me dices que debemos hablar... Asiento feliz, esperando de ti lo que por tiempo he deseado escuchar... ¡Lo espero anhelante!...  Tus ansiados labios hablan...

Siento que mil puñales atraviesan mi pecho... ¡No es lo que esperaba escuchar lo que sale de ellos!... ¡Me dices que olvide todo lo que ha pasado!... De un zarpazo todos mis sueños, se vienen abajo... ¿Dónde quedaron tus besos?... Los tuyos, clavados en mi alma... ¿Dónde para ti fueron los míos?... Los míos ¡a la nada!... No te doy a entender el daño que siento ante tus palabras... No te hago saber ¡que me rompes el alma!... Que con ese beso me dabas la vida y con el olvido ¡no sabes cómo me matas!... Intento que de mis ojos no afloren las lágrimas, ni la pena, y de mis labios... “Si es lo que quieres, pues ya está... por mí, olvidado queda...”



Me retiro de ti... Quiero a solas llorar mi desespero.
Llorar, lo que tan sólo por poco tiempo he tocado con mis dedos...
nn cielo cuajado de destellos y mágicos colores...
y que ahora, sólo las sombras y la lluvia, igual que mi llanto...
con gran tristeza lo cubren las nubes.

¿A dónde te fuiste ilusión?.. ¿A dónde fuiste felicidad?...
que la rosa que por unas horas fui, desgrana sus pétalos rebosando desconsuelo.
Ya no soy rosa de rojo pasión, sino lirio morado el que viste mi corazón.
Todo es espejismo, ensueño... ¡Todo es quimera!...
Sin embargo, mis labios por causa de los tuyos... ¡aún de amor me queman!

¿Dónde quedaron tus besos?... Los tuyos, clavados en mi alma.
¿Dónde para ti fueron los míos?... ¿Los míos? ¡a la nada!

... Los dejaste ir, sin saber... ¡todo lo que te amaban!
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Sáb Ene 30, 2016 5:42 pm

Sexta temporada.



Capítulo 76  ¡Maldito!

Galopa sin saber el tiempo que lo lleva haciendo. Percibe a su caballo extenuado. Controlando la rienda, le indica un trote más pausado y hace que lo lleve hasta el lago. Desde un tiempo, es su lugar de encuentro. Un lugar de encuentro, tan sólo consigo mismo. Desmonta y acaricia las crines del amigo, su compañero de batallas y de las cuales, no en todas ellas tiene que empuñar su katana. Ata las bridas a una rama de los tantos árboles que se levantan alrededor de aquel hermoso lugar. Vuelve acariciar a su corcel y éste, le agradece su roce con un relincho. Con andar lento, al pisar, las hojarascas y ramas caídas crujen a su paso rompiendo el silencio de aquel pasaje. Se acerca a la orilla del lago... Pisa las piedras, las rocas... Se sienta en una de ellas. Suspira... Mira hacia el horizonte... Está a punto de despuntar el alba... El tono rojizo de un nuevo día va tiñendo las sombras de una noche que resiste a irse... Hace frío, más él, parece que no lo siente. Una brisa revuelve sus cabellos y le trae a sus pensamientos el rostro de la mujer amada... su sonrisa...

Pienso en ti, siempre en ti... ¿Cuántos errores me quedan por cometer?... Mi cuerpo se estremece... ¡Si pudiera recordar!... Recordar esos besos que inconscientemente te di y que mis labios, el calor de los tuyos no los pudo percibir... Vi en tus ojos el desconcierto ante lo que mis palabras te dijeron... ¿Pero en qué estaba pensando para decirte que esos besos se quedaran en el olvido?... ¿Cuánto tiempo tengo aún que darme para gritarte todo lo que te amo y necesito?...

¡Maldito soy por no sincerarme contigo!

Vuelvo a sentir que los celos minan mi esencia de hombre... ¡La noche pasada te vi tan hermosa!... Siempre te veré hermosa... Venías abriéndote paso entre la algarabía de la calle... de la fiesta... Alguien adornaba a la noche que es tu pelo, una diadema hecha con flores... Parecías una ninfa de los bosques... Me quedé en el umbral de la puerta embelesado por tu belleza... ¡Siento tu amor latir aún con más fuerza!... Pero sólo dura un suspiro... El regocijo al verte, de momento se ensombrece... De nuevo aparece ese hombre... Se acerca a ti... ¡Siento la impotencia!... ¡Los celos de no saber qué busca de ti!... ¡Ya no me importa la alegría de la fiesta!... ¡Sólo me importas tú!... y estos recelos que me corroen... ¡No quise seguir allí!... No quise para él, ver tus labios sonreír... Tu risa, ¡tan solo para mí!

¡Maldito soy, por esos celos que sentí!...

¿Quién es ese Monseñor?... ¿Acaso tu confesor?... No puedo saberlo pero algo me dice, que su interés es más fuerte que eso... ¡Tengo miedo!... ¡Pavor! de no saber encontrar el momento para que mis labios ya no callen... ¡Miedo! a que de nuevo, alguien antes que yo, con bonitas palabras ¡te engalane!... ¡¿Qué importa si es un clérigo?!... ¡¿Qué importa si viste sotana?!... tan sólo es un hombre y temo, que en cualquier momento, él te enamore valiéndose de cualquier artimaña...

¡Siento frío al pensarlo!... Escucho a mi corazón gritarlo...

... ¡Maldito seas maestro!...  Que por no tener valor a decirle lo que por ella padeces y sientes, un hombre de iglesia, con solo una sonrisa o unas bellas palabras, de tus manos te la arrebate... Si temes perderla... ¡Luchas como un valiente por ella y contigo te la llevas!

¡Malditos seas si la pierdes!... ¡Maldito!




Capítulo 77  Coso, bordo, tejo...

Aquí, sentada en mí lecho, en este cuarto de buhardilla, y donde entre sus paredes escondo mi pena, mi ahogo, en una camisa tuya, con gran congoja tu nombre en ella bordo... Cada puntada que doy es un suspiro de doloroso amor... ¡Cómo quisiera hilvanar mi alma junto a tu tan aislado corazón!

Cada hebra de hilo, es de un color y cada una de ellas, simboliza una sensación...
Con estos bonitos colores enhebraría mi sinrazón, para darme la cordura de arrancarte de mí y con ello, paliar tanta desazón...

El azul... La confianza, la que tú y yo perdimos y no es posible recuperar... El rosa, la ausencia de todo mal. Eso, por más daño que me hagas, nunca te lo quisiera causar... El blanco, la paz y la armonía... De ellas dos, todo nos faltaría... El amarillo... ¡Los celos!... ¿Quién no pasa por la vida y sufre por ellos?

El naranja, ¡Es el regocijo! ¡La felicidad! y que ya sin tu amor, ellos, siempre me han de faltar... El verde, la esperanza, la ilusión... Para mí se esfumaron. Tan sólo me queda amargura y desolación... ¿Y el rojo?... ¡El rojo la pasión!... La pasión que vive en mí y en ti... ¡nunca existió!

¡Ya no necesito estos colores!... Me recuerdan que ya en la vida nada tendré de todo eso, y con pena, en el fondo del costurero los escondo cómo se esconden los secretos... Para mi tristeza ya nunca volveré a hacer uso ellos...

Sólo el violeta, el negro... el gris... son los que con ellos, coso, bordo y tejo...
Ellos son colores de sombras y desasosiegos, y mi vida por causa de tu desamor... está rodeada de ellos...
Acaricio tu prenda... A mi rostro me la llevo,
aspiro tu aroma que me pierde por un momento...
Mis labios besa tu ropa... ¡Pienso!... ¡deseo!... ¡tiemblo!
Cierro los ojos... De nuevo enhebro mi boca en tu boca...
Despierto... ¡Mil pinchazos de agujas y alfileres  afloran mi desconcierto!

Ya no me saben tus besos a miel...
Solo saben a llanto amargo... a frustración  y para eso, no hay consuelo...
... Ya no hay amor que me queme por dentro...

Suspiro... Tomo la aguja, y a hilvanar mis pensamientos comienzo de nuevo...

Coso, bordo, tejo... Desamor, Sombras ¡y mucho Desespero!




Séptima temporada.



Capítulo 78  Quiero...

Las calles, aunque desiertas, todo parece estar en orden. Nada indica que un temporal de viento ha asolado la Villa. Todo parece estar en calma. Todo es silencio, sólo el crepitar del fuego de los hachones rompe ese sosiego, como la luz que sale de ellos y que alumbra aquella calle. La noche es apacible. Sentado en la escalera, dirige su mirada al firmamento. El cielo está estrellado y una luna blanca con su luz nacarada le sonríe... Él, le devuelve la sonrisa, con sus labios... con su reciente alegría...

"¿Cómo puedo sonreír si hasta hace poco mi corazón de hombre lloraba tu ausencia?... Simplemente, porque te hallé... ¡No sabes lo que sentí cuando mis ojos se encontraron con los tuyos!... Estaba dispuesto a recorrerme todos los conventos de la Villa, y si hacía falta, los del mundo entero... No me importaba el tiempo que me llevara ello... Hacía tan poco que mis pasos me llevaron hasta el monasterio, sin embargo me negaron tu presencia... Intuyo, sé, que no deseabas verme... ¿Cómo desearlo después de tanto daño que has sufrido y sufres por mis miedos?

Hubiera querido desprenderme del embozo y correr para refugiarte en mi pecho y decirte cuánto te amo, cuánto te quiero, más no podía hacerlo... El héroe, tenía que anteponerse al sentir del maestro... Entre aquellas vidas en peligro, estaba la tuya y la de mi hijo... Mis tesoros más preciados, ¡mis más queridos!... ¡Qué hermosa estabas con ese hábito blanco!... ¡más no quiero verte con él!... Yo mismo, te despojaré de esa túnica blanca para vestirte de novia enamorada... Con mis palabras ¡te juro que lo haré!... Escucharás de mí, lo que he guardado por tanto tiempo, y que yo, por mi ceguera nunca vi... Tú, por esos silencios, no vivías y de pena, morías por dentro... ¿Cómo no comprender que de mí rehuyeras, y que busques la felicidad que hasta este momento de mí no has tenido, y fuera de mí vera?... ¡Cuánta verdad llevaban las palabras de ese hombre, de ese Monseñor!... Sus palabras, aunque hirieron mi orgullo, hicieron mella en mí...

No va a hacer fácil que de mí, algo creas y merecido lo tengo... Más no desistiré, ¡pondré todo mi empeño!... Ya mi amor por ti, llora por salir de mí pecho... Quiero dejar de ser un cobarde ante lo que por ti siento y aunque con cierto temor, dejaré fluir cada uno de mis sentimientos...

¡Deseo tanto tenerte sobre mi pecho!... ¡Es tanto lo que de ti quiero!
Quiero acariciar tu rosto... rozar tu piel...

Quiero perderme en la inmensidad de tus ojos...
para con ello, terminar de perder la ceguera de tanto tiempo...
... de no haber querido ver todo lo que te adoro...
y anhelar la felicidad que presiento...

Quiero perderme en los rizos de tu pelo,
embriagarme... emborrachar mis sentidos con ellos,
No me importa que me llamen borracho...
¡si con ello, en mis brazos te tengo!

Quiero acariciar tu rosto... rozar tu piel...
Besar tu ansiada boca y beber ese agua con sabor a miel...
¡Esos besos enardecerán nuestro ser!... ¡Esos besos ya no serán olvido!
sino ardiente pasión para sentir mi cuerpo, palpitar con el tuyo...

¡¿Por qué cuesta tanto decir todo lo que uno siente?!
¡Cuánto llanto derramado por no ser uno valiente!
... por no decirte a ti, a la mujer que amo...
todo lo que mi corazón y alma quieren...

¡Te amo!... ¡Siempre te quise!...
Lo gritaré a los cuatro vientos y  atrás, quedarán tanto sufrimiento...
... ya que resulta abrasador amarte y no poderte abrazar...
Sé que callar es de cobarde y aún más ¡no dejarse amar!

¡Deseo tanto tenerte sobre mi pecho!... ¡Es tanto lo que de ti quiero!
Quiero acariciar tu rosto... ¡amar tu piel!
Besar tus labios... sabor a miel...

... Quiero tanto..."





Capítulo 79  Háblame...

Entra en su celda y cierra la puerta. Dando dos pasos se detiene en el centro de ella. Se arrebuja entre sus propios brazos... Siente frío... Otra noche más... ¿Se acostumbrará a ello?... Se acostumbrará a la falta de calor, a la falta de ruido, aquello que tenía en su humilde casa, en la casa de él, de Gonzalo, su amor frustrado. Suspira y se dirige al jergón... Encima de la manta, el rosario, el misal... Los roza con sus dedos... Recorre con sus ojos aquella pequeña estancia, busca algo. Está con ella, más que nunca se hace patente... Siente que la abraza en una dolorosa calma... Aquella calma no ayuda a su corazón tan herido... Musita unas palabras, pero no es un rezo lo que sale de ellas...

“Si al menos sonaran las campanas, pero ni siquiera se escucha su tañer... En estos momentos, sólo te tengo a ti... Tú, que tantas veces me has acompañado, yo, que tantas veces te he buscado, que has reído y conmigo has llorado... Que has sabido de mis sueños, de mis frustraciones, de mis sentimientos... Tú, que has sido mi refugio, que tanto te he necesitado, ahora, eres mudo testigo en este recogimiento que me he impuesto... Aquí, en este lugar, en esta noche no hace falta buscarte, en cada rincón de mi celda te hallas y por primera vez, no quisiera que tu sigilo me envolviera... Hoy, en esta noche, me ensordeces... Tu mudez, me sobrecoge y sin embargo, no puedo ni quiero, que te vayas de mí...

Quisiera, que fueras mi consuelo en esta soledad, en esta pena que marchita mi alma... Siento que me pierdo, que me enclaustro... ¡Cuánto desespero ya que no puedo ahuyentar mis miedos!... Hazte visible y déjame oír tu voz... Eres mi único compañero... ¡Te anhelo!... Háblame para no ser presa de mis pensamientos...

Ellos, me hacen sufrir, ¡me dañan!... Ellos, me traen la añoranza de un tiempo que no volverá, de un amor, que entre estos muros quiero enterrar... Aquí, en esta celda, percibo más el frío, más la soledad ¡y más te siento a ti!...  Más yo lo he buscado y ya no puedo escapar, ya es imposible hacerlo, tan sólo, quiero olvidar... ¿Pero cómo hacerlo?... ¿Cómo olvidar? si su rostro por todos los rincones veo y me recuerda, que mi amor por él, aún no deja de llorar...

Aún lo veo a través de la celosía... Aún escucho su voz preguntando por mí... Cómo hubiera querido salir de mi escondite, refugiarme entre sus brazos y decirle... “¡Sácame de aquí!”... Escucho a mi corazón desbocado palpitar y no lo puedo evitar... ¡Le veo!.. ¡le añoro!... ¡le temo!... ¡le amo!... ¡le quiero!... más duele tanto su desprecio... ¡Maldito seas amor, que desgranas todo mi sentir, entre suspiros, rosarios e incienso¡

Háblame tú ¡para no volverme loca!... Escuchándote a ti, desecharé mis pensamientos... Hazte oír, para acallar esta congoja, para con tu voz, paliar tanta pena y sufrimiento...

Hazte oír, a través de la lluvia, del trueno... del viento... Él, por la celosía de mi ventana, me traerá el aroma de jazmín... Por un momento, su perfume, inundará esta celda de amargo desconsuelo, hazlo, para arrancarme este ahogo, esta aflicción ¡que me quema por dentro!

Háblame de mil maneras, pero háblame, aunque tu nombre sea... ¡Silencio!

... Háblame...”





Capítulo 80  Vencido.

Martillea en su cabeza constante. No deja de susurrarle que tan sólo él, tiene la culpa y lo peor de todo, es su propia voz la que escucha...

Sientes que tu mundo se tambalea. Sientes, que sin ella, nada tienes, nada eres... No asimilas su no por respuesta... ¿Pero qué esperabas?  Fue mucho tus silencios, tus miedos... Nunca encontrabas el momento y como tantas veces, llegaste tarde... Te lo dije, no era el lugar, ni el momento. ¿Cómo no comprender que estaba dolida? Tú, mismo lo escuchaste de ella... Que por mucho tiempo espero todo lo que de ti oía, cada día, cada noche... En el lugar que estuviera...

Fueron muchas tus miradas que la llenaron de ilusión pero también fueron muchas, de desencanto... de desolación... Tuviste oportunidad en muchísimas ocasiones de hablarle de tus sentimientos pero lo tuyo era callar y callar... No era suficiente con pedir perdón, ahora, estás sufriendo por ello y por esos malditos celos.

Te dejas afligir por el dolor, la frustración. Es más fácil ahogarse en la desesperación que pensar en seguir luchando por ella... Te corroe por dentro el pensar que quizá ese hombre de iglesia tenga algo que ver con ella ¿Pero cómo puedes concebir eso?

Tu mirada se pierde en el aro que brilla entre tus dedos, parece que maldito estuviera ¡más siente y padece! Percibo tu corazón golpear tu pecho. ¡Es mucha la rabia que sientes y en el muro, estrella tu desespero! Con un fuerte aprieto escondes el anillo que no pudo quedarse en su dedo.

Escucho la puerta... Escucho su melodiosa voz. Se acerca... Se sienta junto a ti... Percibes su roce... Titubeas... No quieres, más no tienes voluntad para retirarte. Su cuerpo insinuante... sus labios entre abiertos...  Su cabello y piel te embriagan más que el vino... ¡Te grito...!

¡No lo hagas! ¡Estás traicionando el amor que llevas dentro! ¡No te des por vencido!... ¡No te dejes abatir! Si tanto quieres a la que en el claustro has dejado... ¡luchas y no sucumbas ante la debilidad que sientes... No te dejes abrazar por esa tentación que rebosante de regocijo ante ti se detiene...

¡No está exenta de maldad!... No se mide para conseguir sus fines... Cuídate de ella ¡Échala! y no te envuelvas en la lujuria de su blanca piel... Es un animal al acecho... Ha sabido esperar y para ella, ha llegado su momento. No te será fácil, escapar de ella. Aún estás a tiempo de librarte de sus garras ¡y de su maldito veneno!

No quiero escucharte...
¡No quiero escucharte maldita Conciencia!
¡Sólo quiero consuelo para este ahogo que oprime mi pecho!
aunque mañana de pena y remordimiento me arrepienta de ello...


Otro error más a tu haber... Volverás a sentirte culpable ¿Qué clase de amor es el tuyo que para buscar refugio a tu consuelo, aceptas las caricias de una mujer que nos es la dueña de tus desvelos? Siempre me tomaste a la ligera... ¡Nunca quisiste escuchar a tu Conciencia!
No me escuchas maestro... Siempre desechaste mis consejos...

Quisieras morir y por sus ojos te dejas llevar... No te confíes, no es candidez lo que en ellos se refleja... Te desea, siempre fue así... Tú, mejor que nadie lo sabes. Eres un capricho a satisfacer ¡y un trofeo para ella lucir! Piensa en la que llena tu alma... ¡Piensa que aún estás a tiempo de reconquistarla! Piensa que nada debes dar por hecho y puedes volver a enamorarla...

¡No, no quiero pensar!...
¡No quiero saber si hago bien o mal!
Ni siquiera escucho a mi corazón...
Sólo siento el calor de mi cuerpo para en el suyo perderse...
... Ese será mi sosiego.


Flaqueas... ¡Todavía estás a tiempo! ¡No te dejes desfallecer amándola como la amas ¡Sintiéndola como la sientes!... ¡queriéndola como la quieres! ¿No notas que el anillo se estremece? ¿qué solloza en tu mano? Más lo dejas caer para acariciar una boca que no es su boca, para tomar un cuerpo que no es su cuerpo... ¿No escuchas al anillo gemir antes de posarse en el suelo?

¡Cuán cobarde eres! que por querer olvidar su rechazo y no seguir con tu lucha, te dejas envolver, te dejas arrastrar ¡en los brazos mortíferos de otra!

Vencido estás maestro... vencido...


Última edición por Mari carmen el Sáb Ene 30, 2016 8:23 pm, editado 1 vez
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Mari carmen

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MensajeTema: Re: Sentimientos   Sáb Ene 30, 2016 8:09 pm

Séptima temporada.



Capítulo 81  ¿Por qué duele?

Por qué duele?

Porque ha traspasado mí alma con el veneno que llevan sus palabras.
Porque no dejo de escuchar con el sarcasmo y el daño que me lo ha tirado a la cara.
¿Qué de verdad hay en ello?... Ya nada me debe afectar... ya escogí mi camino...
¿Es esta la vida la que deseo? ¿Es este mi destino?..

¿Por qué duele?...

Porque no puedo dejar de pensar en ti, en añorarte y en silencio, amarte...
Porque a pesar de mis miedos... ¡mis celos galopan en mis venas llenos de desespero!
Porque no quiero pensa,r que sea verdad que estabas feliz cuando ella decidió ir a verte...
¿Cómo podías estarlo después del “no” que por respuesta al pedirme ser tu esposa, de mí tuviste?

¿Por qué duele?

Porque con ella recordaste tiempos de añoranzas...
Un tiempo, que sólo a ti y a mí por entero nos pertenece.
Mi mente... mi alma ¡me lo gritan! y me sobrecojo de desconsuelo...
... de que ella, hubiera podido conseguir de ti...
lo que tanto anheló por mucho tiempo...

¿Por qué duele?

Porque por más que quiera huir del sufrimiento...
Huir de ti y de ese “te quiero” que como un eco, aún resuena en mis oídos...
... es imposible hacerlo...

Por más que se quiera, ¡por más que los desee ahuyentar...!
... No se puede enclaustrar los sentimientos...

Por eso duele...







Capítulo 82  Recuerdos...

Acaba de entrar en la casa. Ha querido acompañarla al convento pero ella no ha querido. No quiso insistir. Hubiera querido decirle tanto en el tejado, al menos, intentar disculparse ante su petición de casamiento inventando cualquier excusa, como que no era el momento y aunque le dolía, comprendía la negativa de ella, pero le resultó tan difícil hacerlo... No sabía cómo podía reaccionar, y no quiso romper aquel momento de magia al verla y escucharla hablar con aire distendido, recordando los dos, el tiempo vivido en aquel barrio de la Villa. Vuelve a rememorar la noche anterior cuando se la encontró en el lago... Siente aún, la calidez de sus dedos al rozar con los suyos los de ellas para tomar el farolillo... Percibe la turbación en sus ojos, escucha su voz como un eco, apocada, tímida como una niña... Escucha su propia voz y su corazón acelerado al decirle... “Ya puedes pedir lo que quieras”... ¡Ojala su deseo fuera él!

No será fácil olvidar su rechazo. La frustración de él, es grande pero la ama tanto que no podría mostrarse esquivo con ella, al fin y al cabo ella, es la que menos culpa tiene de todo... Tan sólo él, es el culpable por haber esperado tanto, por tantos errores del pasado y que aún, sigue cometiendo... Son muchas las desilusiones que por su causa Margarita se ha llevado. Suspira profundamente y toma asiento ante la mesa... Se encuentra solo... Alonso ha ido a casa de Gabi a estudiar, y Sátur con Cipri, se encuentra en casa de Catalina ayudando a ésta, a recoger ciertas cosas.

Recorre con sus ojos toda la estancia... Siente un gran vacío al mirar en su entorno... Cada rincón de su hogar atesora un recuerdo... Serán tantos los momentos que se quedarán destruidos si llegan a demoler su casa... Una casa, donde él conoció la felicidad... Sonríe tristemente al evocar a Cristina... Aflora la emoción a sus ojos cuando a su mente viene el momento en que ella, le pide que coja a su pequeño hijo recién nacido en sus brazos... “Anda, cógelo, no temas al tomarlo entre tus manos... Tus manos son pura caricias mi amor... Tu hijo, se encontrará a gusto entre ellas, entre tus brazos...”

Cuántas vivencias inolvidables les hizo pasar Alonso... Sus primeros balbuceos... sus primeros pasos... Su primer mamá y papá... Sus primeras caídas, sus travesuras, y aunque le reñían, a espalda del pequeño, reían esas “ocurrencias”... Cuánta felicidad y también, cuantos momentos de quebrantos por parte de él... Sólo su esposa, con su paciencia, con su amor, hacía que desechara los fantasmas que acudían a él...

Gonzalo levanta su mirada y la posa en el hogar. A través de las llamas la ve... La ve como trajina en la cocina... Escucha su voz llamando a Alonso, llamándole a él... Ve, la mesa preparada para sentarse juntos, en torno a ella. Aquella aparición desaparece para dar rienda a la desesperanza, cuando en su mente, la ve amortajada, en aquel ataúd... Su muerte hizo estrago en su vida, en la de su hijo... en aquella casa...

Se levanta y se pasa las manos por sus mejillas llenas de lágrimas. Pasea la gran sala... Se detiene en el umbral de la puerta de su alcoba... Entra en ella y apoya sus manos en el respaldo del sillón. No deja de pensar, de revivir... Los recuerdos se agolpan en su mente, en su corazón... Se siente envuelto por ellos en un abrazo... Se acerca a la puerta del patio y mira hacía el firmamento... Es noche estrellada... Recuerda a Agustín... Cuántas noches enseñándole a leer en las estrellas, aprendiendo de él, los nombres de las constelaciones... Necesita a su maestro aquella noche como lo necesita en miles de ocasiones...

Baja su mirada y la detiene en el habitáculo donde Margarita lo dedicaba al aseo... La sonrisa vuelve a sus labios... Recuerda la noche, recién llegada a la casa... Fue a avisarla para la cena y ella se estaba aseando... Igual que un chiquillo se esconde para de soslayo contemplarla... ¡Qué injusto fue con ella!... Siempre lo fue, desde el momento que llegó de Oriente y puso un pie en la Villa.

No quiso escuchar a Cristina, no quiso escuchar a nadie... Sólo escuchaba a su rencor, a su resentimiento... Rememora, cuando Margarita decide marcharse y él, por fin, deja que lo invada el perdón y el olvido... Fue una gran loza la que se desprendió de él... De nuevo la casa se llena de calor, de  risas, de canto... Vuelve su corazón a recobrar la ilusión... Vuelve a enamorarse de aquella niña que dejó al marcharse, al huir de la Villa... Se enredan en miradas... Miradas que traspasan la piel pero los silencios y el miedo hizo dejar pasar el tiempo y cuando se decide, así le fue... Nunca le agradecerá a ella lo suficiente, sus desvelos por su hijo... Fue una madre para Alonso, sabe, que si a él le ocurriera algo, Alonso no estaría desprotegido.

Se aparta de la puerta del patio y se deja caer en la cama. Aquella casa, guarda demasiados momentos... Penas, alegría, risas, lágrimas... amor... Más que nunca, el deseo de hacer algo para no dejar su hogar impera en su corazón... en su alma...


“¡No!... No será fácil que me echen de mi casa, de mi barrio aunque me vaya la vida en ello... Lucharé como maestro, con mis palabras para hacerles entender, que parte de mi vida se encuentra entre estos muros y nadie... ¡nadie tiene derecho a demolerlos!...

... Para bien o para mal, buenos o malos... son mis recuerdos...”





Capítulo 83  No pienses lo que no es.

Antes de cruzar la puerta no puedo evitar mirarte.
Tienes la mirada baja y no haces por darme la cara.
Mi corazón late acelerado de no saber qué hacer, ni que decir.
He vuelto a encontrarme con la noche fulgurante de tus pupilas.
Pero ¿qué he visto en ellas? ¿Desconcierto? ¿Sorpresa?
De nuevo me siento perdido en el brillo de tus estrellas.

No tenía que haberla traído conmigo.
Fue un equívoco por mi parte... Un error más a mi haber.
Más no es lo que tú piensas, no pienses lo que no es.

No quisiera irme.
Quisiera tomarte en mis brazos, acunarte en ellos...
... y preguntarte a la misma vez que rozo tus perfumados cabellos...
Dime amor ¿Qué he visto en la profundidad de tus ojos?
¿Qué he percibido en tu eco de voz?  

Dime, que sí, que mi corazón no se equivoca...
que él, con júbilo, ha sentido los celos que centelleaban en tu mirada...
... y en el temblor de tu boca...
Celos que te corroen el alma al saber que puedo estar con otra.
Dime, que nuestro tiempo aún no pasó...
que tú pasión está presente y se logrará nuestro amor.

¡Cuán iluso soy! Por más que mi alma lo clama, eso nunca podrá ser.
Tú, escogiste tu sendero, y aunque me dejaste herido no podría amar a otra mujer.
No estoy libre de tentaciones y maldito si volviera a caer...
más no es la incitación, ni deseo lo que me provoca esta mujer.
El azar la puso en mi camino y aún, ni siquiera, sé por qué...

Pero ¿qué importa el azar?... ¿Qué importa esta mujer?
... lo que me importa es lo que piensas, y no quiero que pienses lo que no es...







Capítulo 84  Morir por dentro.

Todo es oscuridad entorno a ella. No aprecia que la noche se ha ido diluyendo para dar paso a la amanecida. Durante la madrugada se ha mantenido paseando su desespero. En aquel momento, allí, sentada en su jergón y con el alma desgarrada, sólo al escuchar las campanas levanta su mirada...

¿Por qué luz del alba entras por mi ventana? Quiero oscuridad, sombra y silencio... Ya nunca veré su hermoso rostro, ya no me perderé en su mirada...  Él, ya no está conmigo y era quien daba luz a mi vida ¿Por qué él? ¿Por qué Dios Omnipotente permites que a mi hombre amado lo abrace las alas negras de la muerte?

Suspira, llora... Es fuente fluida las lágrimas que se deslizan por sus pálidas mejillas... Se siente muerta, ya apenas tiene fuerza, sólo la mantienen entera los recuerdos, recuerdos que golpean su mente, que la dañan acrecentado su dolor, su pena.

¿Cómo no quererte?... ¿Cómo no amarte?... Te amé siendo una niña... Te amé, siendo ya una mujer... Fuiste mi amante secreto, amante de corazón, más no de cuerpo... ¡Cuánto dolor es el mío! Cuánto dolor al saber, que tu cuerpo yacerá bajo tierra fría y árida, tan árido como este vientre mío, que no engendró vida para que fuera mi sosiego ante este amargo momento...

Vida, es la que se me escapa contigo, que agoniza lacerante por haberte herido... Por no decirte, que a pesar de nuestra historia de amor y desencuentros, te seguía y te seguiré  amando hasta la perpetuidad de los tiempos...


Acaricia sus propias manos, acaricia su dedo anular, donde debía encerrar aquel anillo que ella rechazó... Revive el momento en el que su amado le desliza aquella sortija... Lo ve, escucha su dulce voz diciéndole que la quiere, pidiéndole perdón, pidiéndole que fuera su esposa... Se ahoga al rememorar aquello... Sufre lo indecible... Sufre y muere poco a poco por él...

No debí rechazarte... ¡No debí enclaustrarme para huir de ti! Debí dejar atrás a mis miedos, para poder abrazarte y otorgarte el si quiero... Ahora, es imposible hacerlo, porque ya conmigo no te tengo...  Ahora, este blanco hábito que visto se convertirá de luto lienzo... Vestiré de negro y lloraré por vida todo mi desconsuelo... Lloraré por ti amor, por el esposo que sólo en sueños besó y amó mi cuerpo...

Perdón amor... Perdóname por no estar junto a ti velando tu sueño eterno... Es tan inmenso mi dolor que moriría aferrada a la madera de tu féretro... ¡Dios! ¿Cómo se vive llena de nada?... A pesar de muchos sinsabores la llenaste de magia y esperanzas... ¿Cómo vivir sin ti, sin ellas cuando estoy muerta por dentro? ¿Cómo hacer que el tiempo vuelva atrás, para de nuevo por la puerta de mi celda verte entrar?... Tan sólo un milagro lo haría realidad y eso para mi desgracia, nunca sucederá...


Percibe un roce, la puerta de su celda alguien la abre... Intenta recomponerse... No quiere que nadie invada su pesar, su amargura, quiere con ellas estar a solas... Apenas se gira, solo lo suficiente para ver al fraile traspasar la pequeña abertura... Sin volverse al recién llegado, apenas es un eco su voz...

“Lo siento... no voy a tomar confesión...”

No sabe, no intuye, que aquel hombre, aquel confesor le devolverá el consuelo...
... le devolverá la vida para dejar de morir por dentro...





Capítulo 85  El adiós.

No podía dejar de verte marchar.
Mis ojos te buscan entre el gran cortejo.
Mi corazón golpea mi pecho...
te vuelves para mi desespero.
Te miro, me miras...
Desde la lejanía, el adiós que presiento desgarra mi cuerpo.

Perverso destino el que juega a su antojo y nos conduce a la nada...
El sueño de ayer, hoy, es quimera amarga.
Suspiros del alma laceran mis entrañas...
por verte partir y desposado a tierras lejanas.

Con tu beso, ilusiones que florecieron de nuevo...
flores con aromas de jazmín y no de incienso.
Con tu marcha, desilusiones y desesperanzas...
quebrantos que se agolpan en mi pecho y rompe en mi garganta.

¡Gritar quiero!... más ningún gemido expreso.
¡Llorar deseo!... más ya mis ojos están secos.
¡Gritar te amo!... más de mis labios, sólo eco de desencanto.

¿Qué importa lo que mi corazón y mi alma claman?
El azar es el que impone su voluntad.
A ti te llevan lejos, y a mí, de por vida al claustro de un convento.
Destino cruel el de los dos...
que nos lleva por veredas de espinos y doblega nuestro anhelante amor.

Te veo pasar ante mí... Escucho los lamentos de mi corazón herido.
Suspiros del alma que te llevas contigo.
Ellos te dirán, que te amo y tu rostro como tu beso...
... se quedan siempre conmigo...

Adiós mi amado... adiós amor...







Capítulo 86  En mí guardo...  

Tus manos al rozarme son una caricia.
Siento palpitar tu corazón invadido por la emoción.
Veo tus lágrimas deslizarse por tus mejillas.
Es tanto lo que te lleno ¿verdad?.
Es tanto lo que a través de mí, ves, aprecias... sientes

En mí, guardo, un mundo de sensaciones...
... de anhelos, deseos... ilusiones...
Pesar, angustia, frustraciones...
Puedo causarte risas y lágrimas.
Puedo hacer que viajes a un mundo de pasiones...
... al pasado, al presente... al futuro...
Promuevo, la capacidad de aprender, de enseñar...
... y doy paso a la creatividad.

Estoy apto, para quien quiera pasear por mis páginas...
.... y vivir otras vidas, otras historias.
Por mí, han pasado trovadores, poetas... Cuentos y leyendas...
Crónicas, no ciertas, pero entre mis líneas para siempre han quedado presas.

Entre mis papiros, se guardan secretos...
Misivas de amantes... Flores... Rosas ajadas, secas por el tiempo.
Incluso soy la perfecta excusa... Bajo un aristocrático grupo de lectura...
...hay quien esconde un garito ¡un burdel!
¡Qué ironía!... Unas encopetadas damas se sirven de mí...
... ¡Cuánto valgo! ¡Es tanto lo que doy de sí!!

En mí, guardo, un mundo de ensueño... Historias de amores y enredos.
Historias de amantes, y aunque duermen su sueño eterno...
... han sobrevivido a través de los tiempos...
Calixto y Melibea, Abelardo y Eloisa... Romeo y Julieta...

¡Vívelo a través de lo que te ofrezco!
Quién sabe si un día, tú eres parte de mí, de ellos... de todos...

Ojala en mí, atesoren esa historia de amor aún no culminada.
Una historia que tú conoces... Puede ser la tuya... la de ellos...
Será un cuento, una leyenda... ¿Qué importa como la llamen?
más quiero tenerla entre mis hojas, entre mis planas y sellada por mis cubiertas.
Cubiertas, grabadas en oro y plata para la historia de amor...
...  más bella jamás contada...

En mí, guardo, un mundo de sueños... Un mundo de magia...







Capítulo 87  Cuán triste estoy...

Cuán triste estoy, yo, la reina de la noche... Yo, compañera silenciosa y cómplice de tantos amantes... Yo, que con mi luz, envuelvo y doy luminiscencia a sus corazones... Corazones palpitantes de amor... de anhelos... ilusiones... ahora, en este momento soy parte de vosotros, de vuestro sufrir... Sólo mi luz de nácar, quiero mantenerla para daros calor con ella, para que mitigue el frió de vuestros cuerpos aunque por dentro, ardáis de desenfrenados deseos...

El amor de vuestras miradas es patente, más la frustración de lo que no puede ser, a mí, al igual que a vosotros, me traspasa... Cuerpos, almas, que gritan ser amados, más el miedo... las dudas, hacen que el corazón se retenga y la razón se imponga con crueldad manifiesta...

¡Cuánta tristeza la mía!... Yo, que muchas veces en ese tejado os he acompañado en tantos momentos, en tantos quebrantos y con mi sonrisa os he aliviado en vuestra soledad, en este instante, me es imposible sonreír y soy compañera de vuestro pesar... Maestro, ¡Cuánto dice tu mirada!... ¡Cuánto brilla al mirarla!... ¡Cuánto la quieres!... ¡Cuánto la amas!

Tú, mi linda costurera, que has tomado un sendero equivocado, sea por temor, por no seguir sufriendo de amor... ¿Acaso no lo estás sufriendo ahora, aquí, junto a él?... ¿Acaso no deseas refugiarte en su pecho y recibir de él, sus besos?... En tu mirada, profunda como esta noche y donde miles de luceros llenos de fulgores me ayudan a daros luz, lo veo, lo aprecio, lo sufro al igual que tú... Hay tanta tristeza en tus inmensas pupilas... Quizá esperas algo... Quizá, una palabra de él y daría un vuelco tu vida ¿verdad?... Al igual que tú, espero anhelante, espero que un milagro de sus dulces y amorosos labios surja...

Los dos, alzáis vuestras miradas hacía mí... Yo, Luna de enamorados nada puedo hacer, sólo mantenerme a la espera...

Él, te mira, intenta decirte algo, más sus palabras se rompen en lo que no tiene en su mente, en lo que su corazón no siente... Percibo tu consternación... Advierto que no es lo que esperabas escuchar de él, del hombre, que aunque tomes esa dirección errada, no dejarás nunca de estar y morir por él... La tristeza te invade y decides sumirte en el sueño... Con un “buenas noches” te despides de él, arrebujándote en tu frustración y desespero...

Hasta mí, llega tu aflicción y el brillo de tu mirada maestro... Ha faltado tan poco ¿verdad?... Tan poco para decirle todo lo que sientes por ella... Tan poco para hacerla desistir de su empeño, el de enclaustrar su belleza, su juventud en un convento.... Sólo serían claustros tus brazos para encerrar tan delicado y hermoso cuerpo... ¡Más de nuevo te envuelve los silencios!... Sólo dependéis de vosotros para lograr vuestro amor, para que vuestros corazones y almas sean uno y solo... Dejar vuestros temores... Dejar atrás confusiones... recelos... Dejar que el amor fluya sin más contemplaciones... Dejarlo volar...

Duerme maestro, descansas junto a la mujer que amas y deja que te invada el sueño para sosegar tu alma... Sueñas que duermes abrazado a ella... Sueña, que tu amada busca refugio en ti, que busca el calor de tu cuerpo para paliar el frío que trae consigo la madrugada... Aquí, me quedo yo, para velar vuestro sueño hasta despuntar el alba...

Soy la reina de la noche, yo, la Luna de plata, ¡más cuán triste estoy!... Ya quisiera ser, Luna de miel y no de desesperanzas...





Capítulo 88  Súplica... Petición...

Se ha quedado solo. Su aflicción es grande. No es la primera vez que le invade el miedo, pero nunca como en aquel momento. Es mucha la culpabilidad que siente, no puede pensar como su escudero. Aquello no era un farol, aquello que vio en los ojos de aquel hombre, no era una argucia de un instante, sino implacable decisión. No sabe qué hacer, no sabe cómo reaccionar, ni siquiera se imagina quien puede ser aquel hombre, aquel ser cruel que para vengarse de él, aniquilará al pueblo usando su ropa, su nombre, pero ha de luchar, debe encontrarlo aunque en ello le vaya la vida... ¿Pero cómo?... ¿De qué manera?... Tiene algo en su contra, algo que no puede evitar porque es parte de todos, es parte de él... Sin apenas ser consciente de ello, sus labios trémulos se abren a una súplica... a una petición...

“Te espero anhelante mientras mi corazón llora lacerante... De alguna manera siempre he sido preso de ti... Veo como avanzas o cuanto te retardas... Es muerte lenta la espera, mas puede ser alivio, cuando a mí llegas... Aquí, ahora, en este mi refugio y donde mi esencia pena, no sé cuál es tu margen, tu espacio... tu lapso pero si sé, que eso, es mi condena... ¡Cuánto es mi sufrir!... ¡Cuán agonizante mi pesar!... ¡Dame plazo suficiente!... Dame la ocasión de dar mi sangre para salvar la de esos inocentes.

Déjame encontrarlo... Déjame encontrar a quien con su venganza cruenta y con mi katana en sus manos, sesgará vidas indefensas... ¡No lo permitas!... ¡No lo merecen!... No me hagas pensar, que tú, eres mayor enemigo que él... Quizá, lo seas ya... ¡No quiero sangre diseminada!... No quiero ver con mis ojos la masacre en sus cuerpos... No quiero pensar que los míos, quienes más amos, sean también de él, su objetivo, su ensañamiento... El corazón se me sobrecoge y el llanto rompe en mi pecho... ¡Cuánta desgracia por mi causa!... ¡Yo, el héroe imbatido!, ahora, es guerrero caído...

Dame, lo que necesito de ti...  Dame, la oportunidad de hallar a quien con el resarcimiento la muerte lleva... La opción, de enfrentarme a él, mirándole cara a cara... ¡Mirándole a los ojos!... Le desafiaré para batirme con él, a espada, a sangre ¡y fuego!... Es mi cometido, y no vacilaré en cercenar su cuello para que otros sigan viviendo...

¡No me falles!... ¡Requiero de ti!... Eres inexorable, no das marcha atrás... ¡No perdonas!  más esta vez ¡cedes!... ¡Déjame libre para no pender de ti! La arena del reloj, cae, cae... ¡cae!... ¡Me ahogo!.. ¡Me siento atrapado!... Ella, me dice, que con cada avance que das, a mí me sigues arrollando y a él, a esa mente perversa, le das chance para seguir matando.

Detén por un momento tus ansias de correr para yo poder enfrentarlo... Mientras tú sigas dando un paso, yo, al igual que esa pobre gente abandonado me hallo... Abandonado al dolor, por ser la causa del despropósito y de tanto pavor.

Otórgame ese lapso y luego, sigues prolongando o acortando tu vuelo... Entonces, ya no me importará como lo hagas y de nuevo, mis días dependerán de ti para los restos... Siempre de ti he de ser preso, y no es fácil librarme de eso, más ahora, escucha mi ruego...

... porque sólo tú puedes ayudarme... ¡Sólo tú, TIEMPO!”





Capítulo 89  ¿Cómo no sentir?

Se encuentra sola, allí, en su celda. Está a punto de salir para Toledo junto a las hermanas de la congregación, sabe, que la esperan, pero quiere tomarse algo de tiempo, sólo un respiro... Quiere asimilar, que dentro de tres días tomará los hábitos... Se siente aturdida, sabía que ese día tenía que llegar pero ha sido una sorpresa para ella, no esperaba que fuera tan pronto... No esperaba, que tan pronto su vida sería de recogimiento, de oración... Una vida dedicada al señor... Su inmensa pero triste mirada, la dirige hacia la ventana. A través de la celosía, ve y escucha a los pajarillos revolotear al son de su trinar, allí, entre las copas de los árboles de los jardines del claustro... Los ve posarse en las ramas, como alzar su vuelo... En aquel momento, quisiera volar como ellos, ser libre y respirar esa libertar fuera de aquel convento.

Se siente presa, presa de ella misma y de esa decisión que ha tomado... ¿Cómo volver atrás?... Ya no es fácil... Percibe que su alma llora la amargura que lleva dentro y que su corazón herido, así lo siente... Amargura por no ser valiente, por no afrontar lo que la vida le depare bueno o malo fuera de aquellas paredes... Piensa en él, en el hombre que llena su vida y que por miedo, rechazó... ¿Cómo no pensar en él?... ¿Cómo no seguir sufriendo aunque haya puesto una muralla de por medio?... Simplemente, porque lo ama, porque sólo él, es el causante de su encierro como el responsable de sus sueños... Se estremece ante sus propios pensamientos, sabe que no es correcto, que está faltando al Altísimo por culpa de sus sentimientos, pero...


“¿Cómo no sentir ansías de mujer ante el recuerdo del calor de su abrazo y de su beso?
¿Cómo no sentir ansias de mujer, ante la necesidad de despertarme a su lado?
... de ver su mirada en mí, y por ello, aun azorada me hallo.
Inconsciente busqué el calor de su cuerpo...
... y aún tiemblo de amor al abrir mis ojos y encontrarme con ellos.
¿Cómo no desear sentir sus manos acariciando mi piel?
Mi cuerpo lo grita, más es ilusión, un sueño que ya nunca se ha de cumplir.

Perdón señor, perdón por pensar en lo que no debo... ¿Pero cómo no hacerlo?
¿Cómo no sentir, anhelar que su cuerpo se enrede en mi cuerpo?
Déjame por estas horas que mi mente y mi corazón vuelen a su encuentro.
A partir de tres días, solo para ti, mis pensamientos... solo para ti, mis rezos...

¿Cómo no sentir?”





Capítulo 90  Ella, no soy yo.

Te miro... Veo tu mirada hermosa.
La que me atrapó, la que me encandiló, la que me enamoró.
Ahora, tu mirada, aunque la misma, no  es a mí a quien mira.
No te reconozco... Tú, mí amado maestro, mi esposo...
¿Por qué te dejes llevar por la confusión?

¿Dónde está ese razonamiento del cual siempre te sentiste orgulloso?
No te ofusques ante esta desconocida.
No quieras recuperar un pasado que ya no te pertenece.
Ese pasado se fue conmigo amor, y yo, ya no estoy contigo.

Razona, y a la misma vez escucha a quien de amor por ti llora.
No es ella, no es esa mujer con la que debes recuperar lo perdido, no es ella amor.
Busca a quien verdaderamente llena tu alma, tu esencia de hombre...
... y que siendo tan sólo un niño, fue la que cautivó tu corazón.

No te pierdas en las pupilas de esta extraña... Esa mujer, no soy yo.
No la confundas también a ella, no le hagas albergar ilusiones que no son.
A mí, me amaste y tu amor conmigo me lo llevé...
más el mío debe quedar sellado en lo más profundo de tu ser.

No pretendas que tu amor por mí aflore de nuevo...
no hagas que los recuerdos se agolpan en tu mente.
Da paso a la lucidez... Escucha la voz de nuestro hijo....
... escucha a quien bien te respeta.
Deja que te abrace la cordura amor.
Piensa, que yo hace mucho que marché y ya no estoy a tu vera.

Tienes a quien amar... Tienes por quien luchar... ¿Es que no lo ves?
más en esta ocasión la sinrazón te ciega para no ver la realidad...
para no ver quien ha venido a ti buscando cobijo a tus brazos...
clamando a gritos que la liberes de encierros para darte a ti en alma y cuerpo.
Abre, tu mente... abre tus ojos amor...
... abre esa puerta para que salga el espejismo y des entrada a la razón.

Ese papel que tiembla entre tus dedos, te avisa, te avisa que estás a punto de perderla.
Ese “¿Qué he hecho?” me entristece, como me arranca una sonrisa... ¡Vuelves a ser tú!
¡¡Corre!!... corre en busca de la que te invade de incertidumbre como te llena de amor.
Dichosa la razón que se ha impuesto para que siga amando tu corazón...

... Con eso queda claro, que ella, no era yo...
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Mari carmen

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Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Sáb Ene 30, 2016 11:33 pm

Octava temporada.



Capítulo.91  La costurera de la Reina.

El carruaje prosiguió su marcha. Suspirando profundamente Margarita se acomodó en el asiento. Una gran congoja la invadía, un deseo imperioso hizo que asomara su hermoso rostro a través de la ventanilla y girándolo a donde aún estaba Gonzalo. Éste, que era ayudado a levantarse del abrupto suelo por Sátur, no dejaba de mirarla con la incredulidad aún reflejada en sus facciones. La joven con un nudo en la garganta volvió a su postura anterior y reclinó la cabeza en la acolchada pared de la majestuosa carroza cerrando los ojos. La voz de Mariana de  Austria, la sacó de su abstracción.

- Dime Margarita... ¿Quién es ese hombre? Es alguien importante para ti, ¿verdad?

La muchacha dejando su postura miró a la mujer que tenía delante y que era la reina de las Españas.

- Es... es mi cuñado Majestad. Al... al dejar el convento no fui para la casa por lo que es imposible que él supiera que yo había desistido de tomar los hábitos... No he tenido mucho tiempo de hablar con él, pero he visto la sorpresa que le ha causado al verme vestir de esta forma... Apenas ha preguntado... A través de su mirada he visto su consternación, le debía una explicación y me he sentido obligada a decirle que formo parte de vuestro servicio Majestad...

- Has hecho bien Margarita y siento que mi guardia le hayan disparado confundiéndole con un asaltador de camino... Por lo que he comprendido no ha sido nada grave... – la voz de Mariana de Austria no sonaba con aspereza sino al contrario, era de lo más dulce y conciliadora
- No, no señora, al parecer la bala sólo le ha rozado...

- Pues entonces no te preocupes, ya tendrás un tiempo para hablar con él más detenidamente...
Al hablar, un nudo atenazó la garganta de la joven - Si... si Majestad... ya habrá un momento de hablar con él...

Después de esto, el silencio fue compañero de viaje de las dos ocupantes del carruaje, pero los pensamientos de una de ellas, no dejaba de agolparse en su mente.

Cuando dejó el convento, no quería volver a casa de Gonzalo, una casa que había hecho suya, pero el recordar como él había pasado de ella al ir la noche anterior, desistió de hacerlo. Le dolió como la trató, cuánto le dolió esa indiferencia. Ella, que fue a decirle que deseaba quedarse aquella noche con él, que quería sentirse amada, que tan sólo él podía hacerla sentir mujer... Pero nada de eso pasó.

A punto de ordenarse, comprendió que aquello no podía ser, era engañarse y engañar la fe de Cristo. Ella no estaba preparada para sacrificar su vida y su juventud en un convento. De momento no supo donde ir, de lo que estaba segura, que a casa de Gonzalo por más que le doliera no iría. Quería olvidarse de él y de todos los desengaños que él, le había “brindado”. Tenía una idea en mente, recordó la propuesta de la reina aquella mañana en el convento al ver unas puntillas hecha por ella y también al hacerle el traje de luto al pequeño infante. Iría a verla, sabía que podía ser difícil acceder y hablar ella pero lo intentaría, pero eso lo haría al día siguiente, ¿pero donde pasaría aquella noche?...

Algo se le vino a la mente. Monseñor Adrián, esperaba que si se decidía a marcharse con él, la estaría aguardando en la posada del “León”, allí iría a pasar la noche y en la mañana, antes de partir para el Palacio Real, se despediría de él, no podía dejar de hacerlo aunque sabía que iba a causarle cierto daño, Monseñor Adrian le había dado muestra de la clase de hombre que era, un hombre justo, honesto pero al que no podría nunca amar, su corazón maltrecho siempre estaría ocupado por un único amor aunque no fuera correspondido como ella quisiera. Siempre Gonzalo de Montalvo ocuparía su mente y su esencia de mujer, pero ella, haría lo indecible de saber vivir con ese sentimiento hasta conseguir no hacerse daño...

Lo que pensó, así lo hizo. Tomó su cesta con sus pocas pertenencias, las mismas que se llevó con ella al monasterio de San Juan, una muda de ropa, aparte de la que llevaba puesta y unos cuantos maravedíes, lo suficiente para pagar una habitación en aquella posada y despidiéndose de las hermanas y la madre superiora salió a enfrentarse a su nueva vida. Le pedía a Dios Todopoderoso, que si no tenía suerte con el ofrecimiento de la reina, que encontrara cualquier otro trabajo porque entonces, no sabría por donde tirar, se encontraría perdida, y al igual que no quería volver a la casa de Gonzalo, tampoco quería volver a pedir trabajo en el Palacio de la Marquesa. No quería volver a sufrir las humillaciones de Lucrecia de Guzmán, la que hacía años fue su mejor amiga, al menos es lo que ella siempre pensó y que siendo una niña la conocían como la hija del cuchillero, pero con el paso del tiempo, sólo se la reconocía como Lucrecia de Guzmán, Marquesa de Santillana, mujer altiva, déspota... cruel... ¡No! nunca volvería a pisar el Palacio de Santillana, al menos para servir a Lucrecia.

Los pensamientos de Margarita se interrumpieron de momento, una exclamación de la reina la sacó de ellos.

- ¡Mira como revolotea!

La muchacha buscó con los ojos donde la mirada de Mariana de Austria iba y venía. Comprendió su exclamación. Una mariposa blanca y que había entrado por una de las ventanillas revoloteaba dentro del carruaje.

- Hoy estamos de suerte, ya sabes lo que se dice cuando nos encontramos con una mariposa blanca cerca de nosotros...
- Si... si señora, sé lo que se dice... pero a veces no es más que eso, un dicho... – dijo la joven con cierta tristeza y viendo como la blanca mariposa terminaba por salir al exterior perdiéndose entre el paisaje lleno de verdor y cuajado de flores de una primavera que estaba por irse para dar paso a la época estival.

- Pues yo estoy segura que hay algo de verdad Margarita, y si es así, yo hoy, estoy de suerte y por mucho tiempo... – lo dijo con una sonrisa y recordando las mariposas que salieron de aquel suculento cochinillo.

La joven la miró confundida – No la entiendo Majestad...
- Comprendo que no me entiendas, pero sé porque te lo digo... ¡Ay! tenía que haber tomado el abanico, ya parece que aprieta el calor... – dijo pasándose una mano por la frente.
- Si señora... dentro de nada ya tenemos el verano encima... Si pareciera que fue ayer el día del Corpus...

- Así es, los días pasan volando como esa mariposa... No nos damos cuenta que un año pasa de lo más pronto, y aún tú, no te das cuenta, pero a mis años todavía pasan más rápidos de lo que una quisiera...
- Pero Majestad, si vos sois muy joven...
- No tanto Margarita, no tanto... – con una sonrisa dirigió su mirada a través de la ventanilla.

De nuevo, el silencio volvió a acomodarse entre los asientos forrados en terciopelo rojo, como los pensamientos de Margarita afloraron de nuevo en su mente.

Después de una noche inquieta por los recuerdos y por tanta inquietud de no saber lo que el destino aún podía tenerle guardado, se levantó y después de un aseo ligero se vistió saliendo de aquella modesta habitación dirigiéndose al de Monseñor Adrian, le costaba pensar que ya no fuera clérigo y le costaba pensar y llamarlo solo por su nombre de pila. En la noche anterior por el dueño de la posada se enteró de la habitación que ocupaba dirigiéndose a ella.

El pecho de Margarita tomó aire al llegar a este momento en sus pensamientos. No fue fácil decirle que no, que ella no podía marchar con él. Podía haberle dicho que si, con él, estaba segura que hubiera tenido estabilidad y con el tiempo podía haberle amado, pero de nuevo era huir, huir de aquel amor que la quemaba por dentro. Ese siempre había sido su escape, y lo comprendió cuando le otorgó el sí a Juan, y no sólo se equivocó una vez sino que iba a cometerlo por dos veces, pero al destino de alguna manera hizo que no incurriera en ese error. No se puede pasar huyendo toda una vida para no sufrir... En aquel momento comprendía, que hay que vivir con el sufrimiento para hacerse más fuerte.

Después de despedirse de Adrian, resuelta, se dirigió al Palacio Real con el consiguiente problema que se encontró cuando le dieron el alto y la llevaron hasta la presencia de sus Majestades Felipe IV y Mariana de Austria. Se sintió cohibida, quizá se había precipitado pero su impulso fue más fuerte y no la dejó pensar, pero después de los primeros instante de apuro y que la propia reina decidiera acceder a escucharla se sintió aliviada y liberada, y más cuando la propia Mariana le dijo que le daba una oportunidad. No podía creerlo, pero era real, tan real como en el Palacio que se encontraba.

Al llegar aquí, se sonrió. No se imaginaba lo que vino después, Mariana de Austria hizo que la acompañara por un largo pasillo. Mientras lo recorría detrás de la reina, no dejaba de admirar todo lo que se encontraba a su paso. El día que estuvo para probarle el traje al infante no le dio lugar a fijarse en muchos detalles, pero en aquel momento se dio cuenta del esplendor que la rodeaba. Tan absorta estaba mirándolo todo que casi tropieza con la propia reina al detenerse ésta delante de una puerta. La Soberana abrió las dos hojas de madera de ébano entrando en la estancia. Margarita quedó perpleja, estaba ante un vestidor. Mariana se volvió a ella...

- Si vas a acompañarme a Alcalá debes ir vestida acorde con tu reina, ¿no crees?
Titubeó al contestarle – Si... si claro Majestad... Como... como vos digáis...
- Debes ir vestida como una de mis damas – mientras lo decía miraba entre los elegantes vestidos.
- Pero... pero señora... yo... yo sólo voy a ser su costurera... y si me acepta claro...
- No vas a llevar la contra a tu reina ¿no?... En cuanto a si te acepto o no, eso depende de ti y del gusto que tengas eligiendo las telas...

Margarita inclinó la cabeza. Su hermoso rostro se ruborizó – Perdón Majestad... no he querido llevarle la contra... Me pondré lo que vos indiquéis...

Mariana de Austria tomó un vestido en azul oscuro de terciopelo y una capa haciendo juego y cuyo reverso era de tonalidad verde. Miró a la muchacha de arriba abajo - Creo que este te vendrá bien, no eres muy alta pero unos escarpines pueden hacer milagros...

Dejó lo tomado en un diván y se dirigió donde se encontraba toda clase de zapatos. Revisó varios de ellos. Tomando unos de ellos se dirigió a Margarita – Creo que estos te vendrán bien y hace juego con el vestido y ahora...

No pudo de completar la frase, un roce de ropa y una voz femenina hizo que se volviera.

- Majestad, ¿vos aquí?... ¿Por qué no me habéis avisado?... Es mi cometido Majestad...
- Pasad marquesa y lo sé, sé que es vuestro cometido pero hoy quería ver por mí misma la transformación de alguien que puede estar al servicio de la reina... Ya que vos habéis llegado podéis seguir con lo que yo he comenzado... Llevadla al salón de aseo y también buscad unos pendientes apropiados... No escatimad en buscad todo lo que pueda necesitar...

Ante el estupor de la recién llegada, una mujer de mediana edad, elegantemente vestida y peinada, Mariana no dejó de sonreír y señalando a la joven le dijo  – Fernanda comprendo vuestra extrañeza, pero esta muchacha quizá sea la costurera de la reina, sería un privilegio para ella y también para mí... No en todas las casas reales de Europa se tiene el honor de tener a una buena costurera a mano, y yo, voy a intentar que así lo sea, o mejor dicho, Margarita va a hacer lo posible para que sea así...

Al sentir la mirada de la Soberana y de la marquesa en ella, la joven volvió a azorarse – Si... si señora... Lo... lo intentaré para que sea así...
- Espero que no tardéis mucho en dejarla... ¿cómo decirlo? digamos, una princesa de cuento... - dejando en los brazos de la marquesa Fernanda de Ojeda tanto el vestido como la capa salió del vestidor.

Todo fue como en un sueño. Margarita se vio rodeada de sirvientas y antes de que se diera cuenta se encontraba bañada en agua tibia con pétalos de rosas. Luego su imagen vestida con aquel vestido se reflejó de cuerpo entero en un espejo de pie... No podía creer que fuera ella la imagen que el espejo le devolvía, pero si, era ella, y como dijo la reina al salir del vestidor, parecía una princesa de cuento con aquellas ropas. Se veía tan cambiada, nunca se vio hermosa aunque la gente le dijera que lo era, pero aquel espejo le decía que si, que lo era. Sintió su corazón palpitar con fuerza... La imagen del hombre amado se reflejó en el espejo sonriéndole, diciéndole que sí, que estaba hermosa, bellísima... Sólo fue un momento y el rostro amado desapareció... La tristeza la invadió. Inconscientemente se pasó los dedos por su cabello recién peinado y que le caía como una frondosa cascada rizada por delante de la pechera. Uno de los pendientes quedó al descubierto, eran de oro y plata fina. Recordó sus pendientes de margarita. Hacía tanto tiempo que dejó de ponérselo... Todo aquello le parecía irreal, quizá de un momento a otro despertaría de su sueño pero la voz de la marquesa de Ojeda le dijo que estaba bien despierta.

- Estás preciosa... Anda vamos, su Majestad espera...

Nada me podía indicar al poner un pie y subirme al carruaje que iba a encontrarme contigo en el camino... No sé siquiera por qué te encontrabas allí... No sé si fue el azar, el destino quienes hicieron que nos reencontráramos para tu desconcierto y para que mi alma se llenara de desconsuelo... Nada me indicó que aquella detonación que escucharon mis oídos había sido dirigida a ti, sólo cuando asomé mi rostro por la ventanilla supe a quien había asestado aquella arma cruel.... Por un instante sentí morir al verte caído, luego me sosegué dando el alto y sin autorización de la reina salté del lujoso carromato... En aquel momento no me hubiera importado que mi sueño se esfumara allí, lo que importaba eras tú... Tú, que caído parecías no comprender lo que tenías delante de ti y lo que tenías delante de tus ojos, eras a mí...

Hubiera querido decirte tantas cosas, gritarte que sí, ¡que era yo!, que aunque vestida como una dama, era Margarita, la Margarita que vivía y seguía penando por ti... Mi corazón latía con fuerza al tenerte tan cerca de mí... Cuán difícil será vivir fuera de tu vida cuando de amor por ti aún estoy llena... Hubiera querido decirte tanto pero nada salió de mis labios... Sólo mis ojos negros miraban la consternación que se reflejaba en los tuyos color miel y en tus hermosas facciones de hombre... No dejabas de mirarme pero tus labios nada preguntaban... ¿Qué veías en mí?... Aunque vestida de marquesa nunca dejaré de ser una plebeya, eso mi amor tenlo en cuenta... Sólo ante la llegada de Sátur y su pregunta, y antes de volver al carruaje porque así me lo pedía su Majestad, pude dar una respuesta... “Me encuentro como costurera, al servicio de la Reina”






Capítulo.92  Sensaciones.

Todo es silencio, las sombras arropan a la Villa con su oscuridad extendiendo su negro manto bajo la tenue luz de la luna... Han sido horas de muchas sensaciones... Sus cuerpos, sus mentes, sus almas se han invadido de mí y de todo lo que a través de mí obtienen... Soy parte de ellos, más no soy el destino, ni el azar  pero según ellos rijan sus vidas, yo haré que vivan un mundo de emociones y no siempre son las deseadas... Hoy, cada uno de ellos lo ha experimentado, lo han sufrido... Han sentido el pavor, el rencor, la pena, el pesar... la culpa, y por unos momentos han percibido el consuelo... No soy algo material, no soy ser viviente, más vivo dentro de ellos y hay quien sabe verme... Me pueden ver a través de una mirada, de una sonrisa, de una lágrima y sentirme... ¡Vaya si me sienten!... Estoy dentro de cada uno como en cada rincón de una morada, de una casa... de un Palacio. Cada rincón de ello, puede estar impregnado de mí...

Paseo cauteloso en esta noche liviana de pesares y que ha dejado atrás al insomnio para dar paso al descanso sosegado... La Marquesa duerme tranquila... Es mucho lo que ha penado... Mujer frívola donde las haya, mujer que no se mide ante nada... Mujer sin escrúpulos que ante pone su frialdad a la piedad del ajeno, del débil, sin embargo, en esta ocasión ha dejado fluir su aflicción, su pesar ante el hombre que estaba a punto de que su cuerpo fuera desmembrado en el patio del penal, allí ha dejado surgir su compasión para liberar del sufrimiento al hombre que de alguna manera siempre a su lado ha estado...

Sigo por cada rincón del Palacio y traspaso la puerta de los aposentos del joven... Lo siento, siento que su sueño es dulce como el de un niño. Aunque se crea ya un adulto, aún sigue siendo el niño y que aquel hombre aunque despiadado para algunos, siempre lo amparó. siempre lo amó, no se preocupó de su vida y la puso en riesgo para ir a correr a salvarlo, para salvar a su protector, a quien siempre estuvo junto a él... Más cuánta es la desilusión, más cuánta es la humillación al saber que ese hombre es su padre... No lo acepta y así se lo hace saber... Sin embargo, el amor es más fuerte, es más poderoso y no quiere dejar de darle su último adiós y lo llama padre con el llanto en sus ojos, y la pena en el corazón...

Vuelvo sobre mí y me detengo ante otra alcoba. El hombre por quien todos han sentido emociones diferentes, duerme junto a su esposa... Nunca ha sentido tantas conmociones al mismo tiempo... Nunca ha percibido la muerte tan cerca, nunca ha sentido el dolor de saber, que su hermano, al que creía muerto, no es capaz de perdonarle ante las puertas del infierno... Nunca pensó, que en un momento tan terrible como el que estaba viviendo, le confesaría a su ser más querido, que él, era su padre... Nada se puede predecir, más después de tantos momentos duros y emotivos, ahora descansa tranquilo, libre de la pesadilla vivida y soñando que dentro de unas horas, volverá a recuperar su puesto como el Comisario de la Villa...

Sigo recorriendo los pasillos, los rincones de Palacio saliendo de él... Me veo en una de las calles de la Villa, en un barrio humilde... Encuentro a mi paso desdichados durmiendo al calor de los braseros, aquellos que no tienen techo... Les dejo en mí recorrer, en sus almas tan dañadas, sensaciones que les den motivos para con alegría enfrentar una nueva amanecida llena de esperanza... A veces, como un ángel me siento reconfortando la falta de estímulo, de acicate en esas vidas... Les despierto, les incito a hacerlo, aunque a veces para algunos de vosotros, pareciera que fuera yo, el que dormido estuviera...

Me adentro en la casa... Sé, que estoy en cada rincón de ella... En cada rincón aspiro mi propio aroma... Floto en el ambiente... En esta casa se respira todas las emociones, todo lo que perciben a través de mí... Es la casa del maestro... Un maestro que durante estas horas no ha querido escuchar a su conciencia, a su postillón... Buen criado es el que tiene a su lado y que le ha pedido a gritos que recapacitara, que no se dejara llevar por el rencor, por el odio pero él, no quería escuchar a esta conciencia, no quería sentir la compasión por quien iba a ser condenado a una muerte cierta... El hombre que asesinó a su esposa, a la madre de ambos, su propio hermano...

Duras han sido las horas maestro la que has soportado... Ha sido una lucha continua, una lucha contigo mismo la de no querer ceder, la de no darte margen y dársela a él, a tu hermano... Tú, que induces a la justicia, tú, no querías ser indulgente con él... No querías perdonar aunque tu culpa la llevaras contigo siempre, más esa culpa ya no la llevarás contigo... Recapacitaste y aunque el perdón no se lo otorgaste, en el último instante, como el héroe la vida se la salvaste... Ahora duermes sin que un mal sueño te desasosiegue... Duermes que ya mañana dios dirá y las emociones buenas o malas a ti volverán... A ti, a todos... A nadie le han de faltar...

Está a punto de despuntar el alba... Aquí en este tejado dejo envolverme por la claridad sonrosada de la mañana... Cuántas emociones se encontraron en el aquel patio del penal, cada cual demostró lo que sentía, fueron emociones a flor de piel las que dejé en cada uno de ellos y reaccionaron a su forma y manera... Percibí a la parca agazapada esperando a su presa, para llevarse el cuerpo destrozado engarzado en la guadaña negra... Más no lo esperaba, no esperaba que yo, pudiera más que ella... A veces, lo más simple, puede triunfar ante la misma muerte...

Dentro de unas horas, ninguno de ellos recordará lo vivido... Sus vidas aunque entrelazadas girarán en otro sentido... No todo está en mi mano, pero soy parte afectiva de un estado de ánimo en un momento determinado... Soy el resultado de esas emociones y por eso, Sentimiento me llamo.






Capítulo.93  Decisiones.  (El...)

Entra en la casa, furioso, cerrando la puerta con ímpetu. Se deja caer en el banco y se atusa nervioso el cabello, con cierta rabia. Para él, no es noche de fiesta, al menos no es lo que esperaba de ella. Por un lado, la desazón de saber que su hijo es parte de la guardia del Comisario Hernán Mejías... su hermano...

El odio se acrecienta aún más dentro de él minando su alma. Sólo Hernán es el culpable de eso, y teme, teme que Alonso tome un camino equivocado, unas ideas contrarias a las de él y por las cuales lucha cada día. Teme, que pueda ser uno más de esos guardianes de la Villa imponiendo el miedo y castigando sin medida. Teme, y si el destino no media, enfrentarse a él como el Héroe, como el justiciero del pueblo ¿Qué hacer ente eso? ¿Cómo remediar tanto desatino si tan sólo es un niño?... Un niño que puede matar o ser muerto... Al pensar esto, un escalofrío recorre el alma del maestro.

Cuántas cosas te inculqué para que supieras elegir bien tu camino...
más por tu afán de ser alguien, de ser un militar, has dejado atrás, valores,  principios...
¿Dónde desembocará tu ambición Alonso, hijo mío?...


Se levanta y pasea como un animal enjaulado. Siente miedo, quizá no había sentido el miedo como hasta aquel momento. Perdía a su hijo, perdía a Alonso, lo sabía... ¿Pero cómo hacer que recapacitara si ya se le había ido de las manos?... Golpea con furia la mesa haciendo saltar como en la tarde, la jarra de vino y el vaso que se hallaban posado encima de ella. No sabe por qué, pero en aquellos momentos piensa que puede ser debido a tantos equívocos que ha ido cometiendo sin procurar poner un alto a ellos. Tal vez, la decisión de Alonso sea debido a uno de esos fallos, quizá no ha sabido ser del todo un buen padre, un buen maestro... Sus manos, apoyadas en la tabla de la mesa se aprietan fuertemente en ella. Hay lágrimas a punto de fluir en sus enrojecidos ojos y su mente vuela por un instante fuera de la casa... Otra desazón más que le invade...

"He vuelto a cometer otro error al volver a la casa y dejar la fiesta, el lugar donde iba a desarrollarse el baile... ¡Maldigo la presencia de mi postillón en el momento menos apropiado!... Recuerdo tus palabras que de alguna manera reconfortan mi esencia... “Gonzalo, ¿podemos intentar de recuperar la normalidad?... Es que un día de esto vamos a explotar de tanta tensión”... Lo sé, sé cuánta tensión llevo, o llevamos acumuladas pero no es nada fácil todo esto para mí, así te lo hice saber, más tú, intentaba remediar, intentaba poner de tu parte, de romper aquel hielo que nos traspasa a los dos... “Hoy es el día más bonito del año... Podemos quedarnos aquí parados, o intentar ser como el resto...”... “Cómo el resto...”... Apenas fue un eco mi voz... “¿Y qué propones que hagamos para ser como el resto?”...

Mientras te preguntaba no dejaba de mirarte ni un solo instante, era imposible no hacerlo, quería perderme en tu mirada, ella, podía decirme lo que tanto anhelo... Mi corazón comenzó a latir con fuerza a punto de que tú, me propusieras lo que fuera pero la llegada de mi escudero y nuestro amigo, rompió aquel mágico momento... Hubiera querido fulminarle porque con su presencia me quedé sin tu respuesta... Cómo me hubiera gustado saber cual era aquella propuesta tuya... Es tanto lo que te amo que la que hubiese sido, yo la hubiera aceptado de todas las maneras...

Cuanta alegría sentí al verte llegar a la casa... Pensé que volvías a ella para estar junto a mí y a mi vera... Más sólo fue desilusión... Venías a pedirme ayuda para encontrar a la reina...Cómo no recordar el momento que pongo un pie en tus aposentos... Un aposento con todo el lujo que tú mereces... Cómo no recordar y tener aún en mi mente, tu voz, algo asustada al escuchar que alguien hacía entrada y rompía tu privacidad, tu intimidad, pero a la misma vez, tan dulce y cristalina... Allí, en aquella estancia, tu voz, fue un cántico para mis oídos...

Cómo no recordar, y no quiero borrarlo de mi mente, como tampoco quiero olvidar lo que  percibió todo mi cuerpo al ver tu silueta de mujer reflejada a través de aquella mampara... Era imposible no mirar... No debía, no era de caballero, pero soy un hombre nada más y lleno de amor por lo que era difícil resistirse a no hacerlo... Cada movimiento y que inconscientemente me hacías entrever, enardecías todo mi ser... ¡Cuántas sensaciones despertaste en mí!... Te había imaginado, soñado mil veces y allí, entre bastidores, tu cuerpo fue lujuria con ansias de querer...

Qué bella estabas al aparecer ante mí, cruzándote aquella sutil bata ante el pecho e intentado cubrir tus hermosos y pronunciados senos, más por mucho que lo hacías, ante mis ojos, dejabas parte de tu turgente desnudez al descubierto... Estabas llena de insinuante provocación, sin siquiera proponértelo... Cuán difícil fue para mí, un hombre y que ama a una mujer como yo te amo y te deseo, contenerme para no rozar con mis manos la redondez de tus delicados pechos... Cuánto es el pesar de anhelar tu cuerpo, de acariciarlo, de enredarlo en la calentura del mío, y fundirnos en uno solo hasta que el trinar de los pájaros y la luz del alba haga despertarnos, sin ser sueño lo que en la noche, hayamos amados...

Me pongo a pensar... ¿Acaso percibí un toque de celos por tu parte ante ese beso que en escena me dio Lucrecia?... Aunque había algo de ironía en tus palabras, es lo que creí percibí al decirme... “Resultó, muy creíble... Vamos, tanto, que yo me creí que era verdad”... Fui algo cortante al contestarte, porque de alguna manera me dolió que lo creyeras... “Pues no, no lo era”... Sólo sería realidad el beso que yo te diera... Cómo deseé tu boca, cuál fue el ansia imperiosa de besar tus jugosos labios para con ello, acallar las palabras que no hubiera querido que salieran de tu boca... Cuánto daño hace pensar que de la Corte has hecho tu vida, cuando aquí, en esta casa, de lujo sabes demás que escasearías, pero yo a cambio, mi vida llena de amor por ti, te ofrecería...

Perfume embriagador con el que me envolviste al pasar junto a mí para encaminar tus pasos hacia la ventana... Los fuegos de artificios hicieron su magia... El resplandor que desperdigaban ellos sobre ti, te hacían aún más hermosa... Las luces de mil colores sobre el negro de tu cabello, fueron para mí cómo un delirio, pena para mí, que no pude perderme y emborracharme entre los rizos de tu pelo y aunque hayas elegido vivir tu propia vida, allí, en la Corte, no eres prisionera de nadie, por eso tu afán de volar, de asistir al baile... Un baile que hubiera deseado que lo hubieras compartido conmigo, más aquí me veo... hablando conmigo mismo, lleno de lamentos y no soy capaz, de salir corriendo para encontrarme contigo...

Esta noche, los dos seres que más amo, me habéis dado muestras de vuestras decisiones... Para mí, ningunas son válidas ¡No las acepto! porque de alguna manera os pierdo... ¡Los dos, sois mi vida!... Malditas decisiones las vuestras ¡y maldito yo, por no decidirme con la mía!






Capítulo.93  Fiesta, baile... (Ella...)

Suelta con desgana el manto que la protegió del frío de la noche. No esperaba que la noche hubiera resultado de aquella manera, ni la noche, ni el día. No ha regresado muy tarde y lo hubiera hecho antes sino hubiera sido por un convecino que le dijo que lo esperara, que él, tenía que llevar a su hija también de regreso al Palacio Real. No era un camino por donde una mujer joven y hermosa, debía ir sola. Se desnuda lentamente poniéndose el blanco camisón. Se sienta en la cama llena de una gran desilusión.

Por más que lo intentó, él, de nuevo la llenó de confusión. Con su llegada, allí, en sus aposentos y además por el gran ventanal esquivando a la guardia, le dio a entender, que por ella se preocupaba, y aunque desconcertada, procuró que el tiempo que él se mantuvo en la estancia hablar sin sentirse cohibida, acompañando la amabilidad de él, su sonrisa, es más, pudo demostrarle a pesar que le dolieron ciertas palabras, que estaba allí, porque así lo había decidido ella.

No fue fácil el camino hasta la Villa. Fue poco lo que hablaron en aquel trayecto. Cosas triviales, como contarle él, la forma en cómo venció al vértigo para perder el miedo a las alturas. Le sorprendía tantas cosas del hombre amado. A veces pensaba que no lo conocía, eso, ya se lo dijo un día, y la verdad era esa, no conocía a Gonzalo de Montalvo, ni al hombre, ni al maestro... Su comportamiento tan desconcertante, tan confuso, es lo que hizo que se alejara de él, a pesar de cómo lo amaba, de cómo lo quería.

Mientras cruzaban el bosque en dirección a la Villa, se le hizo un mundo caminar junto a él, a veces, el silencio era un compañero andante entre los dos. Necesitaba hablar, contarle el porqué decidió no volver a la casa pero no sabía cómo tratar el tema. No era fácil decirle los motivos, y los motivos era él y su forma de ser con ella. Si al menos él le hubiera preguntado, pero de los labios de él nada salieron, siempre el silencio, ese maldito silencio de no querer saber, de darlo todo por hecho... Ni siquiera podía intuir que pasaba por su mente, que pensaba al respecto. Quizá, al llegar a la Villa, la cosa cambiaría... Sí, eso sería. Seguro que con ella se quedaría, y habría un momento para hablar, para sincerarse uno con el otro... Más no fue como ella pensaba, y en aquel momento, en aquella alcoba del Palacio Real, llora de nuevo su desconcierto y su desespero...

"Cuán difícil es todo contigo... Me acercaste a la Villa para que disfrutara del baile, pero tu intención era esa, sólo acompañarme a la fiesta para luego marcharte... Mi ahogo era desesperante y armándome de valor quise derretir ese hielo que como un muro se alza entre los dos... Por un momento, estuviste a punto de escucharme y darme la oportunidad de hacerte esa propuesta, más eso se quedó en el aire... Cuando llegó nuestro criado y amigo, diste media vuelta y no hiciste por escuchar mi proposición... Yo, tan sólo quería que nos hubiéramos comportado como el resto de las personas que nada se ocultan, que intentan remediar cualquier equívoco o malentendido, más te fuiste sin siquiera decirme adiós...

Ya no hubo baile, ni la alegría de la fiesta... Para mí, ya todo acabó... Cómo hubiera deseado que te hubieras quedado conmigo, que hubiéramos hablado y después, entre tus brazos, iniciar ese baile tan deseado... Un baile, como el de aquella noche, allí, en tu casa, en la cocina... Un baile lleno de magia pero como tantas cosas, la brisa también se lo llevó... Desde aquí, apoyada en el vano de la puerta del ventanal, veo de nuevo los fuegos desperdigar sus luces de colores, más para mí, adiós fiestas, adiós baile... adiós algarabía... Nada puede alegrar esta pena mía...

¿Por qué tanta prisa en irte?... ¿Por qué tanto de mí te distancias?... ¿Acaso hay alguien que te espera?... Alguien que de noche tu cuerpo calienta... Es eso, ¿verdad?... ¡Miedo me da de cómo me devoran los celos!... Celos, como los que sentí cuando vi que te besaba la Marquesa... ¿No será ella, por quien de noche te desvela?... ¡Ella no!... Ella viste la maldad con elegantes vestidos...

¡No te dejes engañar!... No te dejes embaucar por una sonrisa de Lucrecia, no sabes lo que escondes tras ella... Es mucho el daño que siento porque mi amor no es correspondido, más tú, te mereces algo más que la “inteligencia”, la astucia y lo bella, que pueda resultar la Marquesa... Yo he trabajado a su servicio y sé de lo que es capaz por conseguir sus fines... ¡No quiero pensar!...  ¡No quiero sufrir por ello!.. Ya es mucho el sufrimiento y prefiero de mi mente desechar tal desconcierto...

Siento que la congoja sube a mi pecho... Mis ojos siguen mirando el cielo lleno de fulgores... Te veo entre ellos, de nuevo aquí, en esta estancia... No sabes lo que sentí ante tu presencia... No dejabas de mirarme, más ahora, no como antes, es imposible saber lo que guardas tras tu dulce mirar... No era fácil para mí tenerte delante y simular que nada pasa... Quiero olvidar este amor que me quema y al tenerte delante, mi cuerpo, mi esencia de mujer de sensaciones se llena... Cómo hubiera querido que me hubieses tomado entre tus brazos, que tu voz cálida me hubiese susurrado diciéndome que todo estaba bien, que allí, estabas tú, para hacerme sentir y hacerme feliz, que en ellos, siempre estaría protegida... Que entre tus brazos amados, tú, me amarías hasta el final de los tiempos, hasta el final de nuestros días... ¡Qué ilusa!... ¿Pero aún sigo soñando?... ¿Qué es lo que puedo hacer si nada espero de ti?... Si ya debía de olvidarte y sin embargo, sólo de pensarlo mi corazón se rebela y mi mente por ti, vuela que vuela...

Cuando escuché explosionar los fuegos de artificios y apartándome de ti me dirigí a la ventana, albergué una gran alegría, quizá esta sería la noche... Esa noche que he esperado por tanto tiempo... Te dije con ilusión y con cierto toque de nostalgia... “Después de los fuegos, viene el baile”... Esperaba de ti, que compartieras esa ilusión y me quitaras mi nostalgia... Más te dejaste caer con estas palabras... “Tú, has elegido la vida de la Corte y no estar allí”... Me heriste en lo más profundo de mí ser... Cómo me dolieron esas palabras, hasta el  punto que estuve por echarte en cara, que si había elegido esta vida, tú, eras el causante, por no tenerme en cuenta y hacer que cobijara sueños y esperanzas que se fueron a la nada... ¿Cómo decirte, que yo no quiero esta vida en la Corte? ... Soy una costurera, una plebeya y no aspiro a nada más... Si!!... sólo aspiro a una vida contigo, amándonos y como palacio, ¡tu casa!... Apenas pude decir... “Yo, he elegido vivir mi propia vida”... Te daba la espalda y en mis ojos, a punto de brotar las lágrimas, más me recompuse y dándome la vuelta, cara a cara, busqué tú mirada... “Pero de todas formas no estoy presa y nada me impide ir al baile, ¿no?..."

En mal momento lo dije... El arrebato me impulsó a hacerlo, más me animaste a ello... No pensé, que luego, más tarde me arrepintiera de haberlo hecho... Tú, hiciste que me lamentara... Ese “espero que te diviertas en el baile”... me hizo comprender, que tú, me dejabas tirada y aunque intenté retenerte con esa “propuesta”,no sirvió de nada... Te marchaste dejándome sola... Ni siguieras pensaste de qué forma me iba a valer para volver a Palacio tan entrada la noche... Ya no hubo fiesta, ni baile... ni algarabía... Te marchaste tú y me quedé, tan sólo con la tristeza mía...

... Y aquí estoy, rodeada de lujos pero llena de desconsuelo y hablando contigo como si loca estuviera... De nuevo equivoqué tu imprevista llegada... Por un momento pensé, que el amor, me entraba por la ventana... Ilusiones que amparé para luego, invadirme de desesperanza... En el firmamento, los fuegos de artificios siguen desperdigando sus colores, más para mí, adiós fiestas, adiós baile, adiós algarabía... Nada puede consolar, esta amargura mía...
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Mari carmen

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Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Dom Ene 31, 2016 2:56 pm

Octava temporada.



Capítulo.94  Lamento

Una vez, conocí a un hombre que quería cambiar... No era ni bueno ni malo, pero quería ser mejor... Lo intentó con todas sus fuerzas, a veces, incluso en contra de sus propias creencias y su propio in situ, pero no lo consiguió... ¿Cuál fue su error?... Puede que ninguno... Puede que su único error consistiera en creer que podía conseguirlo, que podía cambiar... Una vez, conocí a un hombre que quiso lo imposible y se encontró con lo inevitable... Sólo podía perder...”

Perdiste querido amigo, perdiste... No pudiste llegar a ser mejor y dejaste que el demonio surgiera de lo más hondo de ti...

A pesar de saber que no estaba haciendo lo correcto, no podía entregarte a la justicia, me era imposible hacerlo... Fuiste parte de mi familia, mi postillón, mi escudero ¡mi mejor amigo!... Sólo pude dejarte en manos de tu destino... Un destino al que tendrás que enfrentarte sea el que fuere... Lloro, tu ausencia, lloro el mal que hiciste... Me siento sobrecogido al verte marchar, al dejarte solo en tu desatino... Siento como me embarga el dolor, un dolor que emerge de mis entrañas... Un dolor que atenaza mi esencia de hombre como la del guerrero... Mi corazón sangra, y cuán difícil será, curar y cerrar esta herida... Duele, el saber que te he dejado marchar sin decirte todo lo bueno que dejaste en mí, todo lo que has significado, no siempre se dice todo que uno quisiera... No siempre se abre al completo el corazón, y aunque uno intenta que afloren esas palabras, ellas se resisten, y quedan engullidas en las fauces del silencio... ¡Cuánto es el vacío que siento!... El vacío que tú, mi fiel amigo con tu locura, en mí, has dejado manifiesto...

Te he echado de mi vera a gritos ¡por la fuerza!... ¡Te mentí! Te mentí, porque es imposible que lo que hagas de tu vida no me importe... No quería seguir alargando esta maldita congoja teniéndote cerca de mí porque la aflicción que minaba mi ser, haría retenerte, y eso...  eso por más que me duela, nunca podría ser...  Tienes que pagar tu delito y tu condena, será errar, vagar... Tú, buscarás tu propio correctivo... Tú mismo, sabrás como castigarte del crimen cometido... Duele no saber qué camino es el que ahora tomarás... No sé donde tus pasos cansados te llevarán... No sé, en qué lugar harás tu morada... Serás uno más de tanto... en tierra de nadie...

Mi corazón agoniza lacerante... Lloro, por no haber tenido fuerza para entregarte o por no haber sido yo, el propio ejecutor...  Mi aflicción es grande, por no poder ayudarte... Lloro, porque sólo de ti me quedará el recuerdo del fiel amigo que fuiste y el daño en el alma, de lo que nunca hacer debiste... Lloro amigo, por lo que al irte no fui capaz de decirte...

En la cima del desespero, en esta tarde gris el frío atenaza mi cuerpo... Mis ojos llenos de llanto recorren un horizonte donde nubes negras se agolpan para dejar fluir su propio llanto... Nubes negras como el pesar que llevo dentro... Es muerte la que presiento, porque muerto estoy de pena y desaliento... ¿Cómo decirte amigo lo que siento?...

Cuánta es la soledad que me abraza, aquí, en estos momentos... Sólo tú, viento, ruge a mí alrededor, escucho como gimes... Tú, eres mi compañero en mi dolor, en mi tormento y hasta el bramar que exhalas, me resuena... a mi propio lamento...






Capítulo.95  Si, si quiero...

La magia de un si

Sus pasos la conducían sin prisa alguna por llegar al Palacio. En aquel momento, siente su corazón con un gran sentimiento encontrado. Siente una inmensa felicidad por haberse decidido a enfrentar sus emociones ante el hombre amado pero a la misma vez, la desolación la invade por la gran pérdida de su mejor y única amiga, más que una amiga, una hermana. De vez en cuando vuelve la cabeza, aún espera verlo allí, viéndola marchar, pero ya es imposible divisar su esbelto cuerpo de hombre en la lejanía, y que tan sólo hace un instante, la ha besado, que con su mirada llena de amor le ha dicho todo lo que la quería... Fue todo ternura, dulzura la que emanó del corazón de Gonzalo.

Nunca creyó que tendría fuerzas para echar fuera de ella, aquel deseo imperioso de darle el “si” un “si” que ella en su celda del convento no fue capaz de otorgarle, pero en aquellas terribles horas, aquello no hizo más que darle vuelta en su cabeza, no dejó un momento de escuchar la voz de Catalina, su reproche ante su conducta, su incitación para que lo hiciera, para que no dejara al amor escapar. A la salida del cementerio y en el trayecto hasta el camino donde debía seguir hasta Palacio, no podía dejar de sentir aquella congoja que la ahogaba, y era verdad lo que le dijo Gonzalo, que no siempre se dice todo lo que se quiere hasta que no se pierde a los seres queridos, todo, lo que querría haberse hecho. Por eso, de no querer seguir con aquella agonía lenta. Cata, le había abierto los ojos, no quería dejar pasar su vida sin intentarlo, sin intentar ser feliz con el hombre que había amado siempre, debía dejar atrás sus temores y hacer frente a su sentir, por eso, no quiso seguir su camino, no quiso dar un paso más y se giró dirigiéndose a él. Temía que pudiera decirle que no, que ya nada sentía por ella pero si no se atrevía a preguntar, no saldría de dudas.

Le temblaba la voz, el cuerpo. Ni siquiera supo cómo le salieron las palabras, pero según iba hablando con un nudo en la garganta y sabiendo que sus ojos se le llenaban de lágrimas por la emoción que albergaba dentro de ella, la sorpresa en los ojos de Gonzalo, la emoción que vio en ellos, ese “si”, que apenas fue un eco saliendo de sus labios, la inundó de un infinito regocijo para liberar su alma de tanto desengaño y decirle “Si, si quiero casarme contigo” La expresión de él, su mirada, con eso se lo dijo todo, no hacían falta las palabras. Para ella, eso era más que suficiente por lo que llena de una gran emoción decidió retomar su camino. No había dado dos pasos, cuando lo escuchó correr hasta ella, antes de volverse, Gonzalo la había tomado de un brazo para girarla hacía él. Cuántas cosas vio en los ojos del hombre amado, cuantas cosas ella sintió en su alma ya libre de miedos y que con aquella mirada, fue un bálsamo de esperanza, de una ilusión hecha realidad... Ya no eran sueños, ni quimeras aquellas caricias y los besos que de él recibía, era realidad plena... Una realidad que ya estaba al alcance de su mano... En aquellos instantes, el mundo se paró para ella, para él... En aquellos momentos, los dos, tocaron el cielo.

Se sonrió al recordar cómo le costó desprenderse de las manos de quien la retenían llenas de amor pero tenía que irse, ya habría tiempo para hablar, para que nada quedara dentro de ninguno de los dos, para irse cada uno desprendiéndose de la loza que habían llevado durante tanto tiempo, ya habría su momento para volver a estar juntos, para amarse y volver a sentir sus deseados besos... El tiempo, como el mundo, sólo sería de ellos...

Hacía frío y se arrebujó en su toca. El poco sol que los alumbró con sus rayos en ese momento lleno de magia iba ocultándolo las nubes. Sus húmedos ojos se alzaron hasta un cielo lleno de destellos causados por los rayos solares que se resistían a que las nubes apagaran sus resplandores. Un nudo se le formó en la garganta... Cuántas cosas inesperadas habían ocurrido en menos de 24 horas... Cuántas cosas se le pasó por la mente cuando la gobernanta del servicio de Palacio llegó en busca de ella, pero ninguna imaginable con la que se encontró...

Dolor... pesar...

El sol, entraba a raudales a través del gran ventanal. De vez en cuando, levantaba la vista del bordado que sus hábiles dedos calaba con gran perfección. Deseaba, que el día terminara mejor de lo que había comenzado, ya que ese “tropiezo” con Lucrecia, la había sacado de quicio, no confiaba en lo que le había dicho la Marquesa, pero no podía hacer nada ante eso. Nunca tendría pruebas suficientes para desenmascarar a Lucrecia de sus intrigas. Siempre buscaba la forma de salir triunfante de todo, pero estaba segura, que algún día, esa astucia, no le serviría de nada. Suspiró profundamente y prosiguió con su labor, al menos, esperaba no pasar un mal trago como el del día anterior, y que si no hubiera sido por él, por Gonzalo, quien sabe en qué aprieto se hubiera visto por causa de la guardia de Palacio. Unos toques en la puerta del gabinete de costura y el abrirse esta, hizo que girara su mirada hacia ella. En el umbral, apareció una mujer de mediana edad, bien arreglada pero a la misma vez, vestía con gran austeridad y recato.

La voz de la mujer se hizo escuchar en el vano de la puerta – Margarita, en las dependencias de la cocina, se encuentra un hombre que dice ser tu cuñado.
Margarita se levantó de prisa dejando la labor encima del taburete - ¿Mi cuñado?
- Si, y dice, que es muy importante lo que viene a decirte...- la voz de la mujer, aunque algo seca no dejó de ser comedida.
- Pero... ¿pero él, aquí?... ¿Y qué... qué es eso tan importante?

La mujer había pasado dentro de la estancia, parecía algo nerviosa – Mira muchacha, él... tu cuñado me... me lo ha dicho, pero no me pertenece a mí decírtelo... Debes escucharlo de su propia voz... Anda, deja eso y baja... Él, te espera.

Margarita algo confusa se atusó los cabellos con sus dedos y pasando por el lado de la gobernanta salió de la estancia. Mientras se dirigía a la escalera, no dejaba de pensar que era aquello tan importante para que Gonzalo hubiera vuelto aquel día a Palacio y con todo lo que allí había acaecido el día anterior. Sobre la corona no podía ser, ya que al parecer habían capturado al culpable y se suponía que toda la Villa lo sabía ¿Por ella? ¿Sería que había ido a disculparse porque la dejó plantada en la fiesta y con una conversación pendiente? No, eso lo descartó, no creía que por eso él fuera a visitarla a Palacio y a aquellas horas del mediodía, no sería lo más acertado ¿Entonces por qué estaba allí? Mientras bajaba lo más de prisa que le permitía el vestido y sus escarpines, su corazón latía con fuerza... Por un momento pensó en Alonso... ¿Y si le había ocurrido algo?

Todas las preguntas se le agolpaban en su mente pero sólo Gonzalo sería el que le diera la repuesta. Cuando dejó atrás la escalinata y se dirigió a la entrada de las dependencias de la cocina se detuvo y tomó aire, quería tranquilizar un poco los latidos de su corazón. Cuando se notó más sosegada, traspasó el umbral de aquella gran estancia llena de fogones y olores a exquisitos asados. Lo buscó con su mirada.

Gonzalo, cabizbajo y apoyado en el quicio de la puerta por la que se accedía a los frondosos jardines percibió su presencia, y antes de que la joven pronunciara su nombre se volvió hacía ella. Margarita apreció que algo muy grave debía de ser lo que le había llevado ir hasta allí, sus ojos y su rostro se lo decían.
- Gon... Gonzalo... ¿Qué pasa?... ¿Por qué estás aquí?...
Gonzalo, tragando saliva, ya se había acercado a ella – Ha... ha pasado algo Margarita... Algo... algo muy penoso...
- Pero... ¿Pero el qué?...

La servidumbre que se hallaban en la gran cocina no dejaba de observarles. Gonzalo tomó a la muchacha por el brazo y la llevó fuera de la estancia. A Margarita la actitud de él, la puso aún más nerviosa - ¡Por Dios Gonzalo!.. ¿Qué es ello?
El maestro, la miró con los ojos enrojecidos – Mar... Margarita, escucha... debes ser fuerte ante... ante lo que voy a decirte... Ha... ha habido un accidente y...

La joven no dejó que terminara - ¡¿Qué le ha ocurrido a Alonso?!... ¡Dime que le ha pasado!
- ¡No!... no, ha sido Alonso... Alonso... Alonso está bien...
La joven, no comprendía, si Alonso estaba bien, porque esa desolación que ella apreciaba en Gonzalo. Intentó hablar lo más serena... – Si Alonso está bien... ¿Quién ha sufrido un accidente?... ¿Acaso se sabe algo de Sátur?... ¿o ha sido Cipri qué...?

- ¡No Margarita!... ¡No!... – Gonzalo casi lo gritó tomándola por los brazos. Apenas le salió la voz – Es Cata... Es Catalina Margarita...
- ¿Cata?... ¿Acaso... ¿Acaso... ha perdido a su bebé?... Es eso... es eso ¿verdad Gonzalo?
Gonzalo sentía que se le partía el alma pero tenía que revestirse de fuerza – Catalina... Cata ha sufrido un disparo...

La joven sintió que las piernas le flaqueaban. Gonzalo lo apreció y la sujetó con fuerza.
- Un... un disparo... pero... ¿pero de quién?... no... ¿no será grave ¿verdad?... – a la misma vez que preguntaba buscaba los ojos de su cuñado.
Gonzalo la miró fijamente con los ojos arrasados por las lágrimas – Debes ser fuerte... debes serlo, pero Cata... Cata no ha sobrevivido a esa herida...

Para Margarita, aquello que escuchaba del hombre amado no podía ser cierto. Aquello sería demasiado cruel. Aquello, no podía haberlo pasado a Cata.
– No... no... eso no puede ser Gonzalo... Yo... yo me estoy confundiendo... He... he entendido mal y...
Gonzalo la obligó a mirarlo - ¡No Margarita!... ¡No!... no te engañes... Cata... Cata está muerta... ¡Muerta!... – al decirlo la estrechó entre sus brazos y donde la joven dejó escapar su consternación y con ello todo el dolor que la embargaba.

- ¡No!... ¡No!... ¡dime que no es verdad!... Dime... dime que eso... ¡que eso no es cierto!
Gonzalo, la apretaba fuertemente sobre su pecho y la mecía entre sus brazos. Lloraba a la par de ella – Que más quisiera... Qué más quisiera decirte que no es cierto... pero es verdad... Por desgracia, es verdad...
Percibió que el cuerpo de Margarita perdía fuerza entre sus brazos y se apresuró a sentarla en una banco de piedra a la misma vez que se giraba mirando hacia dentro de la cocina - ¡Un vaso de agua!... ¡Dense prisa!

Enseguida, una criada joven le acercó una copa con agua – Tome señor...
Gonzalo dando las gracias casi le arrebató la copa de las manos. Se lo acercó a la joven a los labios – Bebe Margarita, bebe...
La muchacha, blanca como la pared y que mantenía los ojos cerrados, los abrió para cerrarlos de nuevo – No... no quiero beber... Sólo quiero... sólo quiero que me lleves con ella... sólo eso...- apenas tenía fuerza para hablar, la congoja le impedía hacerlo
- Si, te llevaré junto a ella pero debes tener calma... Anda bebe un poco y el malestar se te aliviará...
- No... Lo que se siente... lo que se siente ante la muerte de un ser querido... no te lo calma el agua...

Gonzalo, se pasó la mano por el cabello en tono de desesperación – ¡Lo sé!... sé que nada que se tome puede calmar el dolor que sentimos... pero hay que ser fuerte ante las horas que se nos viene encima... Debemos ser fuertes para acompañar a Cipri en su dolor... a Murillo... - se puso en cuclillas ante ella cogiéndole las manos – Hasta que no estés en condiciones, no podemos marcharnos... No quiero que te pongas peor en el camino...

Tragándose la angustia que le subía a la garganta, la joven tomó la copa que aún Gonzalo mantenía en la mano bebiendo pequeños sorbos del agua fresca y cristalina que contenía aquel recipiente de cristal tallado, luego se lo entregó – Ya... ya estoy mejor... Voy... voy a decirle a la señora Mercedes, ella, es la gobernanta, que... que tengo que marcharme... además... quiero cambiarme de ropa...

Fue a levantarse y Gonzalo la ayudó a hacerlo - ¿Te sientes segura de pie?
- Si... creo que si...
La misma criada que había salido con la copa de agua, se acercó a ellos nada más verlo entrar en la estancia – Yo la ayudo señor... No se preocupe por ella, va a estar bien...
- Gracias – dijo el maestro de San Felipe ante la amabilidad de la joven criada y dejando la copa sobre una de las mesas, luego salió de nuevo.

No quería ver los ojos de todos puestos en él, quería estar solo dando rienda a su dolor, a su impotencia, antes de que la mujer que más amaba apareciera y acrecentar más en ella su propio sufrimiento. Se acercó a su corcel y hundió el rostro entre las crines de su caballo. El fiel amigo de tantas batallas relinchó acompañando a su amo en su congoja y aflicción.



La tarde transcurría en la más completa desolación. La casa de Catalina era un entrar y salir de gente, convecinos que querían darle su último adiós. La muerte de Catalina, había impactado a la Villa, sobre todo al barrio de San Felipe. Su hermana, como sobrinos se habían desplazados de las afuera y estaban embargados por la pena e intentaban a su vez, consolar al joven Murillo, Uno de sus primos, había salido nada más recibir la noticia de la muerte hacia Toledo, donde el hijo de Catalina ya residía desde meses atrás trabajando en un taller de herrería de un antiguo amigo de su padre, con dicho trabajo, se ayudaba a  pagarse los estudios de dibujo y pintura en el Colegio menor de dicha ciudad. Toda la familia como los amigos, intentaban consolar su pena. Alonso se encontraba entre ellos.

El féretro se hallaba colocado encima de la mesa. Entre varias vecinas, habían amortajado el cuerpo de Catalina cambiándole de ropa nada más que el médico confirmó su muerte, y en aquel momento, descansaba su sueño eterno rodeada de sus seres queridos. Ellos, como sus amigos se turnaban para no dejarla sola. Cuando llegó el anochecer, procedieron a encender cirios en torno a la mesa. Gonzalo estaba preocupado por Margarita, el llegar a la casa y ver en el estado en que estaba su más querida amiga, la sumió en una completa desesperación que le causó una crisis de llanto. Entre una vecina y él, la convencieron que tomara una taza de tila a base de flores de azahar, aquello pareció tranquilizarla en parte, no hacía mucho que había regresado de la casa del Gonzalo, se había cambiado la ropa que traía de Palacio por una de duelo y volvió a ocupar su lugar a la cabecera del ataúd. Por más veces que Gonzalo le pidió que descansara, ella se negó a escucharlo. Allí, de pie y junto a la que era su amiga, no dejaba de pensar, no podía hacer otra cosa.

Durante el camino a la Villa, Gonzalo le explicó como había sucedido todo. Apenas podía creer lo que era capaz de hacer el destino, el azar... De la noche a la mañana la vida te podía dar un vuelco para bueno o para malo, nadie estaba libre de eso. Apenas se daba cuenta que las lágrimas fluían de sus ojos sin hacer por retenerlas... Hacía tan poco que Catalina le había dicho que estaba esperando un bebé, y ahora, ni ella, ni su hijo verían nacer un nuevo mañana.

La congoja oprimió su pecho. Quizá no estuvo a su lado lo suficiente para darle el apoyo necesario ante la llegada de ese hijo, quizá, fue demasiado egoísta pensando en ella misma y no pensó que su amiga la necesitaba para compartir esa dicha como apoyarla en lo que todo eso le podía acarrear al estar embarazada de un hombre que no era su marido... Quizá, nunca le dijo lo suficiente todo lo que la quería, todo lo que Catalina significaba para ella. Siempre la vio como una hermana mayor, cómo una madre. El nudo le apretaba la garganta. Por un momento pareció verla de pie, ante ella, recriminando su conducta con respecto a Gonzalo, diciéndole las mismas palabras que le dijo en el convento. Cerró los ojos por un momento, se sintió desfallecer. Notó sobre sus hombros unas manos fuertes pero a la misma vez llenas de delicadeza. Escuchó su voz, suave, conmovida...

- Anda, vamos y descasas un poco... No puedes apenas tenerte en pie...

Quiso revolverse pero nada pudo hacer ante las manos que la impulsaba a alejarla del féretro y hacer que se sentara en una silla. Gonzalo se inclinó - ¿Por qué no te retiras a la casa y te echas un rato?... Margarita, quedan muchas horas por delante, debes descansar.
- ¡No!... no podría... No hagas que me marche de aquí... Quiero estar con ella, hasta el final... Quiero estar con ella, por el tiempo que no he podido hacerlo Gonzalo y sé... ahora sé, que Cata, me ha necesitado...

Unos sollozos hicieron que levantarán el rostro. Cipri, junto a Murillo, dejaban escapar su llanto en la cabecera de la caja de madera. Los dos, unidos por el dolor, como si de un padre y un hijo se tratara, los dos, unidos por el amor a la misma mujer... Para uno, la madre, para el otro,  la esposa que nunca pudo ser y la madre del hijo de ambos y que en sus entrañas con ella se llevaría. Margarita escondió el rostro entre las manos.
- Es... es tan duro todo esto... Es tan duro...
Gonzalo, le acarició el cabello – Lo sé... sé cuán duro es todo esto Margarita... Tan sólo el tiempo podrá paliar tanto dolor... tanta amargura...

La voz de Alonso, hizo que Gonzalo girara la cabeza.
- Padre, ¿Se siente la tía mal?...
- Alonso, hijo, con todo lo que ha pasado ninguno nos sentimos bien... – se levantó y le puso una mano en el hombro al jovencito.
- Alonso, debes irte para la casa, es ya de noche y el pequeño Hui Ying, debe irse a la cama... También pienso, que Sátur querrá pasar un momento por aquí, acompañando a la familia, aunque por mí, no debería... Debe descansar todo lo que pueda, pero sé, lo testarudo que es... y nada le hará desistir de su idea... Así, que te vas para la casa...

- Pero padre... quiero estar con Murillo...
- Alonso, Murillo no está solo y a mí, me haces falta allí, para que cuides a Hui Ying...
Alonso, a regañadientes obedeció a su padre saliendo de la casa de Catalina y dirigiéndose a la suya.

Dos vecinas del barrio, se habían dedicado a preparar dos ollas de buen caldo de verduras, y en sendos tazones se los ofrecía a quienes con su aflicción acompañaban aquella noche y última a la buena de Catalina, a la esposa del barbero Floro, que era como de esta forma siempre la habían conocido y que aquel día, como no podía ser de otra forma, la familia, amigos, vecinos, habían recordado al buen barbero como a Bruno, su otro hijo mayor, y eso, el recordar a Floro, fue de gran desespero para el maestro. Una de aquellas mujeres se acercó a Margarita y a Gonzalo.

- Tomad, esto os caerá bien... Está caliente y al estómago hay que echarle algo... – mientras lo decía con una sonrisa, les ofrecía una bandeja donde portaba varios recipientes con aquel oloroso y humeante caldo.

Margarita desechó con un gesto el tazón que la buena mujer le ofrecía – Gracias doña Carmen... pero nada se me apetece...
- Debes forzarte hija... Yo sé, el gran cariño que vosotras dos os teníais, pero no te dejes vencer por la pena... Catalina, no le gustaría verte de esa forma... ¿No es así maestro?
- Si, así es doña Carmen... por eso Margarita va a hacerle caso y se lo va a tomar sin dejar nada. Yo me encargo que lo haga.

El maestro, tomó dos de los varios tazones de barro y dejó uno, en una pequeña mesita que se encontraba junto donde Margarita y otras personas se hallaban sentadas, con el otro en la mano se inclinó sobre la joven.

- Te lo vas a tomar... No puedes seguir así... En todo el día has probado bocado alguno, y eso, hará que te vengas más abajo... Así, que aunque sea poquito a poco, debes hacer por tomarlo...
- Me vas a obligar a tomar el caldo cuando no me pasa nada por la garganta... ¿Y tú?...
- Yo también... yo también me lo voy a beber pero cuando tú, termines con el tuyo... Así, que vez comenzando... Has un intento por favor.

De la forma en cómo se lo pidió, la muchacha, no pudo de dejar hacer ese esfuerzo y con mano temblorosa tomó aquel tazón y lo fue bebiendo poco a poco.




La aflicción... El duelo...

Las horas fueron pasando lenta, amargas. El dolor impregnaba cada rincón de aquella sala. Los rezos en voz baja, los suspiros saliendo de los corazones dolientes, los sollozos entrecortados, todo aquello, era lo único que rompía el silencio de duelo de aquella casa. Margarita, volvía a estar junto a su amiga, ya no quería dejarla un momento sola, a poco, el alba asomaría tras los cristales dejando entrever un nuevo día... Un día, que se llevaría para siempre el cuerpo que descansaba en aquel ataúd. Ya nunca escucharía su voz, su sonrisa... sus riñas... Cuán valiente había sido para haber querido afrontar cualquier cosa antes de perder al hombre que amaba y al hijo que esperaba... Cuán valiente fue para negarse ante lo que pretendió la Marquesa con respecto al bebé que llevaba en su seno... En aquel momento, el corazón de Margarita odió a Lucrecia, la odió por todo lo que Catalina tuvo que soportar de ella.

Fue tantas veces humillada por aquella mujer pero al igual que el junco, Catalina se doblaba, pero siempre supo seguir en pie... Así fue su amiga... Los sollozos querían romper de nuevo en su garganta, de nuevo la sentía, la veía, la escuchaba pidiéndole que luchara por lo que quería, que no dejara al amor escapar, que ella era libre para disfrutar de ese amor, que ella, nada tendría que esconder... Sintió un roce junto a ella, era Cipri.

- Cómo se nos ha ido y yo... yo no sé como podré vivir sin ella Margarita... Catalina, me dio la vida cuando Inés se marchó, ahora... ahora, la que se me ha ido es ella y con nuestro bebé... Ya no tendré mujer... ni hijo... No tendré nada... Quisiera... quisiera morirme con ella...

Mientras lo decía lleno de congoja, acariciaba las manos de Catalina que las tenía cruzadas sobre el pecho y con un rosario entre ellas. La muchacha llena de dolor acarició a su vez, las manos del amigo - No, no digas eso... Todo esto cuesta asimilarlo Cipri... pero llegará un momento, que tu dolor, el nuestro, se irá aliviando... y cuando pensemos en nuestra Cata... lo... lo haremos con orgullo... por... porque ha sido una gran mujer... una gran amiga... y tú, tú... nunca estarás solo... Siempre nos tendrás a nosotros... Siempre...

Una voz, se escuchó junto a ellos – Es cierto amigo... Tú, nunca estarás solo, porque como dice Margarita, siempre nos tendrás a nosotros... a tus amigos...

Del pecho del hombre salió toda la amargura y el gran dolor que sentía. Gonzalo le pasó un brazo por sus hombros dándole fuerza pero comprendía, que en aquel momento, no se podía ser fuerte... Nada en aquel momento podía menguar el dolor de aquel buen amigo, como el de ellos mismos.



Apenas la primera luz del alba hizo su aparición, algunas de las personas que habían estado durante la noche velando el cuerpo de Catalina se fueron retirando para luego, en un par de horas volver para el entierro, fue en ese momento cuando Margarita se levantó de la silla donde Gonzalo la había llevado prácticamente a la fuerza no hacía mucho. Se pasó las manos por su pálido rostro. Gonzalo al verla levantarse dejó por un instante a Cipri, y se acercó a ella.

- ¿Te ocurre algo?... ¿Acaso te sientes mal?...
- Todos nos sentimos mal Gonzalo pero no es eso... Voy un momento a la casa, quiero asearme y cambiarme de ropa... Después del cementerio quiero tomar el camino de Palacio...
- No sé si deberías irte derecha para allá... Creo, que te conviene descansar...
- Descansaré allí, no puedo retrasar mi vuelta... Mi costura, me espera...
- Está bien, como tú quieras... – al decirlo, no pudo evitar rozar con sus dedos los rizos que le caían sobre la frente.

La joven lo miró fijamente con sus tristes ojos, luego, se echó sobre los hombros la toquilla negra y echando una mirada llena de gran tristeza al rostro inerte de su amiga, salió de la casa.



Algunos convecinos esperaban en la puerta para unirse a la comitiva cuando Margarita salía de la casa de Gonzalo, en sus manos, un ramillete de margaritas blancas. Entró en la casa de su amiga cuando Gonzalo y un sobrino de Catalina, se disponían a sellar el ataúd.
- ¡Esperad!... quiero... quiero que se lleve estas flores con ella...

Gonzalo, con un nudo en la garganta descubrió la tapa. La joven se acercó y entre las manos amigas, dejó aquel humilde ramillete de flores. Se empinó depositando un beso en su frente. Su cuerpo se estremeció al percibir el frío de la muerte, aquello, hizo que dejara escapar su angustia y su gran dolor. Gonzalo, soltó la cubierta y con suavidad la apartó del féretro. La abrazó con fuerza.

- Ya... ya... cálmate por favor... Si sigues así, vas a enfermar...

Cipri, se acercó de nuevo a la cabecera del féretro antes de que el cuerpo de Cata quedara cubierto por la tapa, con sus ojos anegados por el llanto se despidió de ella, de la mujer que amaba. Sus manos rozaron las de ella y entre las flores, dejó el pequeño sonajero inacabado, un sonajero y cuyo tintineo, nunca escucharía a través de la manita de su hijo. A Gonzalo se le humedecieron los ojos al verlo hacer aquello, hizo que Margarita se sentara y fue en busca de su amigo.
- Vamos Cipri... No debemos alargar la despedida... Hay que terminar con esta agonía...
Cipri, afirmó con la cabeza e incorporándose, el mismo, ayudó a Gonzalo a sellar el ataúd.

La comitiva precedida por el sacerdote salió con destino al cementerio. Todo el barrio de San Felipe acompañaba a su última morada a Catalina. El carro donde reposaba el féretro y lleno de flores ya que la mayoría del vecindario habían contribuido con ello, lo conducía uno de los convecinos,  iba despacio, como queriendo alargar el trayecto hasta ese final donde no hay vida, donde los que allí se encuentran duermen su sueño eterno. Fue largo el trayecto y el frío se hacía notar a tan temprana hora... Todos, en silencio y con el corazón sobrecogido siguieron al carromato hasta llegar a su destino. Entre varios hombres, entre los que se encontraban los más allegados, portaron el ataúd sobre sus hombros hasta la fosa que ya esperaba abierta. Depositaron la caja de madera sobre el abrupto suelo y el sacerdote comenzó con el responso.

Terminado el rezo, los hombres dedicados a tan penosa tarea, se dispusieron a hacer su cometido. Los llantos, que por un momento se habían retenido en los corazones de todos mientras el sacerdote oficiaba aquella corta oratoria, se rompieron en las gargantas de las mujeres y en los ojos anegados de los hombres... Todos, todos los que allí se encontraban, tuvieron un pensamiento para aquella buena mujer mientras los sepultureros hacían su trabajo... El chocar del ataúd sobre el suelo y el sacar las sogas que habían sido usadas para bajarlo, les dejaban dicho, que ya todo había terminado, sólo restaba, cubrir la fosa y el cuerpo allí enterrado, la tierra rojiza esperaba ser arrojada por las palas, pero antes, flores blancas fueron dejadas caer hasta cubrir como un manto el féretro donde para siempre descansaría, el cuerpo de Catalina Álvarez... una buena mujer... una buena amiga...



Mientras seguía su camino hacia el Palacio Real, Margarita no hizo por retener las lágrimas ante lo vivido desde el día anterior hasta que hacía tan poco, habían dejado el cuerpo de su amiga en aquella fosa cubierta de flores... Flores, de sus seres queridos, de convecinos... de sus amigos... Todos la quisieron, porque ella, Cata, fue todo amor... La joven, alzó su mirada anegada en llanto. Los rayos del sol y las nubes, seguían con su lucha de ver quién podía más... La luz solar se dejó entrever entre las nubes volviendo a dejar hermosos destellos de luz y calor, lo que hizo que la muchacha por un momento bajara sus húmedos y emocionados ojos... Entre una sonrisa, musita unas palabras como si con ella hablara...


"Luz hermosa que me ciegas en estos momentos de alegría y de pena... Luz hermosa, que me llenas de ansias de amores y alivias de congoja mi esencia entera... Cata, tú, eres esa luz, tú, mi amiga, mi hermana, tú, lo has hecho posible... Tú, con tu triste marcha, has hecho que mis miedos atrás los dejara... Es mi alma un torbellino de sensaciones y esperanzas... Sensación de pena, porque la muerte con ella te lleva... Sensación de regocijo, porque el amor al fin, a mí vida llega... Esperanza, la que través de sus ojos y de sus labios en mi corazón, mi hombre amado en él, me ha dejado...

Amiga del alma... Te he visto, te he escuchado en esta madrugada donde la congoja ha sido mi compañera... Tú, me has puesto en las manos, la valentía de un corazón enamorado... Tu amor, ha dado fuerza al mío para no dejarlo pasar de largo, para que aún, estando viva, no sentirme por dentro muerta de frustración y desengaño... Amiga del alma, por ti, vivo esta dicha que yo tantas veces me he negado... Gracias mi amiga, por hacer de mi alma luz del alba, y no noche oscura y amarga... Gracias a ti, he vuelto a revivir y ahora soy ¡novia enamorada!


A ti te debo mi felicidad, a ti Cata... ¡mi amiga del alma!"


Fin.

Gracias Cata... Gracias Pepa Aniorte por hacernos soñar.







Capítulo.96  Aprender a vivir.

Entra en la alcoba. Todo está a oscuras, no quiere ver la claridad del día entrar por la ventana. Maquinalmente, enciende las velas que se encuentra a su alrededor, encima de un mueble, encima de una repisa. Sus ojos enrojecidos recorren cada rincón de la estancia, sus manos, rozan cada objeto, cada detalle, cada pertenencia de la mujer que dio vida a su esencia. En cada cosa que acaricia, se encuentra ella. Mira aquella cama, aquel lecho que cobijó sus noches amantes. Noches de ternuras, noches de pasión, noches, tan sólo mirando la luna. Roza con suavidad la colcha como si acariciara el cuerpo de la que ya con él, no se encuentra. Roza el blanco y delicado lienzo de la almohada, aún, conserva las huellas donde ella, su cabeza reposaba. La congoja sube a su garganta, nunca se vio tan sólo como hasta aquel momento, nunca, le pareció la vida tan dura y amarga...

El silencio, se une a su pesar, las llamas de las velas suspiran en sus pabilos, ante su dolor, oscilan temblando ante tanta desazón...


Noches amargas las que le esperan.
Noches frías sin su presencia...
Un lecho, donde ya no vibrará con sus cuerpos.
Cuerpos de pasiones enardecidos y a la misma vez...
... para algunos, de amores prohibidos.
Noches de soledad, noches de vacío llenas ¿Cómo se calma tanta pena?
¿Cómo consolar su alma por la marcha de ella?


Ya no tiene nada, ya nada le queda. Nada ni nadie podrá paliar tanta desolación, tanta agonía lenta. Percibe un roce en la puerta, lentamente gira su mirada hacia el umbral de ella. Es el amigo. El amigo que quiere acompañarle en su dolor, en su soledad... Nadie mejor que él para comprender todo lo que aquel hombre padece, todo lo que le embarga el sufrimiento... Sólo él sabe, cómo mirar hacia delante, sólo él sabe cómo no decaer cuando nada es fácil... cuando por dentro, se vive muriendo...

Tu dolor amigo, lo sufrí en carne propia.
¿Por qué ella? ¿Por qué?
Cuantas preguntas me hice, y nunca encontré las respuestas.
Luché para que el dolor no acabara conmigo,
como no quiero amigo, que termine contigo.
Hay cosas, que por más que el tiempo pase, nunca se superan,
sólo le queda a uno vivir con ello aunque por dentro mueras.
Quiero enseñarte amigo, a no dejarte vencer,
a desahogar tu rabia, tu impotencia.
Se aprende a vivir por más que uno no quiera.
Me preguntarás como... Pues sólo hay una manera.
Llevando a cuesta de ti... el desconsuelo y la pena...
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