La Guarida de los Lemures

Foro donde puedes discutir y opinar sobre series como: Outlander, El Ministerio del Tiempo, Aguila Roja....
 
ÍndiceÍndice  PortalPortal  CalendarioCalendario  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios  RegistrarseRegistrarse  ConectarseConectarse  


Comparte | 
 

 Sentimientos

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
Ir a la página : Precedente  1, 2, 3
AutorMensaje
Mari carmen

avatar

Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Dom Oct 16, 2016 1:27 pm

Novena Temporada.




Capítulo 113   ¿Por qué no fueron...?

Se acaba de quedar solo, allí, en su alcoba. No sabe qué puede pasarle a su postillón, a su fiel escudero. No comprende su actitud cuando en el palacio Real ha estado lleno de regocijo, sólo al punto de decidir que ya era hora de volver, es cuando ha visto su cambio. ¿Quizá le ha ocurrido algo allí? ¿Pero el qué? Suspira profundamente pasándose las manos por la cara. Piensa, que quizá no sea nada de importancia para él partirse la cabeza, bastante preocupación es la suya para agregar una más, pero no ha querido mostrarlo ante nadie. Nadie debe saber lo que lo abruma, lo que no deja de darle vuelta... Piensa, sufre, se lamenta.


"Aquí, en esta fría alcoba y en la soledad que en estos momentos me envuelve, la incertidumbre, las dudas, el pesar, se hacen dueño de mi alma inundándola de desconcierto y de un gran temor. En este instante, no siento felicidad alguna, quizá, no la he sentido en este tiempo que en palacio he estado, quizá, quise creer que la tenía pero ¿cómo sentir felicidad cuando me faltas tú y que de mí vera, lejos estás?

En este inmenso abandono en el que me hallo no dejo de lamentarme, no dejo de pensar en el momento en que me vi al descubierto, que mi rostro desnudo quedó ante las manos que mi embozo deslizó. Manos de mujer pero no de quien hubiese querido. Cuántas veces soñé y temí que tú, mi mujer amada me despojabas de mi máscara. Que tus ojos con los míos se encontraban... Que tus manos mi rostro acariciaban y tus labios de mujer, los míos de hombre besaban.

Más todo es quimera, ¡no fuiste tú y las dudas me atormentan! ¿Puedo confiar en quien al héroe dejó libre de coraza? Temor tengo a lo desconocido, de verme desamparado y desprotegido. ¿Por qué no fueron tus manos quienes desnudo me dejaran? ¿Por qué no fueron tus ojos los que en ellos la sorpresa se reflejara? ¿Por qué? ¿Por qué no fueron tus labios ante la confusión, mi nombre pronunciaran? Tan sólo contigo amor, el peligro de mí lo alejaba y la parca, ¡aunque siempre mi compañera! seguiría con su impaciente espera... Más no fueron tus manos las que deslizaron el embozo y ya presiento, que la dueña de las tinieblas sonríe, porque al fin, puedo ser su presa. ¿Acaso intuyo que mi fin cómo guerrero, como hombre se acerca? Te quiero a mi lado amor para que me consueles si se produce esta forzada y no deseada marcha. Quiero llevarme tu sonrisa, ella, paliará el miedo y el dolor que me atenaza.

¡Ay amor! ¿Por qué no fueron tus manos quienes desnudo me dejaran?"






Capítulo 114  Rendición.

Mis manos se aferran a los barrotes de esta jaula. Mis ojos, desean y temen verte aparecer. Siento pavor ante lo que me rodea. Los arcabuces esperan y en sus negras fauces la muerte llevan. Oigo los latidos de mi corazón. Es agonía lenta esta temible espera. Mi mente, por un momento retrocede en el tiempo. Tú fuiste quien hizo arroparme en sueños, que en nuestro tejado, aprendí a llevarme por ellos. Quería ser como tú, ¡quería ser un valiente! sin embargo, cuanto es mi pesar ahora por haberte llamado cobarde por tantas veces. No es alivio para mí el que me dijeras que para un padre, un hijo siempre está perdonado. ¡No es suficiente! y no sabes como quisiera recompensarte por tantos agravios que recibiste de mí parte, no sé si este horror que vivo en estos instantes me dejará resarcirte de todo el daño. Recuerdo, como me empeciné creyendo que eras Águila y lo que tú sufriste por ello y ¡no estaba equivocado! No lo estaba, pero cuán difícil ha tenido que ser para ti protegerme, protegernos a todos del infierno y que ahora, estamos viviendo.

Tiemblo al escuchar la voz del Comisario “¡Dejad las puertas abiertas!” Me aferró aún más a los hierros y mis ojos no dejan de ver la entrada a este patio del penal. Un silencio lúgubre se pasea por todo este recinto, la muerte expectante agazapada aguarda, Todos, anhelantes desean verte llegar y yo, aunque quiero, rezo para que no lo hagas. Un murmullo escucho a mí alrededor y un relincho hace que vuelva la cara, todos miran hacia la entrada y yo, no puedo explicarme lo que veo ante mi mirada. Veo a tu blanco corcel cruzar el umbral de ella. ¡Hermoso! ¡Brioso! ¡Con sus crines al viento! Al igual que si fuera Pegaso, como alas sus patas delanteras vuela por la fortaleza diseminando magia blanca, confusión y entre la bruma, cayendo sobre ella te vislumbro como un dios, tú, mi padre, mi héroe, mi maestro y ahora, más nunca, mi amigo.

Caes sobre ellos, ¡luchas con desenfreno! con rabia pero con gran osadía. No te importa que quienes tienes en tu contra sea un ejército con ansias de sangre, la tuya. A veces, te pierdo entre la humareda, ¡no te atisbo! y mi corazón llora de miedo, más me sosiego cuando te veo resurgir como lo que eres, mi héroe, el valiente que me hizo soñar de niño y aún, de adolescente. Más la bruma se disipa y por un momento, nuestros ojos se miran. Te quedas plantado ante mí, tú mirada me dice tanto... Apenas yo puedo decir nada, tan sólo “Padre” es lo único que atino a decir. La voz del Comisario me hiela la sangre, pide refuerzos y quedas a merced de los que te quieren ver vencido. Un grito ahogado no rompe en mi garganta pero siento en mí, tu carne abierta por el acero vil, pero ni eso siquiera te hace desistir. ¡Saben que contigo no lo tienen fácil! pero sólo una cosa puede hacer caer al héroe ¡Cuán cobarde son al utilizar a un hijo para detener el coraje y el dolor de un padre!

Escucho abrirse la jaula y siento la fría hoja de la daga en mi garganta, siento el escozor de la herida pero lo que más siento, es que no puedo ver tu cara. Una voz se alza a mi espalda ¡¡Ríndete!! ¡No! ¡No quiero que te rindas! ¡Debes seguir luchando padre! ¡Debes seguir siendo quien eres! Más algo me dice, que ya todo está acabado. La mano que me tiene atrapado no me deja ver, pero no hace falta mirarte para saber. Intuyo el desconsuelo en tu rostro pero sólo un padre que ama a su hijo, hace lo indecible y a ti, te queda sólo esa opción.

Algo me hace saber que te deslizas el embozo. ¡Te presiento vencido padre! y el ruido de tu katana al caer, me dice, que por mí, por tu hijo, ¡te has rendido!
Volver arriba Ir abajo
Mari carmen

avatar

Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Sáb Oct 29, 2016 8:12 am

Novena Temporada.




Capítulo 115   Desgarros del alma.

No me ves, más me presiente. Me paseo sigilosa a tu alrededor consciente que de ti cada vez estoy más cerca. He sido parte de ti por mucho tiempo, sabes que siempre me has llevado a cuesta. Ahora, aquí, en esta estancia gélida, lúgubre, soy una sombra más. Te veo, te escucho. Siento en mí tu desespero, tu amargura. Debo ser impasible, nada me debe afectar, sin embargo, en mí, siento tu llanto, tu dolor, el sufrimiento por la suerte de tu hijo. Veo al héroe deshecho y desvalido... Cadenas que amarran tu cuerpo, grilletes que ciñen tus muñecas y en tu corazón late, la impotencia.

Mis ojos ávidos recorren esta mazmorra, las oigo. Oigo a las piedras llorar. Los muros de esta prisión tienen ojos y oídos. ¡Sienten! ¡Se lamentan! ¡Son desgarros sus suspiros! son quebrantos ante tanto desatino. ¡Me temen! temen que yo realice mi cometido y al igual que el destino, no todo depende de mí, yo sólo me limito a aguardar.

Ahora, soy yo quien gime. No puedo dejar de mirarte, veo tu rostro magullado, tus ojos anegados por el llanto ¿Qué me ocurre? ¿Qué pesar es el que me invade al verte desarmado y afligido? Si no fuera quien soy, diría que tengo sentimientos, alma para sentir y corazón para amar... Quizá, me dejó influir por tu propio sentimiento, por esa alma que se desgarra ante el amor hacia tu hijo.

Me asiento en el frio suelo, agazapada en un rincón. Me cubro más con mi manto. No quiero escuchar los lamentos de los muros de esta prisión. ¡Piedras que tiemblan! que sollozan al ver al héroe desolado, aunque no vencido. No quiero escuchar los gritos de tu hijo por causa de la vil flagelación. ¡No quiero ver tu rostro contraído por el inmenso dolor!

Has sido condenado a la pena, al martirio. Puerta que se abre gimiendo y trayendo el castigo. Me levanto y me pongo ante ti. ¡Aguantas firme! sin vacilar ¡Eres valiente! ¡Sabes afrontar tu destino! No sientes pavor al mirarme frente a frente, tú mirada no refleja el miedo aunque por dentro vayas muriendo. El martillo poco a poco se alza, sólo será cuestión de segundos, más yo, LA MUERTE, por esta vez vuelvo la cara. Suspira, sosiégate, alivia tu espíritu de momento, tú no eres el elegido, tu tiempo no llegó, tu tiempo aún no se ha cumplido. Vuelvo a mi escondrijo y apretando mi guadaña, vuelvo a la interminable espera. De nuevo miró a mí alrededor, ahora todo es silencio, ya no gimen las paredes de esta celda, incluso tú, pareces más tranquilo, al menos tienes un tiempo para pensar. ¿Quizá buscas la manera de huir? ¡Cuán difícil lo tienes!  Pero lo que sea, date prisa, esta calma no es duradera. No sé cuándo ni cómo pero me habré de llevar a varias almas desgraciadas conmigo, más sólo una es por la que vas a sentir pena, desolación, pero en esta ocasión no puedo marchar de vacío...

No todo ha terminado, no todo ha concluido... De nuevo, retemblaran y sangrarán las piedras de estos muros del penal y los desgarros del alma, volverán a desgranar todo su pesar.
   
Volver arriba Ir abajo
Mari carmen

avatar

Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Mar Nov 01, 2016 9:32 pm

Novena Temporada.




Capítulo 116 y último    Lejos del miedo.


Dejó la pluma y se recostó en el respaldo del sillón, suspiró profundamente, luego, tomó de nuevo aquellas planas entre sus dedos. Sus ojos acariciaron cada palabra, cada frase de ellas... Todo su sentir, estaba entre aquellas líneas.



Santiago de Cali    Año del Señor 1666    24 de Marzo

Hoy deseo plasmar todo lo que siento. A veces, los recuerdos me atrapan, se adueñan de mí, sea para bueno como para malo. De alguna manera, estas líneas se las dedico a mi esposa, a ella, le debo el hombre que soy, el hombre que he llegado a ser. Con su amor, ha paliado muchos momentos de desasosiego, de angustias, de miedo...

Hace unos días he vuelto a recibir carta de mi amigo Pedro, nunca le agradeceré lo suficiente el que me haya mantenido informado de todo lo que fue acaeciendo en la Villa de Madrid desde que salí de España. No fue nada fácil, era imposible que lo fuera y quien peor lo pasó fuiste tú, mi amada esposa. Has sido muy valiente Margarita. Callaste momentos en que lo estabas pasando muy mal, sobre todo, esos meses en el barco. Para una mujer embarazada la travesía en barco es muy dura. Fueron meses donde prácticamente estuviste enferma, tus náuseas eran continuas y tuviste que estar la mayoría del viaje postrada en el jergón pero ni una queja salió de tus labios, no hubo reproche alguno por tu parte. Me sentí tan culpable por ello... Fueron muchas veces lo que me maldije por haberte hecho viajar en tu estado ¿Pero qué podía hacer? No podía dejarte atrás, no ya por el miedo a que tomaran represalia contigo, sino, que no quería una vida sin ti.

Han pasado algo más de tres años y aún me parece mentira que seas mi esposa, mi mujer, la madre de mis hijos. Aún no me creo que te encontrara aquella mañana de la que huí del penal de Santa Cruz tirada en el camino y cubierta con una manta. Nadie sabe lo que sentí al destapar aquella manta y ver tu rostro. Me volví loco de angustia pensando que podías estar muerta, cuando comprobé que respirabas, lloré de alegría y apretándote contra mi pecho. Fue tanto lo que te busqué, ¡tanto! y te encontraba de aquella forma. Me apresuré a tomarte en mis brazos y alejarnos lo más rápido de allí, aunque había despistado a la guardia no me podía confiar para nada. Fue un alivio divisar la cabaña. Deseaba que Alonso estuviera allí. La puerta se mantenía cerrada y fue Sátur, nuestro fiel amigo quien se saltó por la ventana y pudo abrirme. Alonso nos escuchó entrar y se puso alerta con el fusil en las manos, respiró con cierta tranquilidad al vernos allí, con él. Te tendí de inmediato en el lecho e intenté a base de lienzo en agua fría a que recobraras la conciencia. No sabía si tenías algún daño o no, también sentía temor a que cuando abrieras los ojos con lo que te ibas a encontrar no iba a hacer fácil para ti. No podía intuir cómo podrías reaccionar.

Y tu despertar fue de gran impacto y por más que querías hacerte comprender era imposible... Era imposible comprender para ti, que quien habías tenido tan cerca, viviendo en la misma casa e incluso punto de casarnos y que nunca te hubieras percatado de quién era yo, eso, no sabías cómo afrontarlo. Cuando me pediste que te dejara sola, ciertos recuerdos te vinieron a tu mente, como aquella noche al poco de regresar a la Villa y que te envolví en mi capa subiéndote por los tejados o aquel beso que te di en el de nuestra casa y qué tanto te desconcertó. Estabas segura que había sido tu cuñado y no estabas equivocada, no fue fruto de tu imaginación por causa del amor. ¡Era yo!  

Esperé impaciente que te sosegaras pero cuánto me hiciste sufrir cuando saliste del pequeño cuarto y me dijiste que te marchabas pero que antes, debías curar la espalda de Alonso... Te vi hacer en silencio, te vi como cuidabas a mi hijo, te vi con el cariño y el amor con que aliviabas sus heridas. Deseaba que en ese tiempo recapacitaras, pero no. Me dijiste que tenías que irte, que tenías que pasear para pensar en soledad, para ir asimilando con todo lo que te habías encontrado, quise retenerte para volverte a pedir perdón y hacerte saber todo lo que te amaba, pero te fuiste sin más. Te esperé, te esperé anhelante a que volvieras pero el tiempo pasaba y tú no regresabas. Sátur, no dejaba de insistir para que nos marcháramos pero yo no me podía ir sin ti, no después de haberte encontrado. Había anochecido cuando volviste a la barraca. Cuando nuestros ojos se volvieron a encontrar, comprendí, que aún no habías asumido quien era yo. ¡Qué gran aflicción es la que sentí Margarita! Decidiste ir en busca de unos vecinos para que te cedieran unos caballos para que pudiéramos huir, comprendí con eso, que no estaba perdonado, sin embargo, aún me quedaba la esperanza que a tu regreso me hablaras del hijo que esperabas pero la presencia de otra persona, allí, en aquella estadía, me volvió loco de la ira haciendo que me olvidara de ti y de mí mismo. Todavía quedaba una venganza por cumplir.

Aquella venganza pudo costarme caro. No pude cumplirla pero estuve a punto de morir por ella. Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando recuerdo aquel momento. Nunca pensé que mi hermano y yo, pudiéramos terminar nuestros días juntos y en el mismo patíbulo. El destino jugaba con nosotros, nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión. Mi pensamiento desde luego no era morir decapitado y si tenía que morir, lo haría luchando. No lo pensé y decidí mi suerte, Hernán me secundó y lo intentamos todo por salvar nuestras vidas, lo que no me podía imaginar, y es lo que hizo que se me helara la sangre en las venas por el gran temor que aquello podía causarte, fue ver a la que hoy es mi esposa, a ti, a caballo, e incitándome contigo a escapar.

Los recuerdos son muchos, No puedo evitar pensar en Hernán. Fueron tantas personas inocentes que fueron muertas por sus manos... Entre ellas, personas que amábamos y no dejamos de tenerlas en nuestro pensamiento, tu hermana, mi madre... Sé, que en parte, a él, a mi hermano le debo el estar aquí, junto a ti. De alguna manera, él también me instigó a huir cuando tú llegaste con el caballo ante el cadalso... Titubee al hacerlo porque a pesar que nos odiábamos, por un momento no sé que vi en su mirada. No quería dejarlo solo ante la lucha pero algo me impulsó a decidirme a huir, él quería que lo hiciera, lo que aprecié en su mirada fue eso y sabía, que no iba a hacer fácil que saliera ileso y así fue... Cuando llegamos a la mañana siguiente a Toledo, ya se había corrido la voz  que el Comisario había muerto defendiendo su vida y la de otras tantas personas que causaron aquel tumulto ante aquella ejecución y creo, que con ese gesto quiso eximirse ante los demás, ante mí, por todo el daño causado.

Si vieras la de veces que recuerdo el momento en que te tuve entre mis brazos, perdiéndome en tus ojos y escuchando de ti, que por más que quisiste olvidarme no pudiste y que estabas embarazada ¡Qué íbamos a ser padres! Fue de tal regocijo, que mi corazón latía con gran desenfreno ¿y qué te digo de nuestra boda? En aquel instante no veía peligro alguno, me olvidé que tenía a precio mi cabeza, sólo quería mirarme en tus inmensos ojos negros y otorgarte el “Sí, para siempre” Cómo te sentí temblar de emoción al tomarte en mis brazos para dejar la iglesia. Reías como lloraba, de hecho no dejaste de hacerlo hasta que llegamos a la cabaña. El único pesar que sentí en aquellos instantes, fue que no pude ponerte en tu dedo la alianza de bodas, pero nada más llegar a Toledo fue lo primero que hice, buscar unas alianzas y que un sacerdote las bendijera.

Tenía que consolidar nuestro matrimonio Margarita, cómo la consumación de él, bueno, eso no estaba en mi mente de momento. Por más que lo deseaba, no iba a dejar a Alonso y a Sátur fuera de la cabaña, pero lo que no me esperaba fue la reacción de ambos ante esto. Recordarás que nada más salir de la iglesia se hizo de noche, no podíamos marchar a Toledo a esa hora por lo que decidí partir al alba, además, a ti te convenía descansar. Temía, que la galopada que tuvimos huyendo pudiera tener consecuencias en tu estado. Después de una cena ligera, me aturdió la postura de Sátur al coger dos cobijas e incitar a Alonso a pasar la noche en el cobertizo, que aquella noche, tan sólo era tuya y mía. No me dio lugar a decir nada. Salieron llevándose con ellos las armas que tenían a mano. No querían que nadie interrumpiera nuestra noche de bodas, nuestra noche de amor. Cuando nos quedamos solos, ninguno de los dos nos atrevimos a decir nada. Parecíamos dos críos que no sabían qué decir y que hacer.

Yo sólo quería que descansaras, que durmieras toda la angustia vivida, lo demás, podía esperar, por eso nada más ayudarte a deshacerte de las cintas del corpiño, hice que te fueras a la cama, que yo me quedaría levantado para estar pendiente de cualquier ruido anormal que escuchara afuera, pero tú, tomando mis manos tiraste de mí diciéndome que nada iba a pasar, que nuestro hijo latía dentro de ti sin daño alguno y que tú, requerías de tu marido como yo necesitaba de ti por ese tiempo de ausencia. Fue imposible resistirse a tu voz, a tus caricias en mi rostro, en mi cuerpo... Fue la noche más maravillosa que me hiciste vivir como ya marido y mujer, la segunda de nuestro intenso amor y luego, vinieron tantas...

Durante este tiempo, no hemos tenido secretos uno con el otro. Hemos hablado de cosas que no sabíamos, que estábamos ignorantes de ellos. Después de lo que me contaste de Lucrecia, después de todo lo que hizo esa mujer, aún me estremezco de qué aquella mañana que nos reencontramos, cuando decidiste irte a pensar, a intentar de asumir quien era yo y que era lo que querías de mí, no sólo te fuiste por eso. Fuiste a reclamarle a la marquesa muchas cosas, una de ellas, el porqué te dejó tirada en el camino. Antes de que el carruaje se te echara encima pudiste distinguir quién iba dentro. Querías ponerle en claro, que estabas viva y que ya nada de ella podría hacerte daño. Te expusiste demasiado mi amor, porque después de saber todo lo que ignoraba de ella, cualquier cosa hubiera esperado de esa mujer. Supe siempre de lo que podía ser capaz para conseguir ciertos fines, siempre de niña fue ambiciosa pero de lo que me enteré por ti, nada era comparable.

Hace un año, recibí carta de Pedro, en ella, me dejaba dicho que el rey, por su onomástica y ante su grave enfermedad y percibiendo que la muerte cada vez la sentía más cerca, había escrito un comunicado donde quedaba expuesto, que todo aquel que había atentado contra la corona un año antes, quedaba exento de culpas y mi nombre, estaba entre ellos. Fue entonces cuando pudimos respirar tranquilos. Viví la alegría de mi familia pero yo no podía sentirla igual. Del rey, no hubiera querido nada, ahora, en estos momentos pienso que quizá he sido algo egoísta, nunca te he preguntado si hay por parte de ti algún deseo de volver a España, a la Villa. Debo hablarlo contigo, y lo que tú anheles, lo que tú decidas, lo acataré con todo amor. Lo único que ansío en mi vida, es que mi esposa, mi mujer, sea feliz, donde quiera que estemos y si hay que volver a la Villa, lo haremos.

Te amo mi amor. Gracias, por todo lo que me das...
                                                                                                       

                                                              Gonzalo





A través de los cristales lo vio dejado caer en el balcón. Tomó la capa y se cubrió con ella, abrió la puerta. Sus pasos la llevaron junto a su esposo. Rodeó con sus brazos la ancha espalda de su marido. Gonzalo sonrió al sentirla y tomando sus manos hizo que quedara frente a él. Margarita dejó su cabeza descansar en el fuerte torso de su esposo y él rodeó el cuerpo de su mujer con sus fuertes brazos. Sus miradas se perdían en la inmensidad de la noche y una suave brisa les revolvía el cabello. Una noche cálida con aroma de flores los envolvían al igual que la luz plateada de la luna.

- Hace una hermosa noche, me parece mentira que tengamos un respiro con las lluvias.
Gonzalo se inclinó besando su mejilla – Estamos en marzo y hasta mayo son épocas de lluvias pero si, la noche es hermosa y gusta estar aquí, en el porche y más, si junto a mí, está mi esposa y tan bellísima como siempre con esta capa roja.
La joven buscó la mirada de su marido – Sé, sé lo que te gusta, lo que pasó, que tuve que acortarla, me dificultaba mucho para caminar.
Gonzalo le acarició el cabello – Puedes que te parezca extraño pero para mí, es como un símbolo.

- No me extraña mi amor - la joven sonrío y rozó el colgante que pendía del cuello de su marido - Me parece mentira vértelo puesto, ya sabes lo que hice por recuperarlo junto con mis ropas – puso cierto entrecejo al ver que su marido se echaba a reír – No, no te rías, sabes todo lo que tuve que hacer. ¿A dónde iba con un vestido de novia y sin dinero? Después de pasar la noche en el convento de San Juan, al otro día volví a la Villa cubierta con una capa que me dejaron las hermanas. Estuve esperando que todos os marcharais. ¡Madre mía, que larga se me hizo la espera! Pero por fin pude entrar en la casa y hacerme de unas prendas y de mi colgante, de nuestro colgante Él me daría fuerza para mirar adelante, para no perderme y buscar una salida a mí desespero.

- Y yo supe que habías estado en casa. Cuando a los dos días me atreví a subir a tu cuarto porque quería aspirar el aroma que impregnaba siempre tu pequeña alcoba y rozar con mis manos cada prenda para pensar que de mí, no te habías ido, eché en falta ciertos vestidos, a parte, que el arcón estaba revuelto pero lo que no me podía imaginar que entre esas pertenencias que contigo te habías llevado, estaba la prenda de amor. Cuando me la entregaste en nuestra noche de bodas, ¡no me lo creía! No podía comprender como la tenías y en ningún momento habíamos hablado de ello, luego, cuando me contaste como llegó a tus manos, aún no podía salir de mi consternación. Nunca hubiera podido imaginar que al entregarle la carta a Lucrecia, ella, no iba a hacértela llegar.
- Pero ya la tienes contigo y siempre, las verdades salen a la luz Gonzalo. Yo supe también lo que realmente escribiste en aquella carta.
- Si Margarita, tarde o temprano todo sale a la luz, para bien o para mal.

La joven percibió un toque de amargura en su voz. Desde hacía días quería hacerle la pregunta - Te veo algo triste desde que recibiste la última carta de Pedro ¿Qué es lo que te inquieta Gonzalo? No sé que pueda ser lo que te abruma pero que yo sepa, en esa carta no hay nada que deba preocuparte ¿o sí?

Gonzalo de Montalvo estrechó a su esposa más fuertemente. Besó su perfumado cabello – A mí linda mujer nunca se le escapa nada. Es verdad que en la carta de Pedro no hay algo que pueda preocuparme... Tú sabes mejor que nadie que durante mucho tiempo he vivido con temor... Temor a que en cualquier momento pudieran ponerme por delante una orden de captura, ahora puedo comprender que esa orden no llegó a tramitarse fuera de España, pero aún no sabiéndolo y aunque con recelo, nunca quise esconder mi nombre y desde que llegamos aquí, a Cartagena, a pesar de ese temor, hemos ido saliendo adelante. Fuimos adaptándonos a una nueva vida aunque no exentas de inconveniente, ya que las revueltas están a la orden del día, pero aquí, en esta colonia vivimos con tranquilidad... Tengo una escuela, Alonso me ayuda con ella y mi mayor deseo para él, es de qué un día no muy lejano pueda acceder a la universidad de la que tanto se está hablando y quieren construir, para que allí, pueda graduarse como maestro. Tú, te dedicas a tu costura y en cuánto a Sátur, pues creo que de todos, es el que más trabajo tiene... Lleva la casa y cuida de nuestro pequeño hijo, y ese sí que da trabajo, menos mal que Melina le echa una mano.

Margarita se desprendió de los brazos de su esposo y fue a sentarse en un banco de madera. Alzó la mirada – La verdad es que no podemos quejarnos. Después de aquellos momentos llenos de angustia creo... Creo que estamos viviendo un sueño... Un sueño que dura más de tres años y quiero seguir soñando Gonzalo, por eso, no sé que pueda afligirte... Cómo bien dices, por un tiempo viviste, vivimos con temor pero luego, desde hace un año, ya no tienes ninguna pena a tu cargo. Siempre le agradeceré a tu amigo toda su información venida de allá, como todas las atenciones para con todos nosotros, fue muy grato el conocerlo y gracias a él, pudimos salir de España sin peligro alguno, aparte, de la cantidad de dinero que nos ofreció para poder comenzar.

Gonzalo, se acercó a su esposa sentándose junto a ella y tomando sus manos – Si, y gracias a ese dinero pudimos comprar esta casa y levantar mi escuela  – mientras lo decía acariciaba el rostro de su mujer – Pero hasta llegar aquí, sobre todo tú, pasaste lo tuyo, en aquel barco te veía tan enferma...
Margarita buscó los ojos de su marido bajo la tenue luz del porche y que a través de un fanal, colgado de una de las vigas de madera, desgranaba su resplandor - Gonzalo, mi amor, ya hemos hablado mucho de aquello, no estaba enferma, sólo embarazada, lo que ocurría, como tú bien siempre has dicho, un barco para una mujer en estado como que no es agradable.

- Muchas veces temí por ti y por el niño.
- Pues ya ves que no pasó nada. Me quedaban dos meses cuando pisamos tierra y aunque se adelantó, todo fue bien y nació en esta casa... Una casa, que con el llanto de nuestro hijo, comenzaba a cobrar vida.
- Cómo no saberlo, esta casa comenzó a cobrar vida pero a veces los recuerdos hacen mella en mí y esa carta que recibí de Pedro hace unos días, pues me remueve ciertas cosas que no tenía que haber dejado impune.

Su esposa dejo caer su cabeza en el pecho de él – No Gonzalo, no digas eso. Comprendiste hace mucho que la venganza no conduce a nada bueno, que sólo trae dolor... Todo aquel que hizo su daño, lo pagó o lo está pagando... Ya ves, el cardenal Mendoza cuando el rey descubrió que era el principal causante del complot contra la corona no dudó en ajusticiarlo y hablo de justicia porque en ese hombre se cumplió. Aún no asimilo que registrando sus aposentos descubrieran el cuerpo de Monseñor Adrían emparedado ¡Qué muerte más horrible!
- Si que lo es cariño, pero no pienses en ello, cómo tú dices, de alguna manera se hizo justicia pero yo si hubiera querido poner a alguien en su sitio. No dejó de hacerte daño y sé que lo hubiera seguido haciendo. Después de saber quién fue realmente Lucrecia, más avergonzado me sentí de haber caído como un crío en sus brazos y hacerte sufrí como lo hice.

Margarita puso un dedo en los labios de él - Sssssh, eso ya es pasado Gonzalo, ahora, todo ese daño que hizo y toda esa ambición que era parte de ella, de eso, ya no queda nada. Según Pedro en sus cartas, sigue recluida en su palacio, sola, con la amargura en el alma. Sólo su doncella le sigue fiel. Ni siquiera Nuño, después de quitarle a su bebé para devolvérselo a su madre, no ha querido saber nada de ella. Volvió a Italia y al parecer su intención no es regresar a la Villa... ¿Qué me compadezco de ella? no sabría qué decirte. Lucrecia se merecía un castigo ante tanto daño, ante tanta maldad pero que amarga existencia la suya ahora... Según Pedro, hasta donde él sabe, sólo en ciertas noches la ven salir junto a su sirvienta y dirigirse al cementerio para postrarse ante la tumba de tu hermano. Quizá la muerte hubiera sido más benévola para ella.

- No te debes preocupar, Esa mujer no se merece que tengas un pensamiento de compasión para con ella, pero puedo comprenderte. A veces, también pienso en Hernán. ¡Hizo tanto mal!
- Piensa, que con lo que hizo al final, se redimió de todo el mal que había hecho y sobre todo, a ti
Gonzalo suspiró profundamente – Si, quizá fue así. Yo también lo pienso.
Una brisa fresca se levantó haciendo que Margarita se arrebujara en su capa. Se levantó mirando al firmamento cuajado de estrellas, luego se volvió hacia su marido – Creo que deberíamos entrar en la casa pero nos hemos liado a hablar o mejor dicho a recordar como tantas veces y no me has dicho lo que te preocupa.
Gonzalo tomó el rostro de su esposa entre sus manos y la miró fijamente a los ojos. Los vio tan hermosos. En su voz, había cierta emoción – Margarita, ¿echas de menos la Villa?

La joven sonrío mientras acariciaba el rostro de él - ¿Es eso lo que te preocupa? Es eso ¿verdad? Si crees que tengo añoranza y nada te digo para no abrumarte, te pregunto ¿Cómo puedo echar de menos la Villa cuando todo lo que deseo lo tengo aquí? Tú, mis hijos... Los hijos del amor Gonzalo, tú amor y el mío.
Gonzalo acarició su vientre algo abultado – Y dentro de nada, otro pequeño alegrará esta casa. Creo que Sátur, va a quedar más que harto de niños.
- Tres con este Gonzalo, tres maravillosos hijos, al menos Alonso ya es un hombre.
Gonzalo de Montalvo, apartó a su esposa de él contemplándola. Tomó de nuevo su bello rostro con sus manos - ¿Eres feliz?

- Lo soy Gonzalo, ¡soy inmensamente feliz! Tengo una casa que me hace recordar a aquella cabaña que tomé al decidir regresar a la Villa y me reencontré contigo, de hecho, he intentado decorarla igual, Hemos hechos amigos, amigos que nos consuelan de los que perdimos allá, Catalina, Cipri, Irene... Ni siquiera te dio tiempo a tratarla como tu hermana pero ellos mi amor, seguirán en nuestros recuerdos, dentro de nuestros corazones como la familia que perdimos por tu parte y la mía. Esos amigos que tenemos ahora nos recompensan ante la falta de nuestros seres queridos, ellos, no ofrecieron su ayuda nada más llegar a este país tan desconocido. Ellos nos ayudaron a restaurar esta casa y en ella, nuestros hijos crecerán lejos del miedo... Un miedo del que aún me cuesta desprenderme al recordar aquel día.
- Sssssh, ya aquello pasó. Ya nada hay que temer, ahora, sólo soy un maestro, sólo un hombre para amarte sin secretos.

Se inclinó para rozar con sus labios los de la mujer amada. Margarita abrió los suyos para acoger los de su marido besándose con ternura para luego hacerlo con gran apasionamiento. El llanto de un pequeño llegó hasta ellos - Bueno, parece que no tenernos tiempo para nosotros, mejor entremos antes de que Sátur o Alonso vengan trayendo de una oreja al pequeño Gonzalo.

Su marido asintió con una sonrisa en sus labios. Pasando el brazo por la cintura de su esposa, dejaron la balconada y penetraron dentro de la casa. En la sala principal, un pequeño de unos tres años lloraba con una gran rabieta.

- Pero bueno, ¿qué está pasando aquí? – se había acercado a su hijo y lo levantó en sus brazos - Venga Gonzalo, que no habrá sido para tanto... No vayas a coger un berrenchín por nada que te veo venir.
Sátur no dejaba de relatar y se volvió a mirar a su amo – Amo, me he visto en muy malos momentos como su escudero pero este crío, me supera ¡Pues no, que no hay forma de quitarle el dichoso palito este! – al decirlo, enseñaba a sus amos un leño de poco grosor pero algo largo y un pequeño corte en su frente – Y si es para tomarse la leche, ni les digo...
Gonzalo hizo que su hijo lo mirara – A ver Gonzalo, te he dicho mil veces que nada de jugar a las espadas, porque ha sido eso, ¿a qué si? ¿No sabes que te puedes hacer daño o dañar a otros como has hecho con tu padrino?

El crío, aún con el corazón encogido en lugar de contestar a su padre echó la cabecita sobre su hombro bostezando. Margarita que se había despojado de su prenda de abrigo se acercó al padre y al hijo – Está muerto de sueño. Anda, dame, que lo voy a acostar, que ya le digo yo a este...
- Lo llevo yo, pesa lo bastante para que tú lo cargues.

Dejaron la sala y fueron a tomar la escalera. Una mujer de mediana edad y de tez muy morena salía de la cocina – Señora, la cena ya la he dejado preparada, si necesita algo antes de irme, nada más tiene que decir.
- Gracias Milena pero no, no necesito nada y ya puede usted marcharse que ya es algo tarde.
- Entonces hasta mañana, que descansen los señores.
La mujer terminando de cubrirse con un manto se dispuso a salir pero Sátur mirando a su amo se dirigió a ella – No pensarás en irte sola, mujer espera, que yo te acompaño y así estiro las piernas – lo dijo volviéndose a su amo – Amo, que no tardo mucho.

- Puedes tardar lo que desees Sátur.
El antiguo escudero sonrío a sus amos y siguiendo a la mujer salieron de la casa. Gonzalo y Margarita se miraron con una sonrisa en sus labios. Fue la joven la que habló – A ver si se decide, que ya hace un tiempo que va detrás de ella y a mí, como que para Milena no le cae nada mal nuestro querido Sátur.

Subieron la escalera de piedra y fueron en dirección a la habitación del pequeño Gonzalo. Al pasar por el cuarto de Alonso se detuvieron. El joven, se hallaba ante la mesa escritorio y al parecer se hallaba enfrascado en la lectura. Gonzalo tocó con los nudillos la puerta. Alonso se giró.

– ¡Ah! no os había escuchado – se había levantado y se dirigió hacia el umbral.
- Alonso, en cuanto acueste a tu hermano vamos a cenar, así que no tardes en bajar cariño.
- No te preocupes tía, termino con lo que estoy haciendo y en seguida estoy con vosotros.
- Hijo, ¿no crees que estudias demasiado? Debes tomarte un respiro, desde que vinimos de la escuela apenas te hemos visto.
- Lo sé padre, pero quería ponerme con la materia de mañana y quitarte trabajo a ti.
- Si a este paso tú vas a llevar prácticamente la escuela.
Alonso río la ocurrencia de su padre - ¡Claro que no! A ti, es difícil echarte fuera de las clases pero sólo quiero eso, quitarte algo de trabajo y ese tiempo, que se lo dediques a la tía.

Margarita acarició el rostro del muchachito – No te debes preocupar eso mi vida, que tu padre saca tiempo de donde no lo haya para dedicarse a mí y sino, ya me apaño yo para que así sea - se giró para mirar a su marido – Anda, vamos que a este paso el niño se te va a quedar completamente dormido en tu hombro.
Al decir esto, el pequeño se incorporó en los brazos de su padre – No mami, no quiero dormir.
- ¿Cómo que no? ya es muy tarde para ti, así, que chitón y hacer caso a mami.
- Mamá tiene razón Gonzalo, es muy tarde – Alonso acarició el negro cabello del pequeño, éste, se revolvió hacia su hermano.

- ¡No quiero! ¡Déjame tonto!
- ¿Pero qué forma es esa de hablarle a tu hermano mayor?
- Padre, no se lo tomes a mal, si se le cierran los ojitos y el sueño es lo que le pone así.
- Mejor lo acostamos Gonzalo, te esperamos para la cena Alonso.
Gonzalo fue a seguir a su esposa que ya había iniciado el paso cuando la voz de su hijo lo detuvo - Padre...
Éste se volvió – Dime Alonso.
- Verás... Quería pedirte, pediros algo – al decirlo miró también a su tía.

Las miradas de los esposos se cruzaron, luego, Gonzalo se quedó mirando a su hijo – A ver, ¿qué es ello?
- Veréis, es que... Es que me han invitado a una fiesta.
- ¿Una fiesta?
- Si, y quería vuestro permiso para ir.
- Bueno, no creo que tu padre te lo prohíba, ya lo has hecho en alguna que otra ocasión ya tienes dieciocho años y creo que es algo muy normal, ¿no es así Gonzalo?
- Si... Si claro... Por mí no hay inconveniente. Conozco a tus amigos y creo que son de fiar, conocemos a sus familias y aquí, en esta colonia, son muy respetables.
- Bueno, la fiesta... La fiesta no es en la colonia.

Gonzalo y su esposa se miraron algo extrañados. Fue Margarita la que preguntó - ¿Y se puede saber donde se celebra ese festejo?
- Pues... Pues en el centro de la ciudad, en casa... En casa del gobernador.
Gonzalo se quedó perplejo pero al hablar no dejó ver su consternación – Bueno, ¡pues sí que es una sorpresa! Mi hijo invitado a una fiesta en casa del gobernador ¿y se puede saber que se celebra en ella?
- Pues... pues la puesta de largo de su hija.

De nuevo los ojos de Gonzalo y Margarita se encontraron. Alonso esperaba impaciente la aprobación definitiva de sus padres.

- ¡Venga Gonzalo! Dale ya tu consentimiento.
- Ya, ya le he dicho que si podía ir pero lo que no me esperaba que esa fiesta fuera en la casa de gobierno, pero nada hijo, si te han invitado, pues por mí, adelante y sólo deseo que te diviertas en ella.
- Dime Alonso, ¿Cuándo es esa fiesta?
- El sábado tía. ¿Por qué?
- Porque quiero prepararte ropa adecuada y si hoy es lunes, pues tengo tiempo más que suficiente.
Alonso se sintió algo apurado – No tía, ya coses bastante para pararte en prepararme ropa para esa fiesta. Hace poco me hiciste una muda completa.
- Alonso, quiero hacerte ropa nueva para esa ocasión, así que te digo lo mismo que a tu hermano, chitón y a hacerme caso y ahora sí, vamos Gonzalo, que a este paso ni cenamos.

Los dos esposos avanzaron pasillo adelante entrando en la habitación del pequeño de la casa. Gonzalo sentó a su hijo en el lecho y con la ayuda de Margarita comenzó a desnudar al crío a pesar de las protestas de éste. La joven no dejaba de observar a su marido que estaba muy silencioso.

- Gonzalo, debes hacerte a la idea que Alonso se ha convertido en un hombre.
- ¿Por qué me dices eso?
- Porque te conozco y sé que te estás comiendo la cabeza con eso de la fiesta – mientras hablaba, había terminado de ponerle la camisola al pequeño y lo arropaba con las ropas de la cama.
- No Margarita ¡Claro que no! Es que me ha sorprendido que haya sido invitado precisamente a casa del gobernador y...

- Vamos a ver Gonzalo, ¿qué tiene de extraño? Tu hijo se codea con muchachos de buena familia. Familias que tú yo hemos ido conociendo en estos tres años y tenemos amigos entre ellas. Muchas de esas familias me hacen encargos y en alguna que otra ocasión he cosido para la esposa del gobernador. Es una dama muy agradable y su joven hija también lo es, aparte que es muy bonita. Gonzalo, Alonso ya tiene edad que le interese una muchacha. Tú, con menos edad ya me tirabas los tejos, así, que es lo que hay. Debes hacerte a la idea de que antes de que te des cuenta Alonso volará para hacer su vida y no quiere decir que esa jovencita le inquiete, pero si no es ella, será otra. Es ley de vida Gonzalo, ley de vida...

- Ya lo sé, pero es que hace tan poco sólo era un niño...
- Mi amor, todos crecemos y aunque no lo parezca, el tiempo pasa para todos.
Gonzalo acarició el rostro de su esposa – Para ti no pasa el tiempo. Siempre será aquella niña que me encontré un día huyendo y que me dio este colgante mágico, nuestra prenda de amor...
- Bueno, eso de niña, ya poco queda de ella pero no me importa. Soy una mujer plena porque tengo a mi lado al hombre más maravilloso del mundo. Para mí, sigues siendo mi maestro, mi héroe...

Sus manos de mujer rozaron los labios de su marido. En los ojos de él afloraron el brillo de la emoción al escucharla hablar. Acarició aquel cabello lleno de rizos y que eran sujetados con una cinta. Deshizo aquel ceñidor dejando el pelo suelto y cayendo como una frondosa cascada sobre la espalda y los hombros de su esposa. Introdujo sus dedos en ellos a la misma vez que sus labios buscaron los de su mujer que esperaban anhelantes. Sus bocas se fundieron en un apasionado beso y sus cuerpos se enardecieron de gozo. Una oleada de pasión los envolvió olvidando donde se encontraban, sólo al escuchar las voz del pequeño se apartaron todo arrebolados.

- Mami, mami...
- Ya Gonzalo, ya voy hijo - Margarita acarició la barba de su esposo – Anda, ve para abajo, ya voy yo en cuanto deje al niño dormido.
- No tardes, quiero cenar pronto para irme a la cama cuanto antes. Esta noche quiero amarte en toda su intensidad.
- Sssssh, que el niño puede oírte.
- Es muy pequeño para comprender  – se acercó a su pequeño poniendo un beso en su frente.  
- Que descanses diablillo – mientras lo decía le hacía cosquillas a su hijo en la barriguita, éste reía y se enroscaba sobre él mismo.
- ¡No papi! ¡No!

- Déjalo Gonzalo que me lo vas a terminar despabilar y es lo que me hace falta con lo trabajoso que es para quedarse dormido.
Besando de nuevo a su hijo, se incorporó mirando a su mujer - Te espero.
Sin dejar de mirar a su esposa y haciéndole un guiño salió de la habitación entornando la puerta. Margarita, suspiró profundamente llena de felicidad. Se sentó en la cama mirando a su pequeño - ¿Y a ti que te pasa? Hay que dormir Gonzalo, ya es muy tarde hijo, anda, cierra los ojitos.
- Cuéntame un cuento mami.
- Gonzalo, es muy tarde. Mira, recita lo que mami te ha enseñado para antes de dormir.
- ¡No quiero!
- Bueno, ya te lo digo yo...

Cuatro esquinitas tienen mi cama.
Cuatro angelitos que me la guardan.
Dos a los pies y dos a la cabecera.
Y la Virgen María a mi delantera.
Que me dicen, duerme y reposa...
No tengas miedo de ninguna cosa.


- ¡Mami, que no! ¡Un cuento mami!
- Está bien, pero si quieres que te cuente un cuento, ya sabes, cierra los ojos. A ver, ¿qué cuento quiere mi niño?
- Quiero... Quiero el de Águila mamá.
- Pero Gonzalo, ¿otra vez?
-¡Qué si!... ¡Quiero ese!

Margarita veía a través de la penumbra de la habitación y sólo alumbrada por la luz que desprendía un quinqué, el rostro hermoso de su hijo. Se parecía tanto a su padre, pero en aquel momento una gran emoción la embargó al ver como aquellos ojos color miel le pedían aquel cuento. Su mirada, hablaba igual que la de él, su marido, su maestro, su héroe... Acarició el cabello negro y ondulado como la dulzura de su carita. Intentó, que al hablar no se le notara la emoción que la embargaba.

– Erase una vez, en un Reino muy, muy lejano y ante la maldad predominante que allí existía, un joven hombre, un hombre del pueblo y que tan sólo sus armas eran los libros ya que era maestro, decide salvar a ese pueblo de la opresión de quienes causaban el miedo. Entonces, vistiendo ropa de guerrero y ocultando su rostro bajo una máscara lucha con su espada a combatir el pavor, el horror... Por muchos años, fue el consuelo del desvalido, llenó de magia los tejados por donde volaba con su gran capa negra y por donde pasaba, iba dejando una pluma roja. Su espada, llevaba un símbolo marcado en ella y era un águila roja, de ahí, su nombre. Nadie sabía quién se escondía bajo su embozo pero para quien lo vio de cerca y escuchó su voz... Sus ojos eran una llamarada llena de amor y su voz, era un cántico  para los oídos...

- Mami, yo quiero ser como él...
A Margarita, las lágrimas afloraron a sus ojos al escuchar a su pequeño hijo. Movió la cabeza – No Gonzalo, no pienses en eso. Eres muy pequeño y esto, es sólo un cuento pero un cuento que nadie debe conocer... Papi no debe saber nada de esto ¿vale?
- Si mami, nadie va a saber de este cuento... Tú y yo nada más, ¿verdad?
- Eso es mi pequeño. Esto es un secreto entre los dos y por favor, no juegues a la espadas, ya sabes que papá no quiere que lo hagas, ni yo tampoco cariño, ahora, cierra los ojitos que te caes de sueño.
- Pero... pero mientras me duermo, ¿me vas a seguir contando mami?



- Si cariño, si... Pasado los años, un día Águila despareció, nadie supo de él, se esfumó como la magia que lo envolvía pero yo sé, que hay quien aún lo ve volar bajo la luz de la luna, sobre su hermoso y blanco corcel empuñando su espada buscando a que alma consolar, allá, por los cerros y cimas y por donde bajo de ellos, un maravilloso lago se extiende meciendo sus aguas. Águila Roja nunca dejará de existir para todo aquel que quiera soñar...

Por un momento, quedó callada y con la cabeza baja. Suspirando profundamente alzó la mirada. Su pequeño se había quedado dormido con una sonrisa en los labios. Le subió un poco más las ropas y poniendo un beso en su frente se levantó. Apartó el quinqué para que su luz no turbara su sueño y dejando una última mirada de amor a su hijo, salió de la habitación dejándola semicerrada. Con la mano aún en la manilla se quedó muy pensativa y en sus ojos un brillo de lágrimas.

- Y es así mi pequeño, Águila Roja nunca dejará de existir para todo aquel que quiera soñar y quiera un mundo mejor. Un mundo, lleno de amor y magia.

                                                             Fin
Volver arriba Ir abajo
eagle

avatar

Mensajes : 238
Fecha de inscripción : 11/11/2015
Localización : Norway

MensajeTema: Re: Sentimientos   Sáb Nov 05, 2016 7:45 pm

Mari Carmen flowers2 clapping clapping clapping

¡que bonito por favor! Me has emocionado!
Me encanta tu Aguila y tu Marga y esa bonita escena familiar.

Si es que tenias que haber sido tu la guionista en la serie!!! Lo que hubieramos disfrutado y llorado.

Gracias guapa!!


_________________
Volver arriba Ir abajo
Mari carmen

avatar

Mensajes : 217
Fecha de inscripción : 25/11/2015

MensajeTema: Re: Sentimientos   Dom Nov 06, 2016 10:15 pm

¡Ay Eagle!!! Creo que me alagas demasiado, pero si te digo, que al menos no se hubiesen quedado cosas por saber, eso, seguro. Crying or Very sad Crying or Very sad Gracias, a ti. kissing
Volver arriba Ir abajo
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Sentimientos   

Volver arriba Ir abajo
 
Sentimientos
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 3 de 3.Ir a la página : Precedente  1, 2, 3
 Temas similares
-
» Sentimientos inoportunos..! (FMA)
» [SpecialJewelShipping] Sentimientos Confusos
» [Rol Moderado] Sentimientos Mutuos. ¡Fox Hound a la carga! [Rol de banda]
» Sentimientos Cruzados
» [Fic] Detrás de una sonrisa

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
La Guarida de los Lemures  :: Aguila Roja :: Actores /Relatos /Creaciones :: Tus Relatos-
Cambiar a: